León XIV encomienda a La Moreneta la "misión de la Iglesia" en un mundo que pide "justicia y paz"
- El papa visita la Abadía de Montserrat, patrona de Cataluña, entre críticas de las víctimas de abusos en ese monasterio
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León XIV ha encomendado este miércoles a la Virgen de Montserrat, conocida popularmente “La Moreneta”, la "misión" de la Iglesia en un mundo que "clama pidiendo justicia y paz". Ha sido durante su visita al corazón espiritual de Cataluña, la Abadía, a 30 kilómetros del centro de Barcelona, en la que se venera a su patrona, y donde, en catalán, el pontífice ha reclamado "renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, "a la murmuración y a las calumnias" y aprender a "cultivar el amor" en familia, entre amigos, en las redes sociales o en la política.
La visita a este monasterio, de la Orden de San Benito y donde actualmente residen unos 50 monjes benedictinos, no está exenta de controversia por las críticas de Miguel Hurtado, primer denunciante de un caso de abusos sexuales en la abadía, ha hecho a que el pontífice acuda a este lugar, al considerarlo "la zona cero de la crisis de la pederastia clerical catalana".
En la segunda jornada de la fase catalana de su viaje a España, Robert Prevost ha encabezado una oración en el interior de la basílica, tras la que ha pronunciado un discurso en el que, como viene haciendo desde que llegó a la región, ha alternado el castellano con la lengua catalana. Y aunque no se ha referido al escándalo de los abusos, León XIV sí ha destacado que Jesús muestra el camino de la "misericordia, la reconciliación, la verdad y la mansedumbre".
"Al mismo tiempo, desenmascara la violencia que puede esconderse en nuestras palabras y actitudes: la crítica que humilla, la condena que destruye y la agresividad que divide. Esa violencia escondida puede revestirse muchas veces de aparentes armaduras con las que intentamos proteger nuestras heridas, nuestros miedos o el sufrimiento causado por las injusticias", ha afirmado.
"Renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato y a las calumnias"
La imagen de la Virgen de Montserrat es una talla románica policromada de finales del siglo XII. Su color oscuro se debe a las alteraciones químicas del barniz que ha provocado el humo de los cirios que los peregrinos han quemado a lo largo de la historia al mostrarle su devoción.
El pontífice se ha mostrado "contento" de poder estar "a los pies de la Moreneta" para encomendarle, "lleno de confianza en su intercesión maternal", su "servicio petrino y la misión de la Iglesia en el mundo que clama pidiendo justicia y paz".
"Alcemos la mirada a María y supliquémosle que nos ayude a revestirnos únicamente con las armas de Dios", ha agregado. Y ha destacado cómo la virgen, en su mano derecha, sostiene la esfera del mundo: "signo de su cuidado materno, porque el mundo entero tiene cabida en su corazón. Ella nos invita a reconocernos hermanos y hermanas, donde nadie quede excluido".
"Pidamos a María, reina de la paz, que nos enseñe a renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a la murmuración y a las calumnias. Y que aprendamos a custodiar y a cultivar el amor en la familia, entre amigos, en el lugar de trabajo, en las redes sociales, en los debates políticos y en las comunidades cristianas, de modo que el odio ceda paso a la esperanza y la paz.
El Santo Padre ha recordado con "emoción" que durante su etapa como misionero en Trujillo (Perú) en la década de 1990, ejerció de rector de la parroquia de la Virgen de Montserrat, de cuya construcción fue uno de los impulsores. "La Moreneta siempre me ha acompañado. Gracias, Cataluña, por vuestra fe", ha exclamado.
Mil años de monasterio
La visita del papa se da con motivo de la conmemoración del milenario de la fundación del monasterio, que ha vivido importantes capítulos históricos. Fue destruido por el ejército de Napoleón en 1811 y 1812. En 1881, el papa León XIII declaró a la virgen patrona de Cataluña y le concedió su coronación canónica. Durante la última guerra civil española (1936-1939) los monjes se vieron obligados a marcharse y 23 fueron asesinados. Ya de nuevo habitado por los religiosos, en 1940 el jefe de las SS de la Alemania nazi, Heinrich Himmler, visitó la abadía en busca del Santo Grial.
En 1970, durante la dictadura franquista, 300 intelectuales se encerraron en el monasterio para reclamar el respeto por los derechos humanos, y la abadía fue asediada durante dos días por la policía y la guardia civil. Ya en democracia, en 1982 recibió la visita de otro papa, Juan Pablo II, en una jornada muy recordada por la fuerte lluvia y viento que asoló el lugar. Y en 2023, con motivo de los 800 años de la Cofradía, Francisco obsequió a la virgen la "Rosa de oro".
El papa León XIV llega para dirigir el rezo del rosario en la Abadía de Nuestra Señora de Montserrat, este miércoles Joan Mateu Parra AP/Joan Mateu Parra
"Los muros de este recinto podrían narrarnos las innumerables historias de devoción, gratitud y esperanza que han contemplado a lo largo de los siglos en torno a la Mare de Déu de Montserrat y también han sido testigos de la sangre derramada por amor a Jesucristo", ha afirmado este miércoles León XIV. Asimismo, en ellos, ha continuado, "han quedado custodiadas las alegrías y las penas, los gozos y las lágrimas de tantos fieles, y han escuchado también las voces celestiales del canto infantil de la Escolanía más antigua de Europa".
El papa se refiere al coro litúrgico de voces blancas que ha cantado durante el acto y está al servicio del santuario, que es a su vez un centro de enseñanza y de formación humana y cristiana.
Tras su primer acto del día en Barcelona -la visita a la cárcel de Brians 1, donde ha tenido un encuentro con unos 70 reclusos- León XIV ha sido trasladado en coche a Montserrat, donde multitud de personas le esperaban para darle la bienvenida, que debían inscribirse previamente. Y todas las reservas de sitio correspondían a las plazas exteriores del monasterio, desde donde se puede seguir mediante pantallas gigantes.
El pontífice ha aprovechado el recorrido hasta el monasterio para ir saludando a todos los ciudadanos.
"Con mucha ilusión de recibir al Santo Padre. Estuve ayer también en el estadio y fue muy emocionante, valió la pena. Ya estuve con Juan Pablo II, con Benedicto XVI (que también visitó Barcelona en 2010), he tenido mucha suerte", cuenta a la periodista de RNE Alma Izquierdo una de las ciudadanos que ha querido ver con sus propios ojos la llegada del pontífice al monasterio. Algunas de ellas se han pegado un buen madrugón para poder acceder, por la distancia del monasterio a la ciudad.
"He decidido venir porque siempre que ves a un papa, para un católico es una renovación interior que vale la pena aprovechar", agrega la mujer.
Al llegar al atrio frente a la Basílica, con las campanas sonando, el pontífice ha sido recibido por el obispo de la Diócesis de Sant Feliu de Llobregat, Xabier Gómez García, y el padre abad del Monasterio de Montserrat, Manel Gasch i Hurios, con aproximadamente 1.000 niños han estado presentes en el atrio.
En la entrada de la basílica, en torno a las 12.15 horas, el papa ha besado un crucifijo. Luego, se ha dirigido a la Capilla del Santísimo Sacramento para un momento de reflexión.
Después, ya en el altar mayor y tras una breve introducción del obispo y unas palabras de bienvenida del padre abad, se ha rezado el rosario y la oración final que ha precedido al discurso de Prevost. Tras la bendición, el papa se ha retirado brevemente a la Capilla de la Virgen para rezar. Y, como era de esperar, ha salido a un balcón para saludar brevemente a los fieles reunidos en la plaza.
"Germans y germanes, bon día, gracias por estar aquí, por esta hermosa manifestación de fe, todos unidos en una sola familia, con esta acogida de nuestra madre María, la Virgen de Montserrat", ha comenzado diciendo. Y ha destacado el "profundo sentido de fe" que se está viviendo durante su visita a España.
"Gracias a Cataluña por haber recibido a tantas personas de otros países, porque es cómo integrar a todos en una única familia", ha resaltado.
Concluido el acto, almorzará con la Comunidad Benedictina de Montserrat, tras lo que se trasladará en coche a la Iglesia de San Agustí, en el barrio del Raval, en la ciudad condal, para reunirse con organizaciones benéficas y de asistencia diocesanas. Su último acto en Barcelona, antes de emprender el viernes en Canarias la última etapa de su visita, será esta tarde la celebración en la Sagrada Familia, por los actos del centenario de la muerte de Antoni Gaudí.
El escándalo de los abusos
En las últimas semanas, Miguel Hurtado, la primera persona que denunció haber sido víctima de abusos sexuales en el monasterio cuando era niño, ha reclamado al papa que suspendiera su visita a la abadía, que se posicione en favor de que se amplíen los plazos de prescripción de esos delitos cometidos en el seno de la Iglesia y que recibiera a las víctimas de la pederastia en su visita a España. Esto último ocurrió el pasado lunes en Madrid, aunque el pontífice solo recibió a seis personas, a las que transmitió su "compromiso" para lograr "consuelo y sanación" en la iglesia.
Ese encuentro despertó muchas críticas de asociaciones de víctimas que no fueron invitadas, al considerar que solo se recibió a voces menos críticas, acogidas a proyectos de reparación impulsados por la propia Iglesia. Y este miércoles Hurtado tampoco ha sido recibido.
"El papa y el Vaticano ha dicho que es una cuestión de problemas de agenda, pero luego ha sido capaz de reunirse con (el cantante puertorriqueño) Bad Bunny. No entiendo el sistema de prioridad moral que tiene este pontífice", ha expresado el hombre en declaraciones a TVE junto al monasterio. Ha lamentado que el papa visite Montserrat sin que haya habido una reparación a las víctimas y ha mostrado una imagen de quien fuera su agresor, el monje Andreu Soler, que falleció en 2008 sin haber sido juzgado por la vía penal, dando la mano a Juan Pablo II.
En 2019, una comisión independiente creada por el entonces abad de Montserrat, determinó que Soler, responsable de la agrupación escolta (scouts) de la abadía durante 40 años, fue "un depredador sexual y un pederasta" cada vez más agresivo. También se atestiguó que la denuncia contra Soler más antigua se remontaba a 1972 y la más reciente a 1999, con relatos similares.
A esto se suma que, en 2024, la Audiencia de Barcelona condenó a otro monje de Montserrat por abusos sexuales a un menor en 2019. El hombre reconoció los hechos.
"La abadía de Montserrat es una institución que se ha declarado insumisa moral del acuerdo entre la Iglesia y el Estado. Eso quiere decir que la abadía de Montserrat se niega a indemnizar económicamente y simbólicamente a sus víctimas", expresó la semana pasada Hurtado a los medios. Y señaló que no cree que todas las órdenes y diócesis vayan a aceptar pagar indemnizaciones, como determina el protocolo firmado entre el Gobierno, la Conferencia Episcopal Española, la Conferencia Española de Religiosos y el Defensor del Pueblo, que establece una vía de reparación para quienes no pueden acudir a los tribunales por prescripción del delito o fallecimiento del victimario.