La operación Furia Épica avanza en Líbano y obliga a huir a su población: "No parece haber luz al final del túnel"
- El Ejército israelí penetra por siete puntos de la frontera terrestre en Líbano y ordena la evacuación de varias zonas
- DIRECTO: sigue la última hora de los ataques de EE.UU. e Israel a Irán
Jamal Cheaib atiende con una voz cansada una llamada de RTVE Noticias. "Estoy bien", dice el hombre de 54 años nada más comenzar la conversación. El lunes por la mañana temprano, tras una larga noche de explosiones, él y su mujer decidieron abandonar su casa en Sidón, la tercera mayor ciudad de Líbano situada en la costa mediterránea, a unos 40 kilómetros al norte de Tiro y a 50 km al sur de la capital, Beirut. "Cogimos algunas cosas básicas, algo de comida y los papeles", relata. Cargó lo poco que pudo en el coche y se lanzó durante casi 12 horas a una carretera que en las últimas horas se ha convertido en un embudo de desesperación.
El martes, Israel ordenó la evacuación de 83 pueblos del sur del país de los cedros, y este miércoles ha ordenado desalojar otros 16. El fuego de la artillería ha escalado exponencialmente sobre el territorio libanés. Tel Aviv ya no solo bombardea, sino que ha comenzado una invasión terrestre en la Suiza de Oriente Medio. Las tropas de Israel han penetrado en el sur del país con tanques y soldados para establecer nuevas posiciones y "prevenir ataques contra las comunidades fronterizas", según el ministro israelí de Defensa. Lo que comenzó el pasado sábado como la Operación Furia Épica —una ofensiva masiva de Estados Unidos e Israel contra Irán que ya ha afectado a 12 países— ha cruzado ya todas las líneas rojas del suelo libanés. Ante la magnitud del avance, el Ejército libanés se ha visto obligado a replegarse, abandonando posiciones que ahora son ocupadas por las fuerzas militares israelíes (IDF). El repliegue de los soldados nacionales deja a la población civil en un abandono total.
"La situación ahora mismo es la de miles de personas huyendo de sus hogares", explica la directora de Save the Children en Líbano, Nora Ingdal, quien atiende a este medio desde su coche tras visitar refugios colectivos en escuelas. "Huyen en medio de la noche cuando los ataques alcanzan sus aldeas o los suburbios del sur de Beirut. Llevan solo lo que pueden cargar", matiza. Cheaib habla con una resignación que sobrecoge y advierte que pronto "no habrá ningún lugar seguro en el Líbano". "Bombardearon mi zona, de barrios residenciales", relata, y asegura que él y los que han huido no son combatientes. "Solo soy un padre de dos niños".
El cansancio en su voz es el de quien ha pasado toda una vida midiendo el tiempo en ciclos de reconstrucción y ceniza. Han conseguido llegar a las montañas de Aley, una localidad conocida popularmente como la "novia de los veranos" por ser un destino atractivo para el turismo local, pero hoy convertida en refugio. Ingdal confirma esta saturación, "las calles están abarrotadas, el tráfico es terrible. He hablado con una mujer que tardó 15 horas en coche desde el sur para llegar a un lugar seguro", asegura. La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ya cifra en 30.000 las personas desplazadas en apenas unas horas, un flujo humano que colapsa las carreteras hacia Beirut y el norte. Este "gran éxodo" recuerda a la crisis de septiembre de 2024, cuando 1,2 millones de personas abandonaron sus hogares.
"Notamos que un gran número de las víctimas son niños"
Para este padre de familia, la narrativa de los "objetivos de precisión" que se emite en los partes del Ejército de Tel Aviv no corresponde con la realidad sobre el terreno. "Llevamos más de un año en vilo. Nadie sabe cuándo se va a producir un bombardeo ni dónde están los objetivos cerca de las casas. Las infracciones se dan cerca de las escuelas, de los centros de salud y de los hogares de civiles. Los asesinatos se producen a diario. Hemos vivido operaciones de voladura de casas, infiltraciones y colocación de explosivos. Se comportaban como si nada los detuviera", hace una pausa, y continúa: "Notamos que un gran número de las víctimas son niños".
La infancia es, como siempre, la cara más amarga de la tragedia. "Todas las guerras son una guerra contra los niños", sentencia Ingdal. "Sienten la incertidumbre en sus propios cuerpos. Miran a sus padres y preguntan: '¿Qué está pasando, mamá? ¿A dónde vamos, papá?", dice la directora de Save the Children, que confirma una cifra estremecedora: al menos 20 niños han sido asesinados en menos de 48 horas. "Las leyes de la guerra prohíben bombardear áreas civiles densamente pobladas; los niños no deberían ser nunca un objetivo", recuerda el derecho internacional.
Además, Cheaib denuncia el abandono institucional "absoluto" del Estado libanés. Mientras las bombas golpean Beirut y el sur, la ciudadanía queda abandonada a su suerte y en un país económicamente muerto. "Incluso este Gobierno no ha organizado el tráfico para la llegada de la gente a lugares seguros. No han acompañado a estos desplazados ni han asegurado convoyes para la gente, ni equipos de ambulancia o socorro". Una vez a salvo, la tragedia continúa; Jamal se ha topado con una nueva guerra: la económica. "Quien puede alquilar una casa, alquila. Y desde ayer hay una subida muy grande en los alquileres. No había ocurrido nunca antes. Los precios se han disparado. Estamos viendo gente viviendo en la calle, mientras otros están en centros religiosos con los niños, o en su coche a los lados de la carretera", concluye.
La paz que nunca fue: "15 meses de agresiones constantes"
La nueva escalada militar iniciada por Estados Unidos e Israel contra Irán llega a su quinta jornada sin un límite temporal ni unos objetivos claros. El asesinato del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, el pasado sábado ha desatado una reacción en cadena. Irán ha respondido bombardeando Israel —donde ya se cuentan nueve muertos— y bases estadounidenses en Arabia Saudí, Kuwait, Baréin, Catar y Emiratos Árabes Unidos. El conflicto ha saltado incluso en Chipre, donde un dron iraní ha alcanzado una base británica.
Y en este tablero, Líbano es el frente más castigado. Hizbulá, que justifica sus ataques como una "venganza" por Jameneí y una respuesta a 15 meses de agresiones constantes a pesar del supuesto alto el fuego de 2024, ha lanzado cohetes contra el norte de Haifa y bases aéreas israelíes. La respuesta de Israel ha sido descabezar a la organización matando al jefe del programa de armamento, Reza Juzai, y al jefe de inteligencia de la milicia. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ha sido tajante al amenazar al secretario general de Hizbulá, Naim Qassem y dijo que "cualquiera que siga el camino de Jameneí, se encontrará con él en el infierno".
"Básicamente, tras 15 meses del acuerdo de alto el fuego de noviembre de 2024, Israel continuó con sus violaciones", intenta explicar Nour Nahhas, periodista e investigadora freelance en Beirut. Para ella, el mundo ha vivido en "una mentira diplomática". "Israel bombardeaba infraestructura, pero también zonas residenciales, civiles... violando el espacio aéreo y todavía ocupando cinco puntos en el sur", añade.
La joven periodista de 30 años cuenta que ha nacido en un país "atrapado". Por un lado, por la presión externa; por otro, por una crisis interna que no da tregua. "La población libanesa está exhausta. Han sido seis años de crisis ininterrumpida. Y ahora esto. Especialmente en las últimas dos semanas, porque se están aprobando nuevas leyes financieras que van a obligar a la población a pagar por el colapso", matiza. "Esta incertidumbre es lo que más traumatiza a los niños", añade Ingdal. "Muchos están traumatizados otra vez porque la última guerra terminó hace solo un año y medio. Tienen miedo de que esta dure aún más", denuncian de la organización especializada en la infancia.
Uno de los puntos en los que pone el acento es la fractura total dentro del poder libanés. El primer ministro Nawaf Salam ha calificado de "irresponsable" el ataque de Hizbulá y su gabinete ha emitido una resolución histórica para prohibir las actividades militares de Hizbulá y exigir la entrega de sus armas al Estado.
Un país sin salida
Pero Nour señala la imposibilidad de ejecutar esta orden. "Hay una disputa entre el primer ministro y el jefe del Ejército, Rudolf Heikal. El Ejército no quiere una confrontación directa con Hizbulá", explica la investigadora. "Es el fantasma de una guerra civil dentro de una invasión extranjera", señala. Mientras, la situación es crítica. Israel ha ordenado la evacuación de más de 80 poblaciones del sur del país. Los ataques ya dejan al menos 52 muertos y 335 heridos, según el Gobierno libanés. La infraestructura básica se desintegra.
“ El Ejército no quiere una confrontación directa con Hezbolá“
"Mucha gente está atrapada en las carreteras, quedándose sin combustible debido a la guerra con Irán y el impacto en los precios", explica la periodista. La guerra regional corta el suministro de energía, lo que impide que la población huya de la invasión terrestre local. A sus 54 años, Jamal Cheaib ha visto a Israel entrar y salir del Líbano repetidamente. Para él, esta nueva agresión es simplemente la confirmación de una naturaleza que no cambia.
"Quien vive en el sur del Líbano conoce la naturaleza de este enemigo. En cualquier momento puede realizar una masacre. Toda la gente lo sabe", sentencia. Cheaib rechaza frontalmente la idea de que Israel esté bombardeando solo a una organización. "¿Por qué cuando bombardean otros países dicen 'bombardearon ese país', pero en el Líbano dicen que bombardean a Hizbulá? Israel agrede al Líbano. Israel ocupa tierras y detiene a ciudadanos arbitrariamente desde el 48", denuncia.
A pesar de dormir en un coche, de que sus hijos hayan perdido el acceso a la educación y de que el Estado se haya replegado de la frontera, Jamal se aferra a una fe histórica: "Estamos seguros de que este país permanece. Israel no puede hacer nada. Probó durante 40 años y no pudo. Volverá y se retirará, a su pesar y por la fuerza, y no por las negociaciones", concluye. Desde las montañas vuelve la mirada hacia el sur, esperando el momento en que el derecho a vivir en su tierra venza más fuerte que la Operación Furia Épica que hoy lo ha convertido en un extraño en su propio país.