Sorogoyen arriesga en Cannes con 'El ser querido', soterrado duelo paternofilial entre Javier Bardem y Victoria Luengo
- El director estrena su drama metacinematográfico con el que compite por la Palma de Oro
- "Queríamos hacer algo más libre e intuitivo y no tan racional", dice el cineasta
Cannes ya ha visto El ser querido y viceversa. El salto de Rodrigo Sorogoyen a la competición por la Palma de Oro, esperado en el festival, es hijo en parte de la Costa Azul (Sorogoyen se lo propuso a Bardem en un hotel de la Croisette hace cuatro años) y ha sido bien recibido dentro de una sección oficial sin ninguna película aclamada rotundamente por el momento.
Los primeros 20 minutos de El ser querido son memorables. El director, que no quiso que sus protagonistas, Javier Bardem y Victoria Luengo, ensayasen juntos previamente, les pidió no verse en los meses previos, y les citó para rodar la primera secuencia que es, precisamente, el largo reencuentro entre un padre ausente (un aclamado director de cine) y una hija (actriz sin éxito) tras décadas sin verse.
Cada actor disponía de unas hojas de guion con ideas que debían ser pronunciadas, pero desconocían las réplicas. En el escenario, un restaurante, Sorogoyen escondió las cámaras y el equipo en busca de la máxima naturalidad. Allí, Esteban, el cineasta, le pide a su hija Emilia que protagonice su nueva película, ambientada en el Sáhara español en los años 30.
Esteban, ganador de dos Oscar, es un cineasta de prestigio almodovariano que regresa al cine español tras una vida turbulenta y ya reconducida -que él llama “su proceso”-, relacionado con abuso de alcohol y drogas. Emilia está marcada por la ausencia, pero acepta la idea del reencuentro.
El ser querido son las heridas de un gran vacío contado desde los silencios: una película de personajes que miran y son mirados. La idea que sobrevuela es que la madeja de versiones del pasado quizá sea tan irresoluble que la reparación no puede venir del perdón o la verdad, sino tan solo de la comprensión del dolor del otro.
Sorogoyen y su guionista Isabel Peña se sobrepusieron hace dos años a la noticia de que Joachim Trier preparaba Valor sentimental, de idéntica sinopsis. También a que fuera un éxito mundial iniciado precisamente en Cannes el año pasado. Son dos variaciones que no invitan a la comparación. “Es divertido pensar que una misma sinopsis puede crear dos obras distintas, ha pasado más veces”, dice Sororgoyen en la terraza de un hotel de Cannes.
El ser querido puede describirse como la película más arriesgada de Sorogoyen, un director al que le gusta mutar y no limitarse a un estilo reconocible. Aunque su marca, sobre todo como guionista junto a Isabel Peña, impregna el tono, reconoce que quiso oponerse formalmente a la sobriedad de As bestas, con la que no deja de compartir su preocupación sobre cómo los humanos resuelven los conflictos.
Uno de los grandes aciertos es sortear cualquier tentación de ‘carta de amor el cine’, tan propia del metacine. El ser querido es la descripción naturalista del ambiente de un rodaje, que puede asemejarse cualquier profesión, pero con algunas peculiaridades, como la de la convivencia forzada de semanas fuera de casa.
De hecho, subraya que en el cine -como en cualquier ámbito laboral- los tiempos han cambiado a la hora de aceptar los abusos de autoridad. Si hay oda, es al oficio: “También se trataba de poner en valor lo que hacemos. El cine no es glamour y estar en Cannes: es levantarse a las 05:30, coger una furgoneta, irte a rodar a una lugar concreto de una isla. En España, políticamente, no se pone en valor la cultura, y hay tres películas españolas en Cannes”, celebra Isabel Peña.
"Queríamos hacer algo más intuitivo y no tan racional como siempre hemos hecho"
En una película sobre los relatos y la interpretación propia y del otro, Sorogoyen resolvió que debía multiplicar los estilos. Texturas digitales y analógicas (en 35mm, 16 mm y 8mm), lentes anamórficas, formato cuadrado, blanco y negro, y un sonido que a veces vacía el ambiente. El ser querido es la mayor experimentación del cineasta y está por ver si laboratorio para sus obras futuras.
"La película tiene que ver con el relato. Y no hay uno solo, sino muchos. Todos pueden ser válidas. Por eso nos parecía muy ad hoc: utilizar todos los elementos que pudiéramos de imagen y sonido. Me lancé a la piscina con eso", analiza el director. "Además queríamos distanciarnos de los clásico, hacer algo más libre e intuitivo, no tan racional como siempre hemos hecho, analiza el director".
La película dentro de la película, titulada Desierto, es telón de fondo, aunque Sorogoyen y Peña casi llegaron a escribirla. Fue Bardem el que sugirió que podía tocar versar sobre el Sáhara. “Pensamos que el abandono tenía que ver con el personaje de España. También la idea de que un director internacional vuelva a España para hablar de España. Lo encontramos en el conflicto saharaui, que es un abandono clarísimo de España en 1975”, dice Sorogoyen.
Subir la escalinata del Gran Teatro Lumiére, reservado a los aspirantes a la Palma de Oro, es el último honor que le quedaba a Sorogoyen (que ya aspiró al Oscar por su cortometraje Madre). A la gala han acudido, además del resto del reparto (Raúl Arévalo, Melina Matthews o Marina Föis), colegas como J.A. Bayona y el ministro de Cultura, Ernest Urtasun. El cine español ya ha despegado en Cannes mientras se espera al martes a Almodóvar y su Amarga Navidad y el jueves a Javier Ambrossi y Javier Calvo con La bola negra. Y una semana para saber si alguno regresa a la alfombra roja del palmarés.
Victoria Luengo y Javier Bardem, en Cannes. John Locher John Locher