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Pedro Almodóvar y el látigo de 'Amarga Navidad' : "Nunca me había agredido en la ficción"

  • El director profundiza en la autoficción con una película inspirada en su entorno cercano
  • Participada por RTVE, está protagonizada por Bárbara Lennie, Leonardo Sbaraglia, o Aitana Sánchez-Gijón
Pedro Almodóvar y el látigo de ‘Amarga Navidad’: "Me divertía agredirme en la ficción porque no lo había hecho nunca"
Pedro Almodóvar, en el rodaje de 'Amarga Navidad' Iglesias Mas
Esteban Ramón
Esteban Ramón

A la hora de comer, en las oficinas de la productora El Deseo, los trabajadores se cuentan con los dedos de una mano. Claro que son tan ilustres como Lola García, Agustín Almodóvar o el propio Pedro Almodóvar, que concede entrevistas. La descripción del universo de la productora no es gratuita: Amarga Navidad, su nueva película, profundiza más que nunca en la autoficción -más incluso que en Dolor y Gloria- y en el círculo íntimo y profesional del director hasta el punto de parecer una ventana que ha quedado impúdicamente abierta. ¿O no?

El guion de Amarga Navidad cayó una bomba cuando Almodóvar lo presentó al que llama su “coro de sabios”. Aparentemente, trataba de ellos. Pero el director alerta: cuidado con las máscaras. No todo es verdad ni nada es completamente falso en Amarga Navidad, donde, como en un juego de matrioskas, hay un director de éxito mundial (Leonardo Sbaraglia), un obvio alter ego con el pelo sospechosamente blanco y alborotado, que escribe un guion sobre otra cineasta de culto (Bárbara Lennie). 

Las dos tramas se imbrican, pero en las dos riman los mismos temas: las relaciones de los protagonistas-cineastas con sus parejas esencialmente cuidadoras (Quim Gutiérrez en la supuesta realidad y Patrick Criado en la supuesta ficción). Y, sobre todo, el derecho de los creadores a vampirizar su entorno para su arte dejando un rastro de víctimas (Aitana Sánchez-Gijón y Victoria Luengo).

“Aunque mis películas estén contaminadas de biografía, nunca de un modo tan evidente como en Dolor y gloria o esta, que son un díptico”, concede el director en su despacho. Quizá Amarga Navidad dé una impresión más sincera por la crudeza con la que Almodóvar -parece- fustigarse.

Tráiler de ‘Amarga Navidad’, de Pedro Almodóvar

Has perdido la gracia, le espeta el personaje Aitana Sánchez-Gijón al de Leonardo Sbaraglia sobre sus últimas películas. ¿Se está azotando el director? “No sé cómo llegué ahí, la reacción del personaje de Aitana me excitó muchísimo. Me divertía cuestionar al director, al fin y al cabo un alter ego. Era un modo de agredirme a mí mismo que me divertía porque no lo he hecho nunca”, reconoce. 

“Lo que me parece más original de la película es que la película se cuestiona a sí misma: esa parte bergmaniana es lo que más me atraía. Pero es la película la que se cuestiona, yo no me cuestiono a mí mismo. Me divierte esa especie de autoflagelación que no lo es, porque me cuido y, donde me duele, no me latigo”, puntualiza Almodóvar, deslizando que es una demolición controlada.

De hecho, identifica las entrevistas como ‘el gran’ peligro de su etapa de autoficción: “Cuando escribía Dolor y gloria me pregunté: ¿Estás dispuesto a hablar de esto, no en la película, sino con los periodistas? Porque cuando escribo soy el hombre más libre del universo, pero en mi vida no lo soy”.

Bárbara Lennie, en 'Amarga Navidad'.

Bárbara Lennie, en 'Amarga Navidad'. Iglesias Mas

Cuando ETA inspiró los terroristas chiitas de Mujeres al borde... 

¿Qué derecho tiene un autor para quemar las vidas de sus amigos, parejas o compañeros en el altar de la creación? “Cada uno tiene sus respuestas, que son sus límites morales. El creador no tiene derecho a todo, caiga quien caiga, pero es extremadamente difícil que, cuando llega una veta inspiradora que tiene que ver con la realidad, piense en las personas. El creador piensa en la idea”.

Un ejemplo loco: en la misma mesa, con el mismo hule, de la escena en la que Bom (Alaska) orinaba sobre Luci, ETA planeó asaltar la cárcel de Carabanchel. Lo sabe Almodóvar porque sucedió en la casa de una amiga donde él había rodado su película. “Ella ligó con un señor, se lo llevó a casa, folló muy bien, y a los tres días vino con cuatro más para que se quedarán en casa. Ahí prepararon la acción, en la misma mesa que aparece en Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Quedó secuestrada en su propia casa, pero sin dejar de follar por las noches, porque se había quedado colgada”.

La increíble anécdota acabó transformada en el personaje de María Barranco y los terroristas chiitas de Mujeres al borde de un ataque de nervios. "La realidad es más fuerte y hay que poner ficción para suavizarla. Lo convertí en comedia hilarante que era lo contrario de la realidad. Pero cuando vio la película ella se enfadó conmigo. Le dije que le había dado la vuelta a la desgracia y que quién iba a creer que era ella. Y me respondió algo que se repite en esta película: ‘Él. Él lo va a saber’. Y tenía razón. Pero es el único reproche que he tenido”.

“Me estoy convirtiendo en mi propia musa”

Deja de hablar de tu madre, le dicen también al personaje de Sbaraglia. Y Almodóvar es consciente de que él mismo está tomando un peso total en sus ficciones, cada vez más recluidas. “No es que no tenga otro tipo de inspiraciones, pero me está pasando que me estoy convirtiendo en mi propia musa, cosa que no es grata”, analiza. “Mi vida se ha reducido mucho, y, tal vez porque lo que me rodea es menor, me fijo mucho en lo que me rodea”.

Leonardo Sbaraglia y Quim Gutiérrez, en 'Amarga Navidad'.

Leonardo Sbaraglia y Quim Gutiérrez, en 'Amarga Navidad'.

Dice que el exterior para él son los libros, las películas, las series o los programas. “Lo que pasa es que el cine no está siendo muy generoso con los cinéfilos. Esta semana he ido dos veces, pero me cuesta razones potentes para ir, aunque lo sigo intentando”.

"Cuando pienso en Trump, solo pienso en la violencia necesaria para exterminarle"

Aunque su cine pierda contacto con la realidad, también en su última época ha engarzado sus tramas en asuntos políticos como la memoria histórica (Madres paralelas) o la eutanasia (La habitación de al lado). “Me interesaría muchísimo encontrar una idea que dinamitara directamente al presidente Trump y a toda la gente que le rodea. La violencia que me ha provocado este hombre no la he conocido nunca en mi vida. No soy un ser violento, sin embargo, cuando pienso en él solo pienso en la violencia necesaria para exterminarle. Estaría muy bien que se me ocurriera una especie de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú como a Kubrick, pero no está en mi ADN”.

Almodóvar está satisfecho. “Creo que es una buena película, perdonad mi falta de humildad”. Y no es poco: en Amarga Navidad el personaje de Aitana Sánchez-Gijón expone que, a veces, como sucedió con Bergman o Fellini, hasta los grandes popes entran en una última etapa menor. 

Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia, en 'Amarga Navidad'.

Aitana Sánchez-Gijón y Leonardo Sbaraglia, en 'Amarga Navidad'.

Se despide analizando que ve complicado el Oscar a mejor película internacional para Sirat (de la que es coproductor) y vaticina que El agente secreto le está comiendo la tostada a Valor sentimental. Pero muy esperanzado con las opciones del Oscar a mejor sonido para Sirat. “Creo que van a ganar. ¡Tres mujeres en sonido, que siempre ha sido tan de tíos!”.

Al contrario que su alter ego-Sbaraglia, Almodóvar dice no conocer las crisis de creatividad. Durante las pausas del rodaje de Amarga Navidad escribió "furiosamante" una novela sobre el fenómeno fanfiction que publicará en septiembre. El truco, dice, es saber cerrar. "Porque si no no terminaríamos ninguna obra. Siempre se te ocurre algo más así que por salud mental es importante cerrarlas. Igual que con un novio o una novia. ay que sustituir. Como decía Chavela, el segundo amor es importantísimo. Y el tercero".