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David Uclés: "El fascismo no lee novelas"

  • Concibe el oficio de escritor como "el de un corresponsal de guerra"
  • Presenta La ciudad de las luces muertas y se da tres años para su próxima novela
David Uclés publica 'La ciudad de las luces muertas' con la que ganó el Nadal

Barcelona se sume en la oscuridad en una noche eterna en la que se confunden los tiempos. Esa es la premisa con la que David Uclés hilvana La ciudad de las luces muertas, galardonada con el último Premio Nadal, una "novela coral" que repite esquemas de La península de las casas vacías y en la que la acción transcurre en 24 horas.

El autor de Ubeda vuelve a su particular realismo mágico en un texto por el que desfilan artistas, escritores, intelectuales, músicos e incluso tiene un pequeño papel el medallista olímpico de 1.500 metros lisos, Fermín Cacho, su labor es de correo entre dos tertulias que intentan descubrir las causas del apagón.

Uclés cuenta que, tras obtener la beca Montserrat Roig en 2022, se mudó de París a la ciudad condal, abandonó a su "marido" y empezó a escribir. Señala que concibe "el oficio del escritor como el del corresponsal de guerra, que te mandan a un territorio ignoto y tienes que hacerte con él, intentar defenderlo y compartirlo con los demás".

Portada de 'La ciudad de las luces muertas'

Explica que cada lector puede interpretar a su manera la oscuridad que domina Barcelona: "Puede ser el turismo masivo y la gentrificación, que hace que haya una pérdida de vida de barrio y de identidad. Para los personajes puede ser el devenir del ser humano, la condición humana, la muerte, la desaparición. Desde un punto de vista político, puede ser el fascismo porque los personajes que reviven sufrieron la dictadura o el exilio o lucharon por intentar erradicar los restos del franquismo".

Sugiere a los lectores que "no se obsesionen con los árboles, sino que intenten disfrutar del bosque, porque es una novela muy enciclopédica, con muchos datos. No es caótica porque yo soy muy obsesivo, intento ordenarlo todo, pero también quiero que, cuando el lector cierre el libro, tenga la sensación de que ha estado en muchas Barcelonas".

De ese abigarramiento da cuenta la portada, basada en un diseño de Diego Robledo. Uclés explica que ha contado con un artista diferente en cada una de sus cuatro novelas (las dos primeras: El llanto del león de Ediciones Complutense y Emilio y Octubre de Dos Bigotes). En 2021, hizo un boceto de una de las farolas del Paseo de Gracia, "con un chorro de luz y unos monigotes debajo" y le dio al artista "una lista de 50 cosas que aparecen en el libro y conseguió meter 40".

Homenaje a Zafón

Carlos Ruiz Zafón protagoniza el prólogo, para reparar el olvido del autor a lo largo de la novela, Uclés cree que no ha tenido el reconocimiento que merece porque sus libros han dejado huella. Consciente de que a la crítica "más esnob" no le iba a gustar ese arranque, pero "hasta ahora no he hecho las cosas por la crítica. Lo he hecho por que yo he querido".

A la hora de definir el estilo de esta novela, habla de un ejercicio de "memoria literaria" y matiza que hay "más surrealismo que realismo mágico, porque los agentes sí que se asombran ante lo que ocurre" y confiesa que le produce "placer crear esas escenas" en las que junta personajes de diferentes épocas.

Si tuviera que quedarse con una imagen, se queda con la "muerte de Gil de Biedma en el Turó Park, que está debajo de un magnolio muriéndose de sida y al agitarlo Freddie Mercury y Magic Johnson, que murieron también de SIDA, florecen todos los magnolios de la ciudad". El narrador aprovecha para incluir unos versos del poeta, recurso que explota con libertad, al incluir otros textos sin citar directamente a su autor sea Juan Marsé o Joan Manuel Serrat.

Oscuridad y esperanza

Ante el avance de la ultraderecha, tiene claro que "el fascismo no lee novelas", pero cree "en el poder del arte para cambiar la conciencia y para crear esperanza tan necesaria en tiempos oscuros", añade que el arte "siempre ha sido una herramienta para hacer una catarsis emocional con el otro". Subraya que, en el libro, "no hay ningún político, ninguno, todos son artistas" y concluye que "ahora necesitamos mucha esperanza porque tenemos la sensación de que vamos cuesta abajo".

Con respecto a sus futuros proyectos, quiere irse al extranjero para escribir su siguiente novela, a la que piensa dedicarle los próximos tres años. Avanza que cambiará de registro, hacia "la magia de lo cotidiano" porque quiere que cada novela "sea un reto". Defiende que no sacará un libro de relatos para estar presente en el mercado editorial, aunque le sobraron 300 páginas de historias colaterales de La península de las casas vacías.

Asegura que ya tiene un esquema para la segunda parte de su novela sobre la Guerra Civil, pero que prefiere dejarla reposar, ya que abarcaría desde 1939 hasta la muerte de Franco en 1975, quiere madurar como escritor y persona antes de abordar la postguerra.

Novela del sida

Otro proyecto que le ronda, es dedicar una novela íntegra al sida, que emerge fugazmente en La ciudad de las luces muertas. Como homosexual, afirma estar "muy concienciado" y se hace las pruebas una vez al año, pese a no tener prácticas de riesgo.

Cree que merecen un homenaje "aquellas personas en los 80, que morían a puñados en el hospital, en una sala, apartados de todo el mundo, sin que fueran sus familiares, habiendo perdido su trabajo. Es que fue horrible."

Confiesa que guarda en un cajón un poemario a su arritmia, que quizás debería revisar, visto que le van a tener que operar de nuevo este otoño. Dedica el libro a sus cardiólogos "por darle cuerda" a su aurícula y no se cansa de recomendar su nueva novela favorita La muerte y la primavera de Mercè Rodoreda.