Kleber Mendonça Filho y la fascinación de 'El agente secreto': "A Brasil no se le da muy bien mirar al pasado"
- La película protagonizada por Wagner Mouraa es una de las favoritas de los Oscar y un nuevo hito del cine brasileño
- El thriller político que indaga en el pasado turbulento y en la amnesia histórica del país sudamericano
Brasil ganó el Oscar a mejor película internacional en 2025 con Aún estoy aquí y en 2026 su cine ha roto el molde. El agente secreto, de Kleber Mendonça Filho, sube la apuesta en ambición y originalidad con un festín del thriller político en el que Wagner Moura interpreta a un hombre que escapa de una enrevesada trama empresarial y mafiosa durante la dictadura militar de los años 70.
El agente secreto retrata un tiempo opresivo violento y sensual trazando un fascinante y laberíntico fresco que encierra una relación paterno-filial que simboliza la herencia –y la amnesia- del país americano. Coronada en Cannes (mejor dirección y actor), nominada a cuatro Oscar (película, actor, película internacional y casting), es, de momento, la obra maestra de Mendonça Filho (Pernambuco, 1968), cineasta volcado -tanto en la ficción y como en el documental- en el paso del tiempo, íntimo y colectivo, de su Recife natal.
En una entrevista durante el pasado Festival de San Sebastián, el director reflexiona sobre una película que es simultáneamente lúdica y profunda, realista y artificiosa, nostálgica y vitalista, fatalista y –rebuscando mucho- esperanzadora.
PREGUNTA: El agente secreto llega un año después de que Aún estoy aquí, de Walter Salles, se convirtiera el año pasado en un éxito mundial para el cine brasileño. Y también pone el foco en los años 70 y en la dictadura militar. ¿Es coincidencia o hay algo en el ambiente?
RESPUESTA: Creo que hay algo en el aire. Los últimos 10 o 12 años en Brasil han sido traumáticos en cierto modo, y, probablemente, han revelado heridas que no han sanado completamente porque a mí país no se le da bien mirar al pasado. Algunos países son mejores que otros en eso: Alemania hizo un buen trabajo desnazificándose tras la II Guerra Mundial; Rusia, en cambio, no lo ha hecho tan bien. En Brasil, cuando la extrema derecha comenzó a surgir hace diez años pensé que era realmente extraño y raro que estuvieran trayendo de vuelta cosas que se guardaban en un museo: palabras, actitudes, misoginia, homofobia, racismo interno. Y tal vez eso me llevó a desarrollar este proyecto. No sé por qué lo hizo Walter, el libro de Marcelo Rubens Paiva (en el que se basa Aún estoy aquí) es muy conocido, pero no sé el detonante que le llevó a adaptarlo. Se lo voy a preguntar.
P: Brasil, al contrario de Estados Unidos, sí parece haber respondido judicialmente a la extrema derecha. Sin entrar en spoilers, la película reflexiona de hecho sobre la amnesia histórica a través de la relación de un padre y su hijo.
R: Sí, ahora estamos en una buena situación, pero entre mis amigos nos decimos mucho que todo es muy frágil. Y debemos ser muy cuidadosos con lo que está sucediendo. Sí, Bolsonaro irá a la cárcel, y la extrema derecha está perdida porque intentaban liberarlo y Estados Unidos presionaba para que así fuera. Brasil dijo que no, que no tenía sentido, y, de hecho, esta tensión con Estados Unidos fortaleció más a Lula. Es un momento extraño. En Estados Unidos muchos observadores estadounidenses me dijeron que Brasil es un ejemplo claro de cómo debería funcionar la democracia actual, pero como dije, es frágil.
P: Está claro que disfrutas retratando, Brasil, Recife y los años 70: la textura, música, color.
R.: Nunca he hecho una película ambientada, por ejemplo, en 1900 porque no es lo he vivido. En 1977 tenía nueve años y recuerdo algo. En Doña Clara había una secuencia de 15 minutos al principio de la película, en 1980. Para mí, es casi como un juego: recordar detalles y comprender su impacto narrativo. No se trata de soñar que el pasado era mejor, sino de la reconstrucción histórica de una época. Y eso me parece fascinante porque implica rebuscar en los propios recuerdos y también en la memoria histórica registrada en periódicos, revistas y fotografías. Mis recuerdos sumados una memoria casi científica son lo que hace que la reconstrucción del pasado funcione. Una buena película que comprende el pasado es una herramienta clásica en el cine. Barry Lyndon es una película fascinante, aunque no seas un erudito del siglo XVIII en Europa, y hasta dónde sé Kubrick no vivió en esa época. Me gusta mucho la idea de poder conmover a alguien que no entiende bien por qué es conmovido. Algo es bueno porque es real, tiene textura. Hay películas que se conforman si tienen un sofá viejo en el decorado: se trata del viejo sofá, se trata de actitud y comprender el pasado.
P: Esa textura está llena de vitalidad, violencia, desigualdad social, corrupción. ¿Es la esencia de Brasil?
R: Todas mis películas son muy brasileñas, son la lógica del país. Por ejemplo, cuando el personaje de Anisio (Buda Lira) le quiere mostrar la sala de archivo al personaje de Wagner Sousa y se encuentran al vigilante nocturno follando con una prostituta. En una película estadounidense sería ‘Oh, dios mío. Estás despedido’. En Brasil, es ‘Hombre, ¿otra vez? Vete’. Es una lógica muy brasileña. También la lógica de la corrupción del ‘ayúdame y te ayudo’; nadie va a proponer un acto de corrupción, las cosas son más en plan: ‘¿Vamos a dar un paseo.?’.
P: En la película se filtra también tu cinefilia personal y una reflexión seca sobre el final de las salas de cine.
R: Sí el cine forma parte de mi vida y me ayuda. Cuando se ve la antigua sala convertida en un banco de sangre es algo que encaja con el personaje del hijo, que se convierte en un hombre adulto herido, que ha lidiado con un trauma terrible. Es casi como ver al fantasma. De hecho, no he visto fantasmas en mi vida, pero sí en el cine. Lo utilizó de hecho al mostrar en la película Tiburón, de Steven Spielberg, que fue un fenómeno popular, como en todo el mundo. Pero en Recife, que es costera, ¡tenemos un problema real con los tiburones! Así que para mí fue natural encajar eso con la una leyenda urbana real de los años 70: la pierna peluda que usaban los periodistas como código de censura para hablar de la violencia policial.
P.: ¿Y reconoces en tú película la influencia del cine de los 70? Hay muchos planos con lente partida que remiten a Brian de Palma o Spielberg, por ejemplo.
R.: Hago películas porque muchas películas me han inspirado a hacerlas, así que es natural. Con 14 o 15 años me fascinaban las películas de Brian De Palma o Hitchcock, que veía en VHS, porque dejaban claro que había un director en detrás. Hay películas en las que el director es invisible y eso puede estar bien, pero me gustaban las que pensaba que tenían director. Y, por supuesto, hay muchas referencias al cine brasileño de los años 70. Deberías ver una película llamada Lúcio Flávio, el pasajero de la agonía (1977), de Hector Babenco, una película brasileña muy buena que ha sido una gran referencia,
Kleber Mendonca Filho, junto a la productora Emilie Lesclaux, con el Globo de Oro a mejor película de habla no inglesa. EFE/EPA/CHRIS TORRES