Los Goya del Corán, los ateos (y los católicos): duelo espiritual y terrenal entre Oliver Laxe y Alauda Ruiz de Azúa
- El director de Sirāt, religioso y cercano al Islam, y la directora de Los domingos, atea, son favoritos en la gala
- Especial Premios Goya
Minuto 28 de Sirāt. Una de las raveras (Stefania Gadda) se acerca a un pequeño cobertizo cúbico solitario. Dentro, nadie, solo una televisión encendida que retransmite una multitud de peregrinos musulmanes circunvalando la Kaaba de La Meca -otro cubo, la casa de Alá-, mientras la señal emite una recitación coránica. La ravera mira la tele y el plano de la Kaaba se hace más cercano. La recitación de la sura pasa de la televisión a ser la banda sonora en primer plano de la película mientras los vehículos avanzan por el desierto. Es la sura 19, versículos 97 y 98: te he facilitado el Corán en tu lengua, para que anuncies la buena nueva a los justos y adviertas a tus enemigos. Es entonces cuando aparece el título de la película sobre la pantalla.
Oliver Laxe, un hombre religioso muy cercano al sufismo, rama mística del Islam, y Alauda Ruiz de Azúa, una mujer atea interesada en el adoctrinamiento católico, protagonizan los Premios Goya 2026. Sirāt y Los Domingos son las dos grandes favoritas de la ceremonia de Barcelona, en un duelo de lo espiritual y lo terrenal lleno de paradojas y equívocos: Sirāt no es necesariamente percibida como una película creyente, mientras que Los domingos ha sido abrazada, especialmente por espectadores católicos, como un elogio de vocación. ¿Qué ha pasado?
Sirāt, bajo el sol del Islam
Comencemos por Laxe, cineasta bien conocido en el mundo festivalero, pero cuya popularidad ha estallado con Sirāt, convertida en hit mundial del cine de autor, nominación al Oscar incluida. En la larga promoción desde que ganó el Premio del Jurado de Cannes en mayo, el cineasta gallego ha ido descubriendo su esencia religiosa. Sirāt, en realidad, va de frente desde el título, que alude a un concepto la religión musulmana, un puente sobre que desfilarán todos los hombres el Día de la Resurrección (día al que también se refiere precisamente la sura recitada en su película).
La interpretación habitual de los estudiosos sobre los versículos del Corán que Laxe destaca en la película apuntan a la elocuencia del Corán como guía. También una amenza a los incrédulos al señalar a los pueblos destruidos por su increencia. “Me embriaga el Corán”, revelaba el director en una entrevista con RTVE.es. Laxe ha señalado que no encontró espiritualidad en el cristianismo y fueron sus años en Marruecos los que le llevaron a abrazar el sufismo.
La osadía narrativa de Sirāt, con golpes de efecto que desactivan, anulan y hacen estallar por los aires las expectativas del espectador, es el motivo del éxito y admiración de la película, percibida como ‘diferente’ o ‘nueva’ respecto a la tradición contemporánea. Aunque, bajo esa forma a contracorriente, el objetivo de Laxe es 'regresar a lo antiguo': anular lo racional, la herencia de la Ilustración, suspender el pensamiento como camino hacia la fe. No sé, no he pensado, subraya el personaje de Sergi López cuando atraviesa con éxito un campo de minas antipersona.
Sergi López y Oliver Laxe, en el rodaje de 'Sirât'. Quim Vives
“Como decía Kierkegaard, la fe es un salto al vacío”, desarrolla Santiago Fillol, coguionista de Sirāt,. “William James, grandísimo teórico de la experiencia religiosa, dijo que la experiencia mística es estar absolutamente presente, tener un éxtasis es no poder estar pensando ni en el pasado ni en el futuro. Y podemos hacer esa vivencia espiritual en la sala de cine: que, en esta era de alineación, los espectadores estén agarrados a las butacas la media hora final nos parece un prodigio. Es algo que tenemos que pensar los cineastas: ¿qué hacemos con las duraciones interiores de nuestros espectadores?”, añade Fillol, que fue profesor de Laxe en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde continúa impartiendo clases.
Laxe incluso reivindica la Edad Media por su dimensión espiritual. La presencia divina en Sirāt se materializa en el sol, imagen recurrente en su película que parece observar continuamente a los personajes de su parábola religiosa. Para Laxe, la vida es todo sentido, incluso los dramas más aberrantes, porque "el guion de la vida está muy bien escrito". Es consciente de que el mensaje de su parábola, es decir, que "las tragedias de la vida son un regalo", es ininteligible en la narración, pero presume de haber “hackeado al sistema”. Eso sí, preguntado por su religión profesada declaró preferir mantenerla "en la sombra".
¿Hay algo reaccionario en ese regreso al pasado? “No nos definiría como reaccionarios, pero sí en constante búsqueda”, aclara Fillol. “Una de las cosas que marca el tao, por ejemplo, es que no caminas para llegar a un sitio, sino que caminas para sentir que estás caminando: eso es estar en paz, en la certeza de tu ser. Como cuando Guardiola decía que no importaba el gol si se estaba jugando bien. El gol es un accidente”.
Los domingos, entender lo que no crees
Los domingos, un acercamiento analítico a una vocación radical, se inicia con un plano de un Cristo colgado en una pared mientras suena la música de Quevedo y unas adolescentes, de convivencia, viven un momento íntimo de amistad, a oscuras y bebiendo, prohibido, fuera de la educación religiosa. El tema de la conversación parece baladí: recuerdan que, cuando eran más pequeñas, los niños mayores les dejaban mensajes falsos para asustarlas. Mensajes que algunas de ellas creían.
La naturaleza de creer es el núcleo de Los domingos, una disección sobre cómo una adolescente interioriza que Dios le habla. Desde que la película se estrenó en el Festival de San Sebastián, Alauda Ruiz de Azúa mantuvo cierta ambigüedad durante la promoción, enfatizando en las entrevistas que la fe, en sentido amplio, está por todos lados y que también quien cree “en el trabajo” o, sobre todo, “la familia”, auténtico caballo de batalla de la directora, anda perdido por el mundo.
El estreno de Los domingos en octubre del año pasado, coincidente con la publicación de LUX, de Rosalía, provocó una fiebre de artículos sobre el “auge” cultural católico. El éxito de la película en la taquilla, con un mantenimiento propio del buen boca a boca, se debió en parte a los espectadores católicos que interpretaron una crítica al adoctrinamiento, sí, pero al de la tía Maite (Patricia López de Arnaiz) percibida como la antagonista que se opone a la decisión, divina, de que la adolescente Ainara (Blanca Soroa) se meta a monja de clausura.
El tópico dice que una obra de arte terminada pertenece al público, pero Los domingos es un caso casi delirante. Al recoger el premio Forqué el pasado diciembre, Ruiz de Azúa resumió que su película “explora cómo el adoctrinamiento religioso puede distorsionar tu percepción o tus sentimientos” y muchos espectadores creyentes reaccionaron negando las intenciones de la propia creadora (el propio Laxe ha declarado en El País que no ve “adoctrinamiento” y que la película “habla” de él).
La directora ha identificado su visión laica con el personaje de Patricia López de Arnaiz, pero el ‘método Alauda’ es entender los porqués de cada personaje y destaca que “hay personas que encuentran mucho consuelo y un asidero real en la fe”.
Al final, Los domingos, una película seglar, ha merecido casi tanta exégesis como un texto sagrado, alimentando todos los debates, aunque las migas de pan de su trama, para quien quiera o sepa seguirlas, son implacables: ¿o sentiría Ainara esa llamada si no hubiese recibido una educación religiosa constante en un colegio católico, no tuviera carencias maternales y paternales, o no sufriera la represión de cualquier desarrollo afectivo y sexual?
Quizá la explicación del éxito de Los domingos es que la calidad de la escritura de su creadora evidencia un gran silencio, o una gran incomunicación, de la sociedad. Porque Los domingos, en su premisa, no trata ningún problema social ni es una denuncia -las vocaciones de clausura son una realidad marginal-, sino que ha despertado a creyentes y no creyentes a hablar entre ellos sobre una cuestión vital para ambos.