Cannes 2026: Pawel Pawlikowski sublima en 'Fatherland' la tragedia alemana de Thomas y Erika Mann
- El cineasta polaco brilla en la competición por la Palma de Oro con su cine exquisito
- "Ahora mismo estoy perdido, es por eso que hago películas que suceden en el pasado", ha declarado
Pawel Pawlikowski es puro estilo. Es un cineasta querido, sin haters, cualidad casi imposible en un festival como Cannes. Pasea por el certamen de negro, con porte esbelto y expresión de absoluta calma. Siempre con gafas de sol, ya sea en la alfombra roja ayer o el interior de la sala de prensa hoy. Al menos hay unas pocas imágenes que prueban que vio su película, Fatherland, sin ellas en el Gran Teatro Lumière.
Allí comprobó que su nueva obra queda marcada como la primera gran película de la competición por la Palma de Oro: Fatherland (es decir, patria) es una exquisita recreación del viaje que el novelista Thomas Mann (Hanns Zischler) y su hija y también escritora Erika (Sandra Hüller), transitaron en 1949 entre las dos Alemanias separadas tras la II Guerra Mundial, y que confirma a Pawlikowski como el gran esteta de la posguerra europea: en su cine siempre busca extraer del fatalismo, al menos, belleza.
Imagen de Fatherland, de Pawel Pawlikowski.
En 1949, viajar desde Fráncfort a Weiwnar (para pronunciar discursos sobre Goethe en la cuna y lugar de fallecimiento del autor de Fausto) era cruzar dos mundos: desde la tutelada por el capitalismo Alemania Federal hasta la esfera soviética de la Alemania Democrática, en un país arrasado, moralmente estupefacto y culpable por la demencia nazi. Mann y Erika, que pisaban Alemania tras 16 años de exilio en Estados Unidos, es en Fatherland una figura cuya simpatía buscan los dos bandos, a los que él rechaza adherirse despachando que sería como estar “o con Mickey Mouse o con Stalin”.
Donde yo esté, está Alemania, es la célebre frase de Mann, el escritor más importante de su lengua en el siglo pasado, para ilustrar su oposición, desde el exilio, al nacionalismo nazi que secuestró su país. También ilustra, claro, su vanidad. ¿Y cómo no iba a ser un narciso si con 26 años publicó Los Buddenbrook, fue aclamado y hasta le concedieron posteriormente el Nobel por esa novela de juventud?
Si Thomas Mann pudiese ver Fatherland no se vería atacado en sus principios: la película reivindica su independencia intelectual. Pero sí muestra el naufragio familiar de los Mann. La película se inicia con el suicidio, precisamente en Cannes, de su hijo y también novelista Klaus. Y el vacío inmenso que provocó en su hermana melliza, entonces asistente de su padre.
La estilizada posguerra de Pawlikowski
Donde está Pawlikowski, está la posguerra. “Ahora mismo estoy perdido, es por eso que hago películas que suceden en el pasado”, ha dicho en rueda de prensa. Ida, con la que ganó el Oscar en 2015, atravesaba la tragedia polaca siguiendo a una novicia que busca sus orígenes judíos en los años 60. Y Cold War, premiada en Cannes y nominada al Oscar a mejor director, recreaba el amor imposible de sus padres, zarandeados por la historia, en los años 50 y 60.
Con Ida inició un estilo cinematográfico destinado a ser su sello: blanco y negro, formato 4:3, y personajes encuadrados casi siempre en solo una mitad de la imagen. “Empecé a hacerlo porque era como recordaba ese mundo y porque parecía más interesante. Y de pronto, empezó a significar algo”, decía en una entrevista con RTVE.es, sobre un rasgo para el que vuelve a contar con el director de fotografía Lukasz Zal (que tras debutar en Ida es uno de los más reputados y ha filmado La zona de interés o Hamnet entre otras).
Hanns Zischler, Pawel Pawlikowski y Sandra Hueller, en la rueda de prensa de 'Fatherland'. EFE/EPA/CLEMENS BILAN / POOL
La elegancia siempre libra a Fatherland de cualquier apariencia de convencionalidad, pese a que está obligada a trufar la narración de datos biográficos e históricos, no solo de los Mann y alrededores, sino de figuras alemanas literarias, políticas o artísticas como el compositor Hanns Eisler, autor del himno de la República Democrática, que se escucha en una escena como pequeña licencia anacrónica (fue compuesto meses más tarde). Pero la consecuencia es que Fatherland es la película más discursiva de Pawlikowski.
La película brilla más en esas secuencias musicales, en sus transiciones, y en el drama puro de una familia maldita. Y sirve como recordatorio del veneno de las ideologías, si es que, como espera el cine de Pawlikowski, podemos sacar lecciones de las tragedias.