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La ciencia, incompleta sin perspectiva femenina

  • Son mayoría en la universidad, pero solo una de cada cuatro alcanza los niveles científicos más altos
  • Estereotipos y falta de referentes cercanos, barreras clave en la ciencia
Informe Semanal - El talento que se pierde
ELENA SANTOS (INFORME SEMANAL)

“No puedes ser pirata porque eres una chica”. Esta frase, pronunciada por su hija pequeña, impactó a la ingeniera aeroespacial Estel Blay. Fue el empuje que necesitaba para sumarse a la tripulación de Hypatia III, un grupo de científicas que recrea misiones a Marte. Le sorprendió que en pleno siglo XXI, sigan tan presentes ciertos estereotipos de género.

Clichés como este aún influyen en la forma en que muchas niñas y jóvenes se acercan a la ciencia e incluso pueden llevar a la autocensura. Maite López Sánchez, catedrática de Inteligencia Artificial, lleva tres décadas dedicada a un campo que, cuando empezó, apenas tenía visibilidad.

“Durante mucho tiempo he trabajado muy duro, pero sin mucho reconocimiento. Sin embargo, llega un momento en que el propio trabajo cae por su propio peso y te das cuenta de que equivale a una categoría superior a la que tienes. Yo podría estar haciendo lo mismo que mi compañero catedrático. Y ahí te animas a hacerlo”, explica. Aun así, reconoce que no es un camino sencillo y que, en muchos casos, el techo de cristal es social.

Desmontar estereotipos desde las aulas

Las expertas coinciden en que ese techo debe empezar a desmontarse desde la infancia. En una clase de 1º de ESO, la profesora pide al alumnado que describa a una persona de ciencias. “Me imaginaba un chico con una bata, con el pelo rizado, gafas y con experimentos en la mano”, responde Ghita Al Ahrac. Como ella, muchas compañeras siguen asociando la ciencia a una figura masculina.

En el instituto tienen claro que no basta con explicar que hay mujeres científicas, hay que mostrarlas. Por eso desarrollan un proyecto en el que invitan a investigadoras, visitan centros de investigación y trabajan con ellas de forma directa. El objetivo es que el alumnado pueda construir referentes cercanos y reales.

Ese es el primer paso: dejarse llevar por la vocación. El segundo, no rendirse en un entorno donde siguen siendo minoría. En carreras como informática, las mujeres apenas representan el 17%.

Anna Puig, vicedecana de la Facultad de Matemáticas e Informática de la Universidad de Barcelona, explica que trabajan para acompañarlas desde el inicio. “Lo que queremos es retener este talento. Que las pocas que llegan se sientan en un entorno seguro, cómodo y tranquilo, que es el ideal para aprender”, señala.

El 'efecto tijera'

A medida que avanza la carrera científica, se produce el llamado 'efecto tijera3. En el CSIC, las mujeres representan aproximadamente la mitad en las primeras etapas, pero en los niveles más altos solo alrededor del 30% alcanza puestos de responsabilidad.

Lo sabe bien su presidenta, Eloísa del Pino, segunda mujer en dirigir la institución en sus más de 80 años de historia. “Necesitamos a todos a bordo, hombres y mujeres. Los problemas globales son muy complejos y requieren toda la inteligencia colectiva posible”, afirma.

Una pérdida de talento con impacto social

Esta desigualdad condiciona qué y cómo se investiga. “La tecnología no es neutral”, advierte Maite López Sánchez. “Si dejamos a las mujeres fuera de su creación, después el encaje será mucho más complicado”, añade.

En el ámbito sanitario también se han detectado sesgos por la baja participación femenina en ensayos clínicos. Elena Élez, jefa del grupo de Tumores Digestivos del Vall d’Hebron Institut d’Oncologia, lo resume con claridad: “Si estamos evaluando solo hombres, que filtran un fármaco de una determinada manera a nivel renal o hepático, puede que no estemos llegando a una recomendación correcta”.

Las investigadoras coinciden en que, aunque queda mucho camino por recorrer, empiezan a verse cambios. El reto ya no es solo atraer talento femenino a la ciencia, sino evitar que se pierda por el camino.