Se jubila el último salinero tradicional de Fuerteventura
- Juan Manuel Rodríguez Lemes se jubila y deja su legado a Cristian y Juan, para que no se pierdan las salinas tradicionales
- Las Salinas del Carmen, en Fuerteventura, son las únicas que sobreviven de la isla
Se podría decir que Juan Manuel Rodríguez Lemes es el último salinero tradicional de las Salinas del Carmen, Fuerteventura. Un salinero de los de antes, de los que conocen la profesión desde que era un niño. Ahora es momento de dejar su legado a otras generaciones, de entregar el testigo a Cristian y Juan, sus aprendices, para que se siga protegiendo el patrimonio etnográfico canario.
Juan Manuel es natural de Lanzarote y desde pequeño su vida ha transcurrido entre salinas. En Arrecife, donde vivía, en un perímetro de un kilómetro, se concentraban cuatro salinas de las 20 que tenía la isla conejera. De ahí, que fuera inevitable que su lugar de juego fueran estos campos de sal y que aprendiera cómo se hace la sal, el funcionamiento de los cocederos y qué es tajo.
Una familia de marineros
Juan Manuel procede de una familia de marineros. Con 16 años estaba deseando seguir la estela familiar, por lo que estudió máquinas en la Escuela de Pesca de Lanzarote y se embarcó junto a su padre. Lo que no sabía era que el mar no era para él, se pasó diez días en alta mar amarillo, sin parar de vomitar. Definitivamente este oficio no era para él, sin embargo, nunca abandonaría el mar, aunque fuera desde tierra.
En esos años, los años 80, había un hueco en las Salinas del Janubio, por lo que se incorporó a la plantilla convirtiéndose oficialmente en salinero. Allí hizo varias zafras y no fue hasta 2017 cuando volvió a sus orígenes, pero esta vez en las Salinas del Carmen, en Fuerteventura, donde ha pasado su última etapa laboral porque este mes de mayo se jubila: “Entre tajos empezó mi vida profesional y ahora termina”. Cristian y Juan son ahora quienes tienen que tomar el relevo de Juan Manuel, después de varios meses aprendiendo las características de esta práctica artesanal, asumen el testigo para que no se pierdan las últimas salinas tradicionales de Fuerteventura.
La sal, un producto gourmet
La sal históricamente ha sido un producto que se utilizaba para conservar alimentos, en Canarias sobre todo se utilizaba para el pescado. Por eso, surgieron las salinas, donde se producían y se recogían grandes cantidades de sal, haciendo del trabajo de salinero un oficio muy duro, aunque gratificante. Ahora el concepto ha cambiado, prevalece la calidad a la cantidad.
En las Salinas del Carmen lo hacen en tres tiempos. La flor, que cristaliza en superficie; la escama, está en torno a unos quince días bajo el agua; y a partir de quince, treinta días, cristaliza de tal manera que se convierte en sal gruesa.
Se trata de un proceso manual que en las Salinas del Carmen, declaradas Bien de Interés Cultural, buscan preservar.