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Los murciélagos se reivindican como un excelente insecticida natural para evitar las plagas

  • Cada ejemplar consume en una noche miles de insectos
  • En Cantabria se localizan 25 de las 32 especies identificadas en España
Murciélago común en pleno vuelo, con alas extendidas y pelaje marrón claro. Se aprecian detalles de su cabeza, orejas, ojos y boca. Fondo negro y una hoja verde en la esquina inferior izquierda.
Murciélago volando durante la noche Javier García Oliva
Ana Saiz (Redacción Cantabria)

Pese a su mala fama, los murciélagos se han demostrado como un excelente insecticida natural para controlar las plagas que afectan a los cultivos o la proliferación de mosquitos en zonas húmedas. El naturalista Javier García Oliva recuerda que por la noche, "cuando las aves duermen, son los murciélagos, que consumen por jornada miles de insectos, los encargados de impedir que se conviertan en un problema".

Y Cantabria es, según este experto, una comunidad privilegiada, con más de 1,8 millones de murciélagos y 25 especies de las 32 que se localizan en España. Una riqueza que García Oliva, tras años de investigación, recoge en el libro Murciélagos de Cantabria, del que es coautor. Además, acaba de publicar un trabajo en el que desgrana el uso de nuevas técnicas para, mediante la ecolocación, una especie de sonar que permite a los quirópteros moverse en la oscuridad, identificar a las distintas especies.

Último libro de García Oliva Javier García Oliva

Víctimas de prejuicios

Reconoce que los murciélagos tienen mala fama. "Son víctimas –explica– de prejuicios y desconocimiento desde hace cientos de años, lo que hace que la gente no los quiera cerca". Por ese motivo, pide respetarlos y considera fundamental instalar refugios, una especie de cajas nido, para salvar las colonias que, a veces, se instalan en desvanes, tejados y huecos de persianas.

Murciélago en Cantabria

Este tipo estructuras, asegura Javier García Oliva, se han demostrado eficaces en el Delta del Ebro para controlar a los mosquitos que proliferan en las marismas y también en numerosas zonas de Europa con grandes extensiones de cultivos para evitar las plagas en la agricultura.

Además, pide restringir el acceso indiscriminado a las cuevas mientras hibernan y proteger los bosques autóctonos con árboles maduros en cuyas cavidades se refugian varias especies "muy interesantes, que solo se encuentran en el norte y en un área muy restringida".