La 'yutía' del Rastro de Melilla: entre la necesidad y la venta ambulante irregular
- Policía Local y Nacional han realizado intervenciones conjuntas de toneladas de productos sin licencias
- Comerciantes y empresarios reclaman ordenar esta actividad fuera de la vía pública
Pepe llega cada sábado al barrio del Rastro con su sombrero y una maleta llena de vinilos, zapatos y objetos de segunda mano. Tiene 84 años y asegura que sigue acudiendo al mercadillo porque “la paga es pequeña” y porque allí, dice, también encuentra una forma de distraerse y "buscarse la vidilla".
Como él, decenas de personas participan cada fin de semana en la conocida 'yutía', un mercadillo ambulante sin autorización que desde hace décadas ocupa varias calles de este barrio de Melilla, a pocos metros del centro de la ciudad.
Entre ropa usada, pequeños electrodomésticos, chatarra y productos reciclados, los vendedores reconocen que la actividad ya no es la de antes. "Desde que la frontera cerró el Rastro está muerto", resume uno de ellos mientras coloca objetos en el suelo.
Las imágenes de archivo de RTVE muestran calles llenas y una mayor afluencia de compradores durante los años 80 y 90. Los vendedores relacionan el descenso de actividad con el cierre de la aduana comercial con Marruecos en 2018 y con los cambios posteriores en la situación fronteriza. Aunque la aduana volvió a abrir años después, la actividad comercial en la zona sigue lejos de la que tenía entonces.
Buscar ingresos en una de las regiones con más paro
Melilla mantiene una de las tasas de desempleo más altas del país. Según la última Encuesta de Población Activa, más del 21% de los melillenses no tiene trabajo. Los datos del SEPE correspondientes a abril sitúan además el número de parados en unas 7.400 personas.
En este contexto, algunos vendedores aseguran que el mercadillo se ha convertido en una forma de conseguir ingresos. "Ya que no hay trabajo pues se tendrá que buscar algo, ¿no?", plantea uno de los vendedores. Otros admiten que apenas consiguen vender durante toda la mañana. "Vendo chatarra y, a lo mejor, gano diez o quince euros en toda la mañana, pero hay otros que no consiguen vender ni tres euros", explica otro de ellos.
Durante el último año, Policía Local y Policía Nacional han realizado operaciones conjuntas en el barrio con intervenciones de toneladas de ropa usada y otros productos reciclados sin licencia. Aun así, la actividad continúa cada sábado.
Entre la tradición y el debate sobre la legalidad
El Gobierno local mantiene que la venta ambulante solo puede desarrollarse en los espacios autorizados y regulados por la Ciudad Autónoma. El consejero de Seguridad Ciudadana, José Ronda, reconoce que la 'yutía' se ha convertido con los años en una imagen conocida del barrio, aunque insiste en que "es algo casi atractivo y turístico pero en realidad es un mercadillo ilegal". Ronda rechaza además la posibilidad de trasladar el mercadillo a otro punto de la ciudad si la actividad continúa desarrollándose sin licencia. "Si es ilegal en un sitio, es ilegal en otro", sostiene.
Desde la Confederación de Empresarios de Melilla reclaman una solución que permita integrar a estos vendedores en espacios regulados. Su presidente, Enrique Alcoba, defiende que muchos locales de la zona permanecen vacíos y considera que podrían utilizarse para regularizar parte de esta actividad. "Es una competencia desleal con el que está establecido y paga sus impuestos correspondientes", afirma.
Según la organización empresarial, el cierre de la aduana comercial también tuvo un fuerte impacto económico en el entorno fronterizo. La Confederación asegura que alrededor del 90% de las naves cercanas a la frontera de Beni Enzar cerraron tras el fin de la actividad comercial en 2018.
En el Rastro, algunos comerciantes creen que el problema no pasa únicamente por prohibir la actividad, sino por reorganizarla. CEPROMEL, la asociación de comerciantes del barrio, creada en 2023, plantea trasladar el mercadillo a otra zona y regularizarlo. "Si eso se regularizara y se organizara en algún sitio que no ocasionara perjuicio pues por nosotros no habría ningún problema", afirma su presidente, Yamal Sel-Lam.
A medida que avanza la mañana, los vendedores comienzan a recoger los objetos y las calles recuperan poco a poco la normalidad. Una escena que se repite desde hace décadas en el barrio del Rastro.