PhotoEspaña 2026: Chema Madoz eleva la leve poesía de lo cotidiano
- Las fotos del artista pueden verse hasta el 10 de julio en la Galería Elvira Rodríguez
- Sus habituales juegos visuales conviven con una reflexión sobre el paso del tiempo
Los objetos cotidianos sueñan con ser otra cosa, transformarse, viajar, trascender su realidad. La mirada poética del fotógrafo madrileño Chema Madoz les permite alzar el vuelo con un poso de humor y, a veces, un toque de desencanto.
De raíces surrealistas, influenciado por Magritte y las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, su trabajo es intuitivo y parte siempre del hallazgo. Madoz construye una imagen en su cabeza y luego la recrea en tres dimensiones para que los demás podamos descubrir "el misterio en lo cotidiano".
Uno o dos elementos se citan en una imagen en blanco y negro, con una luz natural que le lleva a la infancia y a los sueños. Las combinaciones entre los objetos quiebran la lógica habitual, y sus fotos dan la sensación de ver algo familiar y extraño a la par.
Un yunque con esferas de cristal. FOTO: Chema Madoz
En una entrevista con RTVE.es, Madoz confiesa que su vida ha ido cambiando en los últimos años y ha ido "ampliando también un poco la propia temática, preocupaciones que antes no estaban en mi cabeza. Ahora yo creo que hay imágenes giran en torno a ellas, tal vez el fracaso o la enfermedad, problemas de la edad que, con el paso del tiempo, han afectado a casi todo".
Menciona que en sus inicios su obra estaba influenciada por Marcel Duchamp, llegado a la madurez, frente a un cierto sentimiento de derrota, intenta "pasar todo por el tamiz del humor o de la ironía. A lo mejor hay una mirada en alguna de las imágenes que pueda ser un poco trágica, pero siempre manteniendo ese desdoblamiento a la hora de intentar plasmarla".
De la fotografía analógica ha pasado a la digital, pero una forma le sigue recordando a otra. En el mundo onírico de Madoz un jarrón puede jugar a ser un bolo, aunque acabe roto en mil pedazos, o una jarra convertirse en una seductora mujer de espaldas con un ajustado vestido negro.
Una jarra con una cadena. FOTO: Chema Madoz
Elogio de la levedad
El fotógrafo madrileño cree que "las imágenes que respiran una cierta levedad y una cierta sencillez son más efectivas que otras en las que se trasluce que hay mucho más trabajo detrás. Eleva las expectativas del espectador de que si has invertido tanto trabajo es para poner en pie una idea que realmente merece la pena".
Cuenta que está leyendo La tentación del fracaso del peruano Julio Ramón Ribeyro con una escalera en la portada, que Madoz replica en una de sus fotos dentro de un zapato de tacón. Indica que el stiletto evoca el ascenso social y la sensación de subir o ver el mundo desde una posición más elevada.
Las mariposas revolotean en cuatro fotografías, en la primera sostienen un trapo tendido al viento como si fueran pinzas de la ropa, varias acaban en un recogedor inertes como piezas de un puzle, una mariposa solitaria rompe el cascarón y sale volando de un huevo, mientras que otra se posa sobre un guante de cetrería. Naturalezas muertas que van más allá de lo objetual.
Una mariposa rompe el cascarón. FOTO: Chema Madoz
Preguntado por la ausencia de la figura humana en su obra, apunta que es una decisión formal porque su trabajo "se basa principalmente en el límite. He centrado la mirada en todos estos objetos que nos rodean, pero que yo creo que reflejan todo lo que nos interesa: nuestros sueños, nuestras aspiraciones, nuestras preocupaciones. En definitiva, el trabajo está hablando de la persona, aunque no aparezca como presencia. Esa ausencia la pone en evidencia también".
El paso del tiempo está muy presente en la muestra desde la reproducción del Espinario que se arranca la manecilla de un reloj a una tumba excavada en forma de cruz, una calavera negra que luce una dentadura perfecta o un barco que se hunde dentro de una botella. La contemplación, el infinito y la sabiduría de la naturaleza se dan la mano en un jardín zen muy particular.
Caracola en el jardín. FOTO: Chema Madoz
"El caso es que no me considero coleccionista, pero si entras al estudio hay una acumulación importante de objetos. Por un lado, no tengo esa sensación de ser especialmente fetichista, pero son objetos necesarios para mi trabajo y que voy acumulando", explica a RTVE.es. Sobre su relación con los objetos, subraya que le interesa su capacidad simbólica por eso no aparecen gadgets tecnológicos en sus fotos.
Al igual que los poetas construyen con las palabras y la gramática, Madoz escribe sus versos con las cosas: “Para mí, de alguna forma cada objeto lleva encadenada una palabra o conceptos que vienen determinados por su uso, forma o capacidad de evocación. Jugar con ellos a la hora de determinar su posición o interrelación con los demás altera y multiplica los posibles significados. Abre brechas en la percepción y nos pone en bandeja una idea de realidad que resulta tremendamente maleable".
Un barco Calder. FOTO: Chema Madoz
Fiel a su propio camino, Chema Madoz continúa su investigación en torno al objeto y sus múltiples lecturas. No le gusta poner palabras a sus imágenes porque supone "reducirlas" y prefiere hablar de "capas de significado" superpuestas que no se agotan en una única interpretación.
Figura central de la fotografía contemporánea, Madoz ha elaborado un lenguaje propio que parte del objeto para construir imágenes conceptuales que juegan con la escala y la perspectiva. En 1999 el Reina Sofía presentó Objetos 1990–1999, primera retrospectiva de un fotógrafo español vivo. En 2000 recibió el Premio Nacional de Fotografía y ese mismo año fue el primer artista español galardonado con el Premio PhotoEspaña.
En octubre se inaugurará en la sala del Canal de Isabel II, la exposición Manual de un distraído, una selección de 94 fotografías realizadas entre los años 2015 y 2025. Algunas de las imágenes se repetirán como una araña enredada en su propio hilo, con la que Madoz bromea que se parece a él, dándole vueltas a una idea una y otra vez.
Detalle de una araña. FOTO: Chema Madoz
La Galería Elvira González expone 33 fotos de Chema Madoz de los dos últimos años (2024-2025) que pueden verse hasta el 10 de julio, en el marco del Festival Off de la XXIX edición de PhotoEspaña.
"Me gustaría que el espectador saliera de la sala con la conciencia de que para viajar no necesita desplazamientos, que todo aquello que nos rodea es susceptible de ofrecernos otra cara con tan sólo cambiar nuestro punto de vista, o que la poesía puede habitar en nuestra propia habitación".