China, la conquista por el Ártico y la 'Ruta Polar de la Seda'
- La potencia asiática también ha intentado explotar en parte sus tierras raras
- Pekín está construyendo petroleros y graneleros resistentes al hielo, capaces de navegar en el Ártico
La rivalidad entre China y Estados Unidos va más allá de la economía, el comercio y la tecnología; también es geopolítica. Las dos mayores economías del mundo buscan ampliar su influencia en el planeta y las ambiciones del presidente estadounidense, Donald Trump, por controlar Groenlandia han puesto el foco global en otro anhelo de conquista por parte de las grandes potencias mundiales: el Océano Ártico.
Cuando Donald Trump amenazó con anexionarse o comprar Groenlandia, la Casa Blanca publicó el 24 de enero en la red social X (antiguo Twitter) un mensaje que ponía "abraza al pingüino", y una imagen creada con IA en la que se ve al presidente Trump caminando por la nieve con un pingüino que porta la bandera de Estados Unidos, mientras la de Groenlandia ondea en las montañas del fondo.
Muchos internautas recordaron que en la isla danesa no hay pingüinos. Y ese mismo día, la agencia china de noticias Xinhua fue más allá con otro tuit, en el que escribía: "Incluso si hubiera pingüinos en #Groenlandia, sería así…". En esta ocasión lo ilustraba con un vídeo que recrea con inteligencia artificial, sobre el mismo fondo, al Tío Sam con un bate de béisbol y arrastrando por la nieve a un pingüino contra su voluntad, con una correa al cuello. Pero, más allá de la crítica a través del humor, ¿cómo ve China esas ambiciones territoriales?
Lo analizamos con Wang Wen, decano y catedrático del Instituto Chongyang para Estudios Financieros de la Universidad Renmin de China. "Desde la perspectiva de China, el presidente Trump es ahora el típico imperialista del siglo XIX, que quiere controlar el hemisferio occidental. Su primer paso fue secuestrar al presidente de Venezuela y el segundo es controlar Groenlandia", nos responde el profesor, en una sala de reuniones de la Universidad Renmin, en Pekín. Poco después, nos mostrará con orgullo una foto saludando a Xi Jinping, en un simposio de 2016 presidido por el presidente chino, en el que Wang Wen fue uno de los ponentes.
La estrategia de Washington es contraproducente
Para el profesor Wang, la estrategia de Washington es contraproducente. "Él quiere su tan manido "hacer a América grande otra vez", pero su estrategia para conseguirlo es de un estilo muy anticuado, del siglo del imperialismo. Lo que Trump ha conseguido es hacer a China grande otra vez. Porque Trump ha actuado de forma totalmente errónea, ha hecho que a cada vez más países y más gente de todo el mundo les guste China", nos explica, esbozando una sonrisa de satisfacción.
El intento del presidente estadounidense de hacerse por la fuerza con Groenlandia debilitaría a la OTAN, según el experto chino. "Crea una contradicción dentro de la propia OTAN. El objetivo original de la Alianza Atlántica es defenderse de cualquier país que no sea miembro; pero ahora el mayor enemigo de la OTAN es el Estados Unidos de Trump", zanja Wang Wen.
Actualmente, la participación de China en Groenlandia es limitada, pero el gigante asiático lleva años invirtiendo en la isla. Entre 2012 y 2017, China invirtió en Groenlandia más que ningún país del Ártico; su inversión directa representó más del 11% del PIB del territorio. La potencia asiática también ha intentado explotar en parte sus tierras raras; pero tanto Dinamarca como Estados Unidos le han puesto freno.
"No tenemos pruebas de una acción estratégica nacional de China en Groenlandia. Si otros países encuentran que en Groenlandia hay inversión privada china, lo que demuestra es que Groenlandia necesita cada vez más inversión externa. ¿Por qué los demás países no hicieron más inversiones allí que el sector privado chino? Es algo que tenemos que repensar", cuestiona el experto de la Universidad Renmin.
Las consecuencias para el gigante asiático
En el caso de que Washington se hiciera finalmente con el control de Groenlandia, las consecuencias para la segunda economía del mundo no serían dramáticas. "Creo que incluso si el presidente Trump ocupara Groenlandia, no podría detener el crecimiento sostenido de China. Nosotros todavía podemos continuar nuestro proceso de crecimiento y mantener nuestra cooperación con cualquier país. La estrategia en Groenlandia del presidente Trump no puede cambiar el futuro de China", concluye, con rotundidad, Wang Wen.
Donde China sigue invirtiendo es en el Ártico. La importancia estratégica del océano más pequeño y más septentrional del planeta ha aumentado durante la última década, impulsada por la aceleración del cambio climático. El deshielo abre nuevas vías marítimas y China está interesada en establecer una nueva "Ruta Polar de la Seda". Por primera vez el año pasado, un buque portacontenedores chino viajó del puerto de Ningbo a través del Mar del Norte, recorriendo la costa ártica rusa, hasta llegar a Felixstowe, en Reino Unido.
El viaje duró, según los medios estatales de China, 20 días. Es la mitad del tiempo que invierte habitualmente por la ruta del Estrecho de Malaca, ubicado entre Indonesia, Malasia y Singapur, aliados de Estados Unidos. Por eso, el interés de China en el Ártico no es solo económico, sino también estratégico. De hecho, Pekín publicó en 2018 un libro blanco sobre el Ártico, en el que se hacía una referencia expresa al objetivo de construir una 'Ruta Polar de la Seda' a través de rutas marítimas.
"La implicación de China en el Ártico ha traído más inversión, más comercio, más puertos marítimos y más desarrollo. Creo que la capacidad de China en alta tecnología es ahora mucho más fuerte que antes y puede aportarla en el desarrollo del Ártico; por ejemplo, con satélites, señales, inteligencia artificial… Por eso, Rusia necesita a China y ve con buenos ojos que se involucre en el Ártico. En el futuro, quizás podríamos explorar un nuevo estilo de cooperación multilateral, entre los países alrededor del Ártico", asegura el experto chino Wang Wen.
China no tiene salida a ese codiciado océano
Curiosa expresión la de "países alrededor del Ártico", porque China no tiene salida a ese codiciado océano, cada vez menos helado; pero el coloso asiático no quiere perderse una parte del pastel que se disputan las otras grandes potencias, Estados Unidos y Rusia, con acceso directo al océano glacial. Por eso, China, gran potencia naval y tecnológica, ha aumentado su cooperación con Rusia, país costero y aliado, en distintas áreas, como el desarrollo energético, la construcción de infraestructuras, el sector naval y la seguridad.
La exploración del Ártico requiere, además de tecnología avanzada, una importante inversión, que el gigante de Asia puede permitirse. Sus estrategias de diplomacia e inversión de recursos están resultando eficaces y le están permitiendo participar en la gobernanza del Ártico. En la búsqueda de nuevas oportunidades económicas en la región, China está construyendo petroleros y graneleros resistentes al hielo, capaces de navegar en el Ártico, así como aeronaves que puedan volar en las duras condiciones climáticas polares.
En 2025, China lanzó una expedición al Ártico con un sumergible rompehielos tripulado, organizada conjuntamente por el Ministerio chino de Recursos Naturales y la Academia China de Ciencias. El rompehielos Tansuo-3, primer buque nodriza para sumergibles tripulados del mundo, transportó al primer sumergible tripulado de aguas profundas diseñado y construido íntegramente en China, el Fendouzhe, que se puede traducir como "Luchador".
Durante 56 días, el "Luchador" completó con éxito 43 inmersiones en el Ártico y realizó operaciones coordinadas submarinas con otro sumergible tripulado de aguas profundas, el Jiaolong. La misión alcanzó una profundidad máxima de 5.277 metros en la cuenca central del Ártico, donde la cobertura de hielo supera el 80 %. Según la televisión estatal CCTV, esa expedición convirtió a China en el único país capaz de realizar inmersiones tripuladas continuas en aguas profundas en regiones árticas de hielo denso. Pekín asegura que se trataba de una misión científica; pero sus rivales recelan de que China navegue en las profundidades del Ártico con otros intereses de carácter geoestratégico.