Aina Clotet agita Cannes con el 'carpe diem' salvaje de 'Viva': "Para vivir bien hay que asumir que un día no estaremos"
- La directora dirige y protagoniza una tragicomedia presentada en la Semana de la Crítica
- Trata de una mujer que, ante el miedo a la muerte, se lanza a buscar el deseo y la alegría
No todo es Palma de Oro en Cannes y el buen cine también luce en las secciones paralelas. Como la Semana de la Crítica, donde Aina Clotet triunfa con Viva: una comedia trágica, o al revés, sobre una mujer que, ante el miedo a la muerte, se lanza a vivir desaforadamente buscando el deseo y la alegría. Viva, con una energía y tono muy especiales, divertida, fresca, y original se sumerge en realidades sociales contemporáneas para tratar temas filosóficos y eternos.
Viva es Nora, una mujer en los 40 que sale de cáncer de mamá y de la mastectomía de un pecho. La película arranca con una dolorosa mamografía por la sospecha de que el otro pecho pueda tener cáncer. ¿Qué hacer ante el miedo al abismo? En su caso es saltar de su acomodada relación de pareja, liarse con el joven sobrino de una amiga y medrar en su trabajo de científica que, precisamente, investiga la longevidad.
En un hotel de Cannes, Aina Clotet (Barcelona, 1982) celebra el final del camino. Especialmente haber conseguido preservar el impulso de una película tan vital durante el largo proceso de años que supone levantar una película. Es su debut en el largometraje, aunque ya tiene callo como creadora de la premiada serie de RTVE Play Esto no es Suecia.
PREGUNTA: ¿De dónde viene reflexionar sobre muerte y deseo?
RESPUESTA: La semilla no nace de la enfermedad en concreto, sino de la voluntad de querer contar el miedo a una mujer de 40 años y relacionarlo con las dependencias en el amor romántico, con la búsqueda de deseo y de afección y desde dónde nos relacionamos. Y cómo hay una conexión entre el miedo profundo a estar sola, que al final es el miedo a la muerte. Con mi guionista Valentina Viso vimos que la mejor manera era contar la huella que te podía dejar una enfermedad como es el cáncer de pecho. Una emocional y física que lanza al personaje a este carpe diem bestial, que se quiere comer todo literalmente.
Y, a la vez también, es una tragedia porque está escapando de una cosa de la que no se puede y que tiene que mirar a la cara. Es una comedia romántica que en el fondo te está contando el duelo y que está hablando de la impermanencia de la vida y de la necesidad de enfrentarnos a esta impermanencia. Asumirla, relajarnos, soltar. Es muy complicado.
P.: ¿Es la película parte de resolver para ti ese proceso complicado?
R.: Es algo en lo que pienso mucho y que sí, ha sido importante para entender la vida. Me parece muy loco lo mucho que dejamos de pensar todos en esto cuando en realidad estamos de paso. Desde mis veintipico años he hecho terapia y sigo haciendo para intentar entender quién eres en el mundo. Y, también, que vivimos en una sociedad cada vez más enloquecida, en un capitalismo individualista que no quiere que mires hacia ahí precisamente para entrar en un sistema que te absorbe y se te come. En el fondo, para vivir bien, tranquilamente, hay que aceptar que un día no estaremos, para no tener este ansia, este miedo terrible.
Se nos olvida demasiado a menudo y no deja de ser algo que te da amor, ternura, presencia. Como no vivir permanentemente en postergar las cosas, el disfrutar del presente. Todos los tópicos típicos que siento que se nos intenta hacer que no los veamos para saciarnos de otras maneras.
P.: Hay un momento en el que la protagonista se pregunta “¿qué he aprendido?” sin mucha respuesta. ¿El arte es un modo de dar sentido a ese caos?
R: No sé si con el arte, el cine o la literatura damos un sentido pero nos acompaña en esa búsqueda. Para mí la vida es maravillosa, soy una mujer muy apasionada, en eso comparto mucho con Nora, por eso quería mucho que la película fuera vibrante a pesar de hablar del miedo. Quería que fuera ligera porque siento que la vida es maravillosa, pero hay que saber mirar los miedos de frente. En la escritura me acompañaba mucho una frase: si tú miras el miedo de frente, se vuelve coraje. Sentía que era como el faro de Nora, que no se atreve a hacer esa revisión. No se atreve a sostener la vejez cuando la ve en su abuela. Y cuando se atreve, se libera, cambia el ritmo. Era como un viaje de liberación.
P.: Una liberación relacionada con el sexo.
R.: Sí, tenía muy claro que la película tenía que tener una temperatura sexual importante porque era la manera de poner en valor el deseo de vida que tiene Nora y de contraponerlo al miedo, como la otra cara de la moneda. Nos apetecía mucho mostrar este cuerpo diferente con normalidad, al que se le ama y desea igual. Ella se apropia de su propio cuerpo porque hay una evolución en cómo se trata el sexo en la película: al principio hay como una timidez, la primera escena es como la pérdida de virginidad por segunda vez de Nora, y luego se lanza a lo más salvaje y apasionado de su existencia. Ella quiere follar, porque en el fondo para ella representa lo más terrenal y lo más simple, pero evidentemente es insostenible y se tiene que enfrentar a lo que se tiene que enfrentar.
P.: Nora desea también el éxito profesional, pero en el fondo tampoco es ninguna tabla de salvación.
R.: Sí, estoy de acuerdo con tu tesis. Siento que lo que nos salva en la vida es el amor y que donde encontramos el amor es en los vínculos de calidad, que los puedes establecer en la profesión, pero lo importante son los vínculos. Lo que dices me parece muy buena observación porque siempre tuvimos claro que era una mujer muy capaz, que cree que saldrá a la palestra y lo salvará todo. Es supercontroladora, queríamos hablar de una mujer poderosa en muchos aspectos, pero que también puede ser errática en lo personal y profesional.
P.: Eso es interesante, porque ella sabe utilizar casi sin darse cuenta su privilegio como hija de un padre que es su jefe, aspectos que generan antipatía.
R.: Sí, espero que se entienda. Siempre digo que no tiene que caernos bien el personaje: lo tenemos que entender. No lo hemos escrito para que caiga bien. Entiendo que caiga mal porque a mí también me caen mal cosas que hace. Pero entiendo su miedo, entiendo de dónde viene. Todos somos erráticos, nos equivocamos, invadimos cuando no toca y nos arrepentimos. Como espectadoras, a mí y a Valentina nos gusta ver estos personajes porque nos acerca más a lo humano. Y lo humano es lo imperfecto.