Cannes se eleva: Mungiu retuerce Europa en 'Fjord' y Na Hong-jin atropella el festival con 'Hope'
- El director rumano exprime el debate con la pesadilla de una familia conservadora en Noruega
- El surcoreano triunfa con acción pura y gozosa y con Fassbender y Vikander como aliens
En el ecuador del festival, solo el japonés Ryūsuke Hamaguchi, con su reflexiva y emotiva All of a sudden, y, en menor medida, el polaco Pawel Pawlikovski con Fatherland, habían sobresalido. Pero la euforia empieza a despertar con dos películas destinadas a marcar el año, es decir, lo que se que espera de Cannes.
Cristian Mungiu, ganador de la Palma de Oro en 2008 con 4 meses, 3 semanas y 2 días, ha presentado su primera película fuera de Rumanía en una coproducción ambientada en Noruega titulada directamente Fjord (fiordo) por los alucinantes paisajes rurales del pueblo retratado.
Allí se instala una familia de cinco hijos provenientes de Rumanía (solo la madre, interpretada por Renate Reinsve es de origen noruego). Conservadores y religiosos muy practicantes, forman parte de una comunidad cristiana. El padre (la estrella rumana-estadounidense Sebastian Stan, casi camuflado) consigue un trabajo de administrativo en el colegio de sus hijos.
Cristian Mungiu y Renate Reinsve, en la alfombra roja de 'Fjord' en el Festival de Cannes. AL-DOUMY / AFP
El director del centro resulta ser su vecino y las hijas preadolescentes de ambos entablan amistad. Podría haber sido una historia de bonita integración, pero es una película Mungiu, un cineasta que ya ha ilustrado en su país las miserias del pasado comunista (4 meses, 3 semanas y 2 días), el fanatismo religioso (Más allá de las colinas), la corrupción (Los exámenes) o la xenofobia (R.M.N.).
Y en Noruega también encuentra su jugo. Bajo las aparentes buenas intenciones del entorno de primerísimo estado del bienestar afloran los prejuicios contra una familia muy creyente y de ideas tradicionales. Del recelo se pasa al escrutinio estatal cuando se inicia una investigación por malos tratos y la solicitud de que pierdan la custodia de sus hijos.
'Fjord', de Cristian Mungiu.
Mungiu habitúa a coger un tema y exprimirlo para ofrecer al espectador diversos néctares morales. Un poco como sucedió con Los domingos, Fjord puede ser llevada a su terreno por cualquier gafa ideológica, aunque es cierto que Mungiu subraya que la burocracia inhumana no es patrimonio de su país.
Pero Fjord es un artefacto expendedor de preguntas: ¿Cuál es el límite de los padres como 'dueños' de sus hijos? ¿Cuánto puede tutelar el estado en nombre de los menores? ¿Hasta dónde llega el peligro de considerar tus valores superiores? Y, sobre todo: ¿Alguien escucha realmente a los menores?
‘Hope’, más que gran cine de género, una lección de cine
Del surcoreano Na Hong-jin se esperaba mucho, pero más hacia el terror crudo tan presente en su filmografía. Y, de repente, con Hope ha polarizado porque es justamente lo que no se espera que ofrezca nunca Cannes. No hay un tema de fondo, no ya político, sino apenas dramático: es un atropello de ritmo y acción como solo se ha visto, en el festival o en cualquier lado, con Mad Max: Furia en la carretera.
Hope (nombre de la ciudad portuaria y rural de la historia, pero título igualmente ambivalente) se inicia con un policía local que encuentra una vaca muerta con heridas de una violencia descomunal. Es prácticamente el único respiro: durante casi dos horas y medias, el policía y un grupo de voluntarios armados, serán perseguidos y perseguirán a extrañas criaturas monstruosas que han aparecido en los bosques, y que no son ni mejores ni peores que los humanos, sino que buscan lo mismo: sobrevivir y protegerse.
La actriz Ho-yeon Jung y el director Na Hong-Jin, en la presentació de 'Hope'. Olivier CHASSIGNOLE / AFP
Con un tono decidido de comedia (prácticamente todos los personajes son idiotas, aunque Na Hong-jin les trata con cariño para no convertir su película en una sátira) Hope es un circo de tres pistas que no permite el bostezo: las escenas de persecuciones se alargan más allá de cualquier canon y el diseño de las criaturas y sus movimientos devuelve la fe en los efectos digitales.
Hope ha polarizado porque en Cannes se valora la profundidad, pero rebajara a ‘solo género’ o incluso ‘gran género’ es injusto. Es una lección que debería pasar por el palmarés por la excelencia de su lenguaje cinematográfico. O, desde luego, habría que explicar muy bien los motivos por los que hay en Cannes seis o siete películas mejores.
Imagen de 'Hope', de Na Hong Jin.
La anunciada presencia en el reparto de Michael Fassbender y Alicia Vikander se ha materializado como parte de las criaturas fantásticas, en un final desopilante en el que hay que frotarse los ojos. Na Hong-jin ha dicho en rueda de prensa que, aunque concebida como una sola película, no le importaría desarrollar una secuela si tiene éxito, pero la potencia de sus últimas escenas brillarán siempre más si la historia se acaba en los albores de un nuevo mundo.