Localizar y neutralizar minas acuáticas: a bordo de una misión submarina de la Armada en Málaga
- La Escuadrilla de Medidas Contra Minas también protege los cables ultramarinos
- Operan con vehículos de control remoto capaces de transmitir imágenes a tiempo real desde las profundidades
"Explorar, detectar y neutralizar minas submarinas" ese es el objetivo fundamental del buscaminas Turia, uno de los dos navíos de 54 metros de eslora que estos meses presta servicio en misiones de las costas de Málaga y el mar de Alborán.
Desde su base en Cartagena, la Escuadrilla de Medidas Contra Minas de la Armada española despliega sus capacidades para garantizar la seguridad de las aguas territoriales y la Zona Económica Exclusiva, una labor discreta pero esencial que cobra cada vez más relevancia en un contexto geopolítico marcado por las tensiones internacionales y la protección de infraestructuras críticas submarinas.
Los seis buques buscaminas de Armada: "Turia", "Segura", "Sella", "Tambre", "Duero" y "Tajo", operan con vehículos de control remoto capaces de sumergirse y transmitir imágenes en tiempo real desde las profundidades. Estos sistemas permiten a los militares identificar objetos en el lecho marino sin poner en peligro a los buzos.
Porque como expone José Antonio Maldonado, portavoz de la Armada, "el riesgo es real". Durante la Segunda Guerra Mundial "se estima que se desplegaron aproximadamente 35.000 minas antibarco" en los océanos de todo el mundo. Y según los registros históricos, sólo hay constancia de que entre 3.000 y 5.000 de estos artefactos hayan detonado o hayan sido neutralizados.
El resto permanece en paradero desconocido, disperso por fondos marinos de todo el planeta y representando un peligro potencial para la navegación comercial y militar décadas después de finalizar el conflicto.
Esta herencia bélica obliga a las armadas modernas a mantener capacidades especializadas en la detección y neutralización de estos artefactos. Por ello los buscaminas españoles, integrados en la Escuadrilla con base en el Arsenal de Cartagena, realizan patrullas periódicas como la para cartografiar los fondos marinos y localizar cualquier objeto sospechoso que pueda suponer una amenaza.
"Preparados para escapar"
"Estos barcos están diseñados para meterse dentro de un campo minado y ser muy maniobrables" para que, en caso de que se produzca una detección , "poder navegar de manera que la posible onda expansiva no les afecte", explica el comandante de la Escuadrilla Javier Molina.
Aunque el objetivo es evitar a toda costa situaciones de este tipo que puedan poner en peligro a toda la tripulación. Para lograrlo se emplean dispositivos como el minisubmarino Pluto Plus que "se lleva al lecho submarino para ver con claridad las profundidades y desde allí se aprovecha para identificar todo lo que se tiene alrededor", aclara el capitán de corbeta Jesús Remírez.
Más allá de la neutralización de las minas, la Escuadrilla desempeña un papel cada vez más importante en la protección de los cables submarinos de telecomunicaciones. Estas infraestructuras, descritas por expertos internacionales como "autopistas invisibles", transportan más del 95% del tráfico de datos intercontinental y constituyen un pilar fundamental de la economía digital global.
El comandante Molina expone que España, por su posición geográfica estratégica entre Europa, África y América, alberga numerosos puntos de aterrizaje de estos cables. Miles de kilómetros de fibra óptica discurren por los fondos marinos de su Zona Económica Exclusiva, lo que convierte su vigilancia en una prioridad de seguridad nacional.
La Comisión Europea lanzó en febrero de 2025 una iniciativa específica para fortalecer la seguridad de estas infraestructuras críticas, reconociendo su vulnerabilidad ante posibles actos de sabotaje o interferencias. Y cada semestre la flota submarina de la Armada española participa en una misión específica de la OTAN de este tipo en el mar Mediterráneo.
Protección del patrimonio
Pero cuando los capitanes de la Armada hablan de "protección de infraestructuras" no sólo se refieren a los cables ultramarinos. También se encargan de "defender nuestro patrimonio arqueológico" bajo el agua. Barcos hundidos, yacimientos prehistóricos y naturaleza submarina están en los radares de los buques de la Escuadrilla.
Esta labor de control abarca un espectro amplio de situaciones: desde embarcaciones dedicadas a la búsqueda de tesoros arqueológicos hasta buques de pabellón extranjero que operan de manera irregular .
Cabe destacar que en los últimos tiempos no se ha producido ningún caso de intervención directa sobre buques o embarcaciones que requiriera el uso de la fuerza. La presencia disuasoria de las unidades de la Armada cumple así su función preventiva, evitando incidentes antes de que lleguen a materializarse.
Renovación de la flota
Hasta ahora, existe una limitación técnica con el equipo disponible que impide a las unidades alcanzar más allá de los 300 metros de profundidad.
El Ministerio de Defensa ha asignado una partida de 436 millones de euros para renovar los seis buscaminas de la Escuadrilla submarina con un radar integrado más potente, otro sistema de combate y un cañón remoto.
Además, la incorporación de dos nuevos buques prevista para 2029 permitirá controlar infraestructuras hasta los 3.000 metros de profundidad, lo que multiplicará exponencialmente las capacidades de vigilancia y respuesta.