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El avispero iraquí, pieza clave en el puzle de Oriente Medio: las lecciones que no ha aprendido Trump

  • Hace 23 años, EE.UU. bombardeó Bagdad iniciando una guerra que marcó las siguientes décadas
  • El conflicto costó más de 4.500 muertos estadounidenses y más de 200.000 iraquíes
El avispero iraquí, pieza clave en el puzle de Oriente Medio

Fue la madrugada de hace 23 años. Estados Unidos comenzaba sus bombardeos sobre Bagdad, el inicio de una guerra que marcaría las siguientes décadas. Durante meses, la Administración Bush trató de convencer a la comunidad internacional de que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva y logró armar una coalición de países, entre ellos, España, que apoyó el ataque.

Numerosos especialistas avisaban de los riesgos que implicarían para toda la región, pero Bush estaba convencido de que la empresa sería corta.

Casi un cuarto de siglo después, EE.UU. se ha embarcado en otra guerra en Oriente Medio para la que no parece haber una salida fácil. Y menos aún, teniendo en cuenta que sus objetivos son, a todas luces, diferentes de los de Israel.

Trump no ha escuchado, o no conoce, las lecciones que ofreció de Irak: el último soldado estadounidense salió en 2011, ocho años después del inicio de la guerra, y el conflicto costó más de 4.500 muertos estadounidenses y más de 200.000 iraquíes.

Irán es, además, un país más poderoso que el Irak de Sadam Husein. Frente a los 26 millones de habitantes que tenía Irak, Irán tiene 92 millones. La geografía de Irán es mucho más compleja de lo que es la de Irak. Y el ejército iraní, especialmente, la Guardia Revolucionaria, es mucho más sofisticado y está mejor preparado de lo que nunca estuvo el de Sadam. Pero, incluso, aceptando que el régimen se desmoronase, el escenario que podría venir después es el del puro y duro caos.

En caos tras la invasión

Algunos, inocentemente, pensaron en aquellos días que la entrada de tropas estadounidenses sería un camino de rosas, y que la población aceptaría la invasión de buen grado. Pero nada de eso pasó. Cuando el régimen de Sadam Husseín se desmoronó, el país cayó en un caos.

Se tardó tres años en construir un débil gobierno. Crecieron las milicias sectarias, chiíes y sunníes, y las étnicas, como las kurdas. Ni siquiera la captura de Sadam en noviembre 2006, ni la presencia militar de la coalición, logró calmar las aguas.

En 2007, el número de muertos por violencia se disparó. Estados Unidos perdió a 904 soldados y tuvo 6.000 heridos. Pero lo peor se lo llevó la población: más de 17.000 civiles murieron en combates y atentados. Había pasado cuatro años desde la invasión e Irak estaba instalado en una guerra civil y sectaria.

Caldo de cultivo yihadista

Los militares de Sadam, la mayoría de ellos sunníes, huyeron y se unieron a los grupos yihadistas, que encontraron en Irak el caldo de cultivo para crecer y atacar. La rama iraquí de Al Qaeda surgió poco después de la invasión, dirigida por Abu Musab Al Zarqawi, utilizando un doble argumento: la lucha contra la ocupación occidental y contra la comunidad chií, que había alcanzado grandes cuotas de poder. Sus atentados fueron constantes en el país, y la persecución de comunidades no musulmanas suníes fue común, con decapitaciones y masacres.

De Al Qaeda en Irak nació otro gran grupo yihadista, resultado también del caos en el país: el autodenominado Estado Islámico, o DAESH. Esta organización surgió en la coalición entre antiguos miembros de Al Qaeda en Irak, militares suníes de Sadam y tribus suníes iraquíes. Llegaron a hacerse con el control de importantes ciudades del país, como Mosul y Nayaf y, para detenerlos, fue necesaria una coalición de países. El caos de la invasión y la descomposición del país había dejado terribles escenarios.

Irán y el poder chií

De ese caos emergió también el poder chií de Irak. Eran mayoría en Irak, pero estuvieron perseguidos durante el mandato de Sadam. Su caída supuso la oportunidad para alcanzar el poder, y lo aprovecharon.

Irán aprovechó el momento para ampliar su influencia y de con ese resultado encuentra hoy armas para responder a Estados Unidos e Israel. Hoy, decenas milicias chiíes operan en el país, la mayoría, entrenados por la Guardia Revolucionaria.

Se organizan en torno a una coalición de 67 grupos, las Fuerzas de Movilización Popular. La más importante es Kateeb Hezbollah. Tiene unos 10.000 combatientes y fue creada en 2003 por Irán a imagen y semejanza del Hezbollah Libanés. Junto a ellas, destacan Asaib Ahl al Haq, con 8.000 combatientes y Harakat Hizbulá al Nujaba, con 7.000.

Todas ellas, apoyadas, entrenadas y financiadas por Irán. Forman parte del que fue el “Eje de la resistencia”, el paraguas paramilitar y militar en Oriente Medio que tenía Irán en caso de ataque.

Esas milicias son ahora una herramienta del régimen en esta guerra que utiliza para atacar a los objetivos estadounidenses, especialmente en la zona del Kurdistán iraquí. Su objetivo es hacerles pagar un precio por enfrentarse a Teherán.

Y todo ello empezó hace ahora 23 años en un país significativamente menor que Irán. Las consecuencias se pagaron durante décadas. En 2018, Trump señaló que “el peor error cometido jamás en la historia de nuestro país fue meterse en Oriente Medio por parte del presidente Bush”. Quizás este sea aún peor.