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Las voces de las víctimas de la violencia vicaria: "Por dentro, estoy rota"

  • La violencia vicaria ha dejado al menos 68 menores asesinados por sus padres o las parejas de sus madres desde 2013
  • En la mayoría de casos el informe de riesgo era leve y se mantuvieron las visitas o la custodia compartida a un maltratador
Una silueta femenina, identificada como Ruth Ortiz, se recorta contra un fondo gris. Una lámpara de escritorio ilumina el espacio con una luz azulada, generando una atmósfera introspectiva.
Ruth Ortiz fue la primera víctima de violencia vicaria mediatizada por el caso Bretón en 2011 En Portada

Tras muchos años de declinar ponerse ante los focos y las cámaras, Ruth Ortiz nos concede una entrevista. Fue la primera víctima de violencia vicaria conocida por el mediático caso Bretón. Cuando ella decidió separarse, su exmarido José Bretón se vengó asesinando a sus dos hijos: Ruth, de seis años, y José, de dos. Los mató y quemó en una parrilla de la Finca de Las Quemadillas, una propiedad de sus padres en Córdoba, y fingió su secuestro. Lo hizo el 8 de octubre de 2011, durante un fin de semana que le tocaba tenerlos.  

El caso fue objeto de una fuerte cobertura mediática, inicialmente porque el padre aseguró que los niños desaparecieron durante un despiste mientras jugaban en un parque de la ciudad cordobesa. En 2013, la Audiencia Provincial de Córdoba condenó a Bretón a 40 años de cárcel por un doble asesinato con los agravantes de parentesco, premeditación y el carácter despiadado demostrado en la ejecución de los hechos. Dos años después se le rebajó la condena a 25 años, una pena que sigue cumpliendo en la cárcel de Herrera de La Mancha, en Ciudad Real. 

La necesidad y el dolor de la exposición mediática

Como tantas otras víctimas de violencia vicaria después, Ruth Ortiz luchó durante años clamando justicia y explicando lo que le había pasado para evitar que un crimen tan atroz se repitiera. Y lo hizo en todos los medios de comunicación, sometiéndose a una enorme exposición mediática. Tal y como explica la psicóloga y perito forense, Sonia Váccaro, "es una necesidad que tienen las víctimas durante los primeros años, pero, que les hace más mal que bien".

Le preguntamos cómo se siente y Ruth cuenta que regular: no le gustan las entrevistas con cámara, la trasladan a aquellos momentos de tantísima presión mediática. También que cómo quiere que tratemos su caso y responde que "no quiero que salga mi rostro porque prefiero pasar anónima allí donde vaya". "Tampoco quiero que el asesino vea mi imagen actual —continúa—. No necesito nada ni nadie exterior que me recuerde lo que yo nunca olvido…".

Rechaza, asimismo, que se pongan sus imágenes o las de sus hijos, ni siquiera del asesino. Porque lo importante, dice, es el mensaje. "Mis hijos fueron asesinados. Hay otras madres que sufren violencia vicaria, pero están con sus hijos vivos. Aunque vivos yo también lo pondría entre comillas porque están destrozando a las madres, pero también están destrozando a los niños". Ruth se refiere a la violencia vicaria conocida como habitual o continuada. Aquella en la que no asesinan los hijos, pero los van torturando día a día para dañar a la madre y acaban destrozando también a las criaturas.

Mis hijos fueron asesinados. Hay otras madres que sufren violencia vicaria, pero están con sus hijos vivos, aunque vivos yo también lo pondría entre comillas porque están destrozando a las madres y a los niños

¿Qué es la violencia vicaria?

La violencia vicaria es una forma de violencia de género en la que el agresor daña a los hijos e hijas para hacer sufrir a la madre. La definición la acuñó la psicóloga Sonia Váccaro en 2012 tomando las palabras de los propios agresores: "te voy a dar donde más duele, te voy a quitar lo que más quieres, te vas acordar toda la vida de mí".

Váccaro explica que "cuando se empezó a proteger a la mujer de la violencia de género, estos individuos tomaron a los hijos como objeto para seguir el castigo. Las mujeres maltratadas creían que con el divorcio se iba a terminar toda la violencia. Y con el divorcio empezó una nueva forma de violencia que precisamente tiene que ver con mis hijos". La psicóloga y perito forense concluye que "cuando el individuo asesina a una criatura, para él eso es un objeto al servicio de la partida que él quiere ganar. Y en este perfil de pater familia del derecho romano de 2.500 años, arcaico, él decide quién vive y quién muere, incluido él mismo".

La psicóloga y perito forense, Sonia Váccaro, acuñó el término "violencia vicaria" en 2012 En Portada

La violencia vicaria ahora mismo es el mayor mal que puede existir en la humanidad. Lo sostiene el magistrado del Supremo, Vicente Magro, que añade que "supone una maldad infinita al ser el ataque producido por un progenitor a su hijo con tal de hacer daño a la mujer". Y les ocurre a las mujeres precisamente porque son madres, asegura María Eugenia Prendes, Fiscal de Sala de Violencia contra la Mujer. "'Te voy a matar matando a tus hijos'. Lo hacen para matarlas en vida, para que tengan que seguir viviendo con esto, yo creo que es el mayor daño que se puede hacer", concluye Prendes.

Te voy a matar matando a tus hijos. Es matarlas en vida, el mayor daño que se puede hacer

Hay dos tipos de violencia vicaria: la extrema, en la que los agresores asesinan a los hijos de las mujeres a las que quieren dañar, en la mayoría de casos sus propios hijos. Y la violencia vicaria habitual o continuada, que es el goteo de ir haciendo daño día a día a los menores como una tortura de por vida. Para Váccaro, la violencia vicaria habitual es "como un asesinato por períodos, porque estos individuos asesinan la infancia y adolescencia de esas criaturas. Etapas evolutivas que no vuelven más".

María Eugenia Prendes, Fiscal de Sala de Violencia contra la Mujer En Portada

Cuando te arrebatan lo que más quieres

Alina Florentina denunció a su pareja Cristian Iona por malos tratos y decidió separarse. Él se vengó matando a sus propias hijas: Elissa y Larisa, de dos y cuatro años, respectivamente. Las envenenó con un pesticida que él también ingirió para quitarse la vida. Y, aprovechando el régimen de visitas de un fin de semana, lo hizo el 17 de marzo de 2024, en el cortijo insalubre en el que vivía, cerca del desierto de Tabernas, en la Pedanía de Las Alcubillas, en Alboloduy (Almería). Era una precaria construcción de piedra, aislada, en la que el tiempo parecía retroceder 200 años. Suelo de tierra, sin pavimentar. Todo cerrado, sin luz.

Alina Florentina es víctima de violencia vicaria: el padre de sus dos hijas, Larisa y Elissa, de dos y cuatro años, las asesinó envenenándolas En Portada

Alina con sus hijas Larisa y Elissa en su casa

Alina cuenta que es muy difícil sobrevivir al asesinato de tus niñas a manos de su propio progenitor. "Sobrevivo porque pienso que su presencia está conmigo. Por dentro, estoy rota". Denuncia que "en estos dos años no me ha buscado a nadie. No le importa a nadie si sigo viva…y sigo sin ayuda, sigo sola y mantenerme yo la cabeza encima de los hombros. Solo mis amigas y la asociación La Volaera de Granada siguen a mi lado".

Dos años después del asesinato de sus hijas por su progenitor, Alina Florentina denuncia que a nadie le importa si sigue viva y que no ha recibido ninguna ayuda En Portada

Rosa María Peñafiel, abogada de oficio de Alina explica que "él ponía énfasis en tenerla aislada porque así tenía a su presa y a las niñas a su disposición. El desamparo se veía solo con mirarla, la situación personal era muy dramática. Yo no diría que llega al maltrato. Yo diría que lo sobrepasa".

Peñafiel añade que "la llegada de Alina y sus dos hijas a los juzgados para denunciar los malos tratos fue la pura imagen de la desolación. Ella parecía una niña, maltratada y golpeada, con un bebé en brazos y la otra niña de apenas dos años correteando a su alrededor. Llama la atención que no hubiera ningún tipo de acompañamiento social ni ningún tipo de atención hacia las niñas que soportaron esas cinco horas con mucha dificultad".

La abogada de oficio de Alina, Rosa María Peñafiel, recuerda que la llegada de Alina con sus dos hijas a los juzgados era la pura imagen de la desolación y de una profunda desatención institucional En Portada

En qué fallamos como sociedad

Sin duda, los puntos débiles y polémicos de nuestro sistema son conceder régimen de visitas o custodia compartida a un maltratador y la evaluación del riesgo. La justicia mantiene las visitas a padres denunciados por violencia machista en más de ocho de cada diez casos, según el último informe de la asociación Themis. Para conceder la custodia compartida a un progenitor denunciado o condenado por violencia de género se elabora un informe a través del sistema VioGén que evalúa el riesgo de las víctimas de violencia machista.

Al menos, 68 menores han sido asesinados por violencia vicaria desde 2013, desde que hay registro. En la mayoría de casos el informe de riesgo era leve y se concedió el régimen de visitas o la custodia compartida a un maltratador. Es también el caso de Alina.

Alina en la asociación granadina La Volaera donde dice tener su segunda casa y su familia

Para el magistrado Magro, "si hay antecedentes por hechos de violencia de género no se puede acordar régimen de visitas y mucho menos custodia compartida. Esto es la regla general. Y la excepción es que si lo que se quiere es que exista un régimen de visitas o la custodia compartida tiene que demostrarse al juez, que va a tomar la decisión, que no existe el riesgo".

La fiscal Prendes no duda en afirmar que no es "partidaria de la tolerancia cero". "Si tengo que escoger entre la seguridad del menor y su protección y que un padre, condenado o en proceso por temas de violencia de género, se quede sin ver a su hijo pues se queda sin ver a su hijo y se acabó", sentencia.

Si hay que escoger entre la seguridad del menor y que un padre condenado por violencia de género se quede sin ver a su hijo, pues se queda sin ver a su hijo y se acabó

Ruth Ortiz es contundente al afirmar que "le diría a los jueces que un maltratador nunca es un buen padre y que más vale prevenir que no después lamentarse. Si primara el bienestar del menor no se darían tan alegremente tantas custodias a padres maltratadores".

María Martín Romero es presidenta de la asociación granadina La Volaera En Portada

María Martín Romero, presidenta de la asociación La Volaera, afirma que "es terrible cuando una sociedad no entiende a unas mujeres que le han asesinado a sus hijos, a sus hijas". "Las víctimas ya han pasado a ser números, cifras, uno más en el telediario. ¿Cuántas van? ¿Treinta, cincuenta? Que una sociedad normalice eso es terrible", lamenta.

Para Rosa María Peñafiel, abogada de oficio de Alina, "sí fallamos como sociedad, al menos en casos tan extremos como éste. La violencia institucional existe".

La abogada Rosa María Peñafiel en su despacho de Almería

Escuchamos a los hijos e hijas, víctimas directas de la violencia vicaria

Cristina Reimúndez García es víctima de violencia vicaria habitual o continuada desde su infancia. Relata que "la violencia vicaria continuada te destroza la infancia, la adolescencia". "Y ahora que soy adulta, que ya tengo 37 años, sigo yendo a terapia para poder superarlo. Generas una ansiedad muy grande y en el tema de la autoestima, te la machaca". "Tenía mucha adoración por mi padre, con su carácter y sus gritos pues ya eso se fue convirtiendo en miedo. Él me utilizó, me mintió sobre ella para separarnos y hacerla daño", señala.

La violencia vicaria continuada te destroza la infancia, la adolescencia. Generas una ansiedad muy grande y en el tema de la autoestima, te la machaca

Encarna García Moreno, madre de Cristina y víctima de violencia de género y vicaria, explica que "es horrible el que le estén haciendo daño a tus hijos para hacértelo a ti. Es lo peor que te puede pasar en la vida, lo peor". "Yo ya pensaba en separarme, pero me decía '¿dónde voy con una niña pequeña, el otro adolescente…?' Y me costó 18 años tomar la decisión. Y me separé porque sufría violencia psicológica y amenazas, incluso con un cuchillo. Y después de poner la denuncia, no hubo orden de alejamiento ni nada. A la jueza le faltó decir lo de que yo estaba haciendo una denuncia falsa. Pensé que había hecho el ridículo y muy mal porque sientes soledad y vacío".

Encarna García Moreno, madre de Cristina y víctima de violencia de género y vicaria

El magistrado Vicente Magro es muy contundente en estos casos: "cuando una mujer toma la decisión de ir a una comisaría, a un juzgado, a presentar una denuncia, lo que no podemos hacer es defraudarla porque no volverá más. Cualquier error que podamos cometer se va a multiplicar y nos va a hacer mucho daño al trabajo que estamos haciendo muchos profesionales contra la violencia de género".

El que le estén haciendo daño a tus hijos para hacértelo a ti es lo peor que te puede pasar en la vida

La manipulación

Cristina Reimúndez explica que su padre "jugaba mucho a tener ciertas recompensas si yo rechazaba a mi madre cuando ella me llamaba. Y si hablaba con ella, pues jugaba a hacerme el vacío, a ignorarme. Cuando fuimos al juicio de lo de la custodia, la psicóloga incluyó en el informe que mis palabras eran un calco de las de mi padre y que estaba manipulada por él. Debieron hacer caso del informe y no dar la custodia a un manipulador".

En este sentido, Magro es contundente: "por mucho que a lo mejor que el menor diga: yo quiero mantener contacto, el juez y el fiscal deberían ver que esa decisión no es libre y voluntaria, sino que es una decisión mediatizada".

Vicente Magro es magistrado del Tribunal Supremo

Cristina cuenta que nació con un problema en los riñones y de niña estuvo mucho tiempo hospitalizada. Su madre le daba una alimentación sana tal y como le habían indicado los médicos, pero cuando se separaron y se quedó con su padre, "yo tenía vía libre para comer todo lo que quisiese: chocolate, dulces...". Para la psicóloga Váccaro son "promesas de un mundo ideal donde va a tener todo lo que en ese momento, a lo mejor en la casa donde vive se le está poniendo como límite. Y claro, le espera 'Disneylandia' ahí afuera…".

Cristina añade que "cuando ya vas creciendo y te das cuenta de que todo ha sido una manipulación, de que tu padre no te quiere…Te sientes perdida, dolida y sientes muchos remordimientos…Cada vez eres más consciente del daño que le has hecho a tu madre aunque tú no hayas querido y la culpa es muy grande, es como que te aplasta".

A Encarna, el sufrimiento por la violencia vicaria sufrida le ha comportado llevar más de dos décadas en tratamiento psiquiátrico y psicológico. "El que yo haya permitido que él a mis hijos los haya tratado así, eso, esa culpa la llevo", asegura.

A pesar de la violencia vicaria perpetrada por el padre, Cristina y Encarna han logrado recomponer su relación En Portada

La violencia institucional: la segunda cara de la violencia de género

La violencia institucional es como la segunda cara de la violencia de género. Lo sostiene la fiscal prendes. "¿Qué pasa cuando llegas a un juzgado y en vez de escucharte te encuentras en un territorio totalmente hostil, que te cuestionan, que te miran de arriba a abajo? Que tienes que soportar caras de incredulidad ¿Pero usted está segura? ¿Pero cómo no voy a estar segura? Yo voy a denunciar que me han robado el bolso y nadie cuestiona que me lo hayan robado. Y desde luego no me mandan a un psicólogo, porque esto también es delirante, para saber si estoy diciendo la verdad y me hagan un informe de credibilidad".

Vas a denunciar una agresión y te acaban quitando la custodia de tu hija

Isabel Martínez Hervás es víctima de violencia institucional reconocida por ley, ya que la legislación reconoce la violencia institucional por el uso del SAP como forma de violencia machista. ¿Y qué es el SAP? El SAP o Síndrome de Alienación Parental es un concepto controvertido que describe el rechazo injustificado de un hijo hacia uno de los progenitores, instigado por el otro progenitor durante un conflicto de custodia. El término fue acuñado por el psiquiatra estadounidense Richard Gardner en 1985 e implica manipulación emocional para destruir el vínculo con el progenitor "alienado".

El SAP está prohibido en España desde la aprobación de la Ley Orgánica 8/2021 de protección a la infancia y la adolescencia (LOPIVI) y algunos sectores lo consideran una forma de invisibilizar la violencia de género o abusos reales.

Isabel Martínez Hervás es víctima de violencia institucional por el uso del SAP como forma de violencia machista En Portada

El Síndrome de Alienación Parental no tiene aval científico, tal y como sostiene Pino Inmaculada de la Nuez, jurista y vicepresidenta de la asociación de mujeres juristas Themis. "Es una figura que está prohibida por los estándares internacionales, pero que se está aplicando en el Estado español. No le llamamos solamente SAP, le llamamos interferencias parentales. Empezamos a darles distintos nombres", asegura.

Pino Inmaculada de la Nuez es jurista y vicepresidenta de la asociación de mujeres juristas Themis En Portada

A Isabel Martínez Hervás le quitaron la custodia de su hija durante nueve años. "Cuando te quitan a tu criatura el día a día es como una muerte en vida. Todo esto pasó porque quise proteger a mi hija. Cuando tenía tres años me contó una agresión por parte de su padre, del que yo estaba en pleno proceso de separación".

Fui de urgencias al Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, vieron esa sospecha de maltrato y me derivaron a la UFAM, la Unidad Funcional de Abusos a Menores, donde desde el minuto uno se me criminalizó". De ahí salió un informe que "yo tenía una preocupación mórbida y quería romper los lazos de filiación con su padre. Eso es un síndrome de alienación parental. Todo lo que dice y expresa la criatura es porque la madre se lo ha metido en la cabeza, le ha hecho un lavado de cerebro".

A Isabel Martínez Hervás le quitaron la custodia de su hija durante nueve años En Portada

La fiscal María Eugenia Prendes reprocha que "en vez de indagar por qué la madre tenía ese miedo, no inmediatamente: 'uy, está alienando a la criatura, la está manipulando'". Y añade que "el cambio social todavía no se ha producido, a lo mejor es porque tenemos instituciones patriarcales o con un marcado carácter patriarcal como es la patria potestad".

El cambio social todavía no se ha producido a lo mejor porque tenemos instituciones patriarcales

No se escucha suficiente a los menores

Los y las menores tienen derecho derecho a ser escuchados y oídos, lo dice Naciones Unidas, nos lo imponen los tratados internacionales y se deben aplicar directamente en la normativa española. Es lo que sostiene Pino de la Nuez, quien alerta de que "a los y las menores no se les escucha en los procedimientos que les afectan. No se realizan las exploraciones judiciales suficientes para escucharles".

Isabel Martínez Hervás, víctima de violencia institucional, asegura que "si pudiera rebobinar, no denunciaría. Los equipos psicosociales no están capacitados porque no son expertos en violencia, no tienen perspectiva de género. Un niño cuando va a una sala donde hay gente que no conoce, tiene que ir de la mano del agresor y tiene que explicar la violencia recibida por parte de su padre. A veces se queda en silencio. Ese silencio, si tú eres experta, sabes que viene de algún sitio".

Isabel Martínez Hervás junto a integrantes de la plataforma Yo Sí Te Creo En Portada

Y es que a los menores se les oye tarde, mal y nunca por personas que a lo mejor no tienen una especialización, que no saben cómo realmente sacar la realidad de lo que el menor expresa, según la fiscal María Eugenia Prendes, que asegura que "los tiempos de los menores no son, ni emocional ni físicamente, los tiempos de la justicia".

A los menores se les oye tarde, mal y nunca

Sin embargo, el magistrado Magro apunta a que España es de los países de la Unión Europea donde "más interés existe en la carrera judicial, en formarnos en violencia de género". "Uno de cada cuatro jueces se está especializando. ¿Qué puede haber fallos? Indudablemente, somos un colectivo muy amplio y siempre puede haber errores, pero queremos transmitir a las víctimas que el campo del cambio se está produciendo", defiende.

El magistrado Vicente Magro en su despacho del Tribunal Supremo En Portada

La clave: la educación en igualdad

El clamor de las víctimas y de los expertos es que como sociedad hay que mejorar muchísimo la educación. Para Ruth Ortiz es fundamental "educar a los hijos en igualdad. Se evitarían muchas muertes tanto de mujeres, víctimas de violencia de género, como de niños y niñas"

Para el magistrado Magro es "absolutamente fundamental introducir una asignatura tolerancia cero frente todo tipo de violencia". "Hay muchos ciudadanos que tienen que repetir curso en la vida y hay que intentar hacerles sacar de su cabeza que ellos no son dueños de sus mujeres, de sus parejas, que no son dueños de sus hijos, sino que tienen que cuidarles, que tienen que tutelarles". concluye.