'Vanpiro esiten', o cómo el blues de 'Los pecadores' es el favorito para morder en los Oscar 2026
- Con 16 nominaciones, la que más en la historia, la película de Ryan Coogler coge posiciones frente a Una batalla tras otra
- Sita en el Misisipi segregado de los años 30, convierte el vampirismo en metáfora de la usurpación de la cultura negra
Entre Abierto hasta el amanecer y Django desencadenado, entre la historia de los mitos bluesmen Howlin’ Wolf y Robert Johnson, Los pecadores, la película de Ryan Coogler, es el filme con mayor número de nominaciones en la historia de los Oscar. Dieciséis. Por encima de Titanic, La La Land, Eva al desnudo o Forrest Gump. Incluso Variety y Hollywood Reporter creen que este domingo dará la campanada a 'Mejor Película' por delante de Una batalla tras otra. Quién sabe. Lo que sí se sabe es que ha sido un portento en taquilla. ¡Y hablamos de una película sobre el blues! Ese género tan en boga… Entonces, ¿por qué este boom?
Quizá, lo primero, porque está bien valorada. Si entran en Filmaffinity, verán que la mayoría de las reseñas de los considerados expertos son positivas. Y, además, el público secunda. Forbes, en su reportaje ‘La taquilla también vota’, apunta a una recaudación a finales de enero, cuando se produjeron las nominaciones, de casi 370 millones de dólares, de los cuales 280 procedían del mercado doméstico estadounidense. Y observaba, por ella y otras: “Esto subraya un cambio de ciclo: el reconocimiento crítico y el éxito económico ya no son fuerzas opuestas, sino variables cada vez más compatibles”.
Pero, ¿de qué va la película y por qué ha conectado tanto con crítica y público? Los pecadores transcurre en el Delta del Misisipi en 1932, en la época de la segregación racial. En este contexto, dos gemelos, Smoke y Stack, ambos interpretados por Michael B Jordan, regresan a su ciudad sureña después de ejercer como gangsters para Al Capone en Chicago. Quieren abrir un club de blues, para que los suyos bailen y sean libres después de recoger algodón, con la amenaza latente del Ku Klux Klan siempre ahí. Y para amenizar la apertura piensan en su primo pequeño, el joven guitarrista Sammie Moore…
Crossover de géneros
Se trata de un crossover de géneros: hay acción, drama, comedia, gore, fuerte denuncia político-social, historia, terror, musical… y vampiros. ‘Vanpiro esiten’, que reza la pintada. Y son, concretamente, los pálidos, los blancos, que median contra la negritud a través de una doble vía. Por un lado, a través de la brutalidad del Ku Kux Klan ya mentado. Y, por otro, de una manera más sibilina y tentadora: la apropiación cultural y el borrado del mercado que chupa tu sangre, tu alma, tus valores.
Así, en una era de reiterativas sagas de superhéroes, Los pecadores se ha percibido como una película original, puro entretenimiento pero con cierta poesía en su forma y una carga de simbología que le ha llevado a que The New York Times, a través de una historiadora del arte, por ejemplo, examine sus elementos clave para entender las distintas capas de una obra con evidente carga política. Los amantes de las alegorías, el subtexto y los arquetipos están de suerte. Y todo eso los Oscar lo valoran.
Cine afroamericano en medio del ICE
Además, su joven director parece encarnar en sí mismo la gallina de los huevos de oro (que no los Globo de Oro, que se los llevó Una batalla tras otra). Con solo 39 años, en su ya quinta película tras Fruitvale Station, Creed, Black Panther y Black Panther: Wakanda Forever, Ryan Coogler ha vuelto a cubrirse de gloria en términos pecuniarios, en su obra más arriesgada además… de un realizador que la primera película que vio en el cine con su padre a los cinco años fue Boyz n the Hood, de John Singleton, la historia de tres amigos afroamericanos que viven en el mismo barrio marginal de Los Ángeles y que sufren el impacto de la violencia en su vida… A Spike Lee, Los pecadores le ha fascinado.
Cine político, así, en la senda de Jordan Peele, el de Déjame salir, que en estos tiempos del ICE causando terror resuena con más fuerza si cabe. Porque, además de retratar una concreta realidad histórica vemos como el vampirismo que irrumpe también es una metáfora pero también la música es otra, el dinero… "El giro de la película hacia los vampiros es una visión sobrenatural de las trampas de la vida real preparadas para los grandes músicos negros. Coogler transforma la leyenda del blues pseudofáustico en una alegoría del horror histórico", advierte The New Yorker.
Para Coogler, Los pecadores es una canción de blues de dos horas y pico. Con la banda sonora de un amigo sueco, Ludwig Göransson, que ya conoce las mieles de los Oscar con Oppenheimer, y en donde hay gospel, country, funky y mucho blues, claro. Y una escena en el ecuador de la cinta en la que el cineasta, mientras suena "I Lied to You", hace un repaso a la historia de la música de sus raíces en Estados Unidos, pues hay guiños orientales, y que va desde la percusión africana hasta los scratches y el sampleo de un deejay en homenaje a la cultura hip-hop aún ahí futurista.
Un gran tapiz de la música negra norteamericana
Porque esta escena muestra el gran tapiz que es la música negra americana en clave, cómo no, de orgullo. Unas músicas que surgen de una herida que aún mana, la de los esclavos llevados a la fuerza y los descendientes de aquello. Sin olvidar a los chicos pálidos para la máquina, que cantaban Ilegales, traducido aquí para la “máquina industrial” que supusieron los Yardbirds, los Beatles o los Rolling Stones, por ejemplo, que, desde la admiración, como Rosalía con el flamenco, llevaron estos sonidos a las masas adolescentes.
La película se le ocurrió a Coogler un día mientras lavaba platos en la casa de Oakland que comparte con su esposa, Zinzi (productora de la misma) y sus dos hijos pequeños. Estaba escuchando "Wang Dang Doodle", un blues clásico sobre una fiesta en un bar de mala muerte, con Howlin' Wolf. Y ahí dejó caer el estropajo y empezó a escribir esta historia sobre la importancia de la música para su comunidad y también la interactuación entre los negros, blancos y nativos americanos en esta zona del Delta del Misisipi.
Pero no se puede predecir nada con contundencia, por supuesto. En los Globos de Oro, Paul Thomas Anderson y su Una batalla tras otra triunfó. Y en muchos otros premios. Las casas de apuestas, de hecho, siguen dándola como favorita en sus métricas (y la española Sirāt', en Mejor Película Internacional, está la última).
Aparte, si le echan un vistazo las películas de terror no suelen resultar premiadas (en este caso no es una película de género, no obstante). Y, normalmente, las cintas que juegan más fuerte en los Oscar no se estrenan con tanta antelación (Los pecadores lo hizo en mayo), sino que llegan en los últimos meses del año anterior para arrancar con pulso la temporada de premios.
Pero algo parece estar cambiando en esta recta final. El 'pendulazo' puede estar gestándose. En una última década y media en donde las películas que abordan conflictos raciales de la comunidad afroamericana han sido condecoradas. 12 años de esclavitud y después Moonlight.
Otros potenciales hitos históricos
Desde The Hollywood Reporter sostienen que, aunque la película con más nominaciones (o una de las películas empató con más nominaciones) ganó 'Mejor película' solo seis veces en de las 16 ediciones desde que se cambió el criterio de votación, el hecho de tener bastantes más nominaciones que ninguna otra de sus rivales se analiza como una declaración anticipada de intenciones.
Tanto los especialistas de esta revista como los de Variety ponen a Los pecadores como favorita, de hecho. Se han mojado porque es salirse del carril. Porque Una batalla tras otra ha hecho todo lo necesario para ser declarada favorita indiscutible, vaya. Y, con todo, "un número cada vez mayor de expertos de la industria creen que está mejor posicionada que Una batalla tras otra”, apuntan. Aparte de recordar el nuevo hito histórico que supondría que una mujer negra, su productora Zinzi Coogler, fuera la primera en ganar a Mejor Película. Así como a mejor director para el propio Coogler, por supuesto.
Pronto sabremos si este blues vampírico pega la gran mordida.