La inmigración en Aragón, historias de superación y solidaridad: "No tener papeles te condena a la explotación"
- RTVE habla con Bibiana, Asmae, Vitalina, Daría y Bouba, inmigrantes que recibieron ayuda de organizaciones
- En Aragón viven 202.430 inmigrantes de forma regular, el 14,8% de los empadronados
“Soy una triple M: madre, mujer y migrante”. Bibiana (45 años, Colombia) alude a la letra de la canción de su compatriota Shakira (más buena, más dura, más leve) para relatar a RTVE su experiencia personal. Llegó a España hace siete años acompañando a su pareja y la pandemia la retuvo en nuestro país, donde reside junto a sus tres hijas.
Hoy vive a caballo entre Aragón y Valencia. Su primera dificultad, dice, fue la “barrera burocrática”. Cuando llegó, con 38 años, tenía estudios y experiencia laboral, pero tuvo que superar los trámites necesarios para ejercer su profesión como especialista en cooperativas. “Es paradójico”, dice, “al final cuando estudias y no tienes el papel homologado no está todo”.
Evoca la soledad de esos primeros momentos, “ya es no solo emigrar y dejar un país, es saber hacia dónde te vas a enfocar, qué vas a hacer, reinventándote en un país que no es el tuyo”. Y habla de los prejuicios: “No es solo el inmigrante pobrecito”, dice, está el “migrante profesional, que viene a aportar al país”.
Daría y su familia, en una fotografía tomada en Zaragoza
También Asmae (23 años, Marruecos) ha hablado a RTVE de estos prejuicios. La joven llegó con solo 3 desde Oujda, una ciudad de medio millón de habitantes a 15 kilómetros de la frontera de Argelia. Su padre vino primero y luego se reunió toda la familia.
Asmae denuncia el racismo que ha sufrido por llevar velo “salir a la calle y que te vean con otros ojos, ir en el bus y por el hecho de que lleves un pañuelo te ven inferior, creen que eres una persona inculta”. Por eso pide más tolerancia: “Si las personas mostraran más interés en conocerse y respetar la cultura y la religión de todos seríamos una mejor sociedad”. Sus padres vinieron buscando un futuro mejor para toda la familia. En Marruecos, dice, “no hubiera sido posible” estudiar su grado superior en Administración y Finanzas y trabajar como administrativa.
Vitalina junto a su hija Angelina
Vitalina (51 años, Ucrania) llegó hace una década huyendo de la guerra. En su conversación con RTVE reconoce que “siempre tenía miedo” porque al no tener papeles, “pensaba que me podían echar”. Ahora teme por la familia que dejó en su país: “mi primo vive en Kiev” y ha estado “sin luz, sin calor, sin agua, sin nada”. “Vivimos en el siglo XXI, no es normal”, dice.
Actualmente, trabaja en una empresa de limpieza de Zaragoza, ciudad donde quiere quedarse “me gusta todo aquí”, dice; también porque “aquí está la mitad de la vida de mi hija”, que tenía nueve años cuando llegó.
"El sueño europeo y una historia de amor" de Daría
“El sueño europeo y una historia de amor” podría ser el título que Daría (50 años, Rusia) pone a su periplo. Llegó a España acompañada de su marido, de origen marroquí y su hijo recién nacido. Para ella el idioma no fue gran una barrera, ya que de niña vivió unos años en Cuba y esto le ayudó a estudiarlo. Llegaron buscando “el estilo de vida europeo con todos sus valores, el estado de bienestar”.
Daria y su hermana colaboran con un grupo folclórico
Procedentes de una ciudad del sur de los Urales, cerca de la frontera de Kazajistán, de sus inicios recuerda las dificultades derivadas de no tener papeles “moverse era supercomplicado”. Después pudo regularizar su situación, pero sus horarios de trabajo como empleada de hogar y en hostelería la obligaron a enviar a su hijo de vuelta a Rusia durante un año y medio: “El momento más duro de mi vida, fue muy doloroso”, dice a RTVE.
Su inquietud, conseguida la residencia temporal, era homologar sus estudios como psicóloga social, un trámite “muy tedioso”. De espíritu emprendedor y solidario, creó una asociación de orientación sociolaboral para ayudar a migrantes de habla rusa, porque a ella le pesó “el desconocimiento total de todo, de normas, de procedimientos, de cómo funciona el sistema”.
En la actualidad trabaja como responsable de Desarrollo para la Fundación San Ezequiel Moreno. Toda la familia tiene ya la nacionalidad española y se preparan para votar el próximo 8 de febrero en las elecciones autonómicas.
Bouba y su mujer Kadidia Accem
El estrecho, una de las rutas más peligrosas: "Vi la muerte enfrente"
Bouba (36 años, Mali) escapó de un país azotado por la guerra y el terrorismo yihadista. Antes de llegar a Tánger pasó por Senegal o Mauritania, y en julio de 2018 subió junto a otras seis personas a una barca sin motor. De la travesía hacia la península recuerda "la lluvia, las olas, la oscuridad". Cuenta a RTVE que vio "la muerte enfrente", incluso tuvieron que sacar del agua a un compañero que cayó al mar. Estaban "esperando su hora" cuando los encontró Salvamento Marítimo. Al día siguiente, en Algeciras, le metieron en un autobús y recorrió los casi mil kilómetros que separan esa ciudad de Cuarte de Huerva, en Zaragoza.
La mayor barrera, cuenta, fue el idioma. La rompió estudiando. También la cultura, la forma de comportarse. Al principio, dice, "yo saludaba a la gente por la calle". Cuando te presentan, "aquí se dan dos besos, en África la mano", continúa. Tardó ocho meses en conseguir una cita para solicitar el asilo.
Después de trabajar en el campo y algunas empresas zaragozanas, consiguió un puesto de intérprete para otros inmigrantes en Tenerife ("el mejor trabajo de mi vida", dice). Por fin recaló en Teruel, como Técnico de Apoyo en Interpretación en el Centro de Acogida de San Blas. Ayuda a otros migrantes a realizar trámites y les da el auxilio que él recibió. "Me quedé sorprendido, flipando", dice, "porque me he enterado que hay asociaciones que ayudan a los inmigrantes", y cuando estuve enfermo "me llevaron al hospital". "En este mundo hay gente buena", insiste, "ahora soy el hombre más feliz, parece un sueño, pero es una realidad". Hace cuatro meses Bouba tuvo su primer hijo, una niña llamada Agachoutoune.
Bouba con su mujer Kadidia y su hija Agachoutoune
Las organizaciones denuncian la vulnerabilidad de los inmigrantes
Cruz Roja presta apoyo a unos 600 migrantes en sus programas de atención humanitaria y protección internacional de Aragón. La responsable de migraciones de la organización en Zaragoza, Ana Vélez, ha relatado a RTVE cómo ha cambiado el perfil de las personas que acude a sus servicios: ahora, dice, llegan muchos hombres solos provenientes de África. Se encuentran con todo tipo de dificultades, desde el idioma o el tipo de alimentación hasta la forma de vestir por nuestro clima, tan diferente al de su lugar de origen.
El objetivo fundamental de su organización, que aloja en Aragón a 357 inmigrantes repartidos en 14 centros, es lograr su integración. Para ello se les proporciona alojamiento y pernocta, además de ayuda de trabajadores sociales, educadores, abogados o psicólogos.
Trabajadoras de Médicos del Mundo Aragón Médicos del Mundo
También organizaciones como ACCEM destacan la necesidad de ofrecer a los que llegan “atención psicológica tras la travesía”. Esta organización atiende a muchos menores y denuncia ante RTVE la “doble vulnerabilidad” que sufren: la de “haber migrado solos, dejando su casa con 15 o 17 años” y la de “llegar a España”, donde parte de la sociedad “no los quiere ver” por los discursos del odio. En 2024 atendieron a 3.837 personas, con Colombia, Venezuela, Senegal, Ucrania y Mali como principales nacionalidades.
El empleo, otro de los retos de la inmigración
La Fundación San Ezequiel Moreno ofrece apoyo desde el punto de vista laboral, formativo o de vivienda. Al igual que la mayoría de organizaciones, tiene una financiación mixta y para algunos proyectos concurren a subvenciones públicas. Si esos fondos dejaran de llegar “se dejarían de hacer acciones con el consiguiente perjuicio de las personas” han dicho a RTVE, “si se convocan (las ayudas) es porque son necesarias”.
Trabajadora de Médicos del Mundo Aragón atiende a dos inmigrantes Médicos del Mundo Aragón
Médicos del Mundo ofrece asistencia y orientación sanitaria a migrantes. Su coordinadora en Aragón, María Jesús Viñuales, ha explicado a RTVE que entre otras cosas, atienden a “mujeres en situación de prostitución y víctimas supervivientes de otras violencias de género como la mutilación genital femenina”. Las derivan a la unidad específica del Servicio Aragonés de Salud y desarrollan una labor educativa en la que trabajan con “toda la comunidad, con hombres y mujeres, día a día” para intentar “evitar que a las niñas se les practique” la mutilación genital femenina cuando se desplazan a sus países de origen.
Según Viñuales, tanto las mujeres como los hombres que llegan hasta ellos están en una situación muy precaria. "No tener papeles te condena a la precariedad", dice, “no puedes acceder a una vivienda, ni un trabajo que no sea precaria” y esto condena a la explotación. La organización, que atiende a unas 1.200 personas en Aragón, insiste en que intentan “dar respuestas a situaciones injustas y de grave vulneración de derechos humanos que sufren muchas personas”. Y denuncia que los recortes y los “discursos de odio” hacen su trabajo “cada vez más complicado”.
El Instituto Aragonés de Estadística cifra la población extranjera en la comunidad, a 1 de enero de 2025, en 202.430 personas. Suponen el 14,8 por ciento del total de empadronados en Aragón (1.364.621 personas). Es difícil, sin embargo, estimar cuántos inmigrantes viven en Aragón de forma irregular. Según la Fundación Basilio Paraíso podría ser un 9 por ciento del total de inmigrantes en la comunidad. Las nacionalidades más frecuentes son Rumanía, Marruecos y Colombia.
Bibiana, Asmae, Vitalina, Daría y Bouba son solo unos pocos ejemplos de cómo puede cambiar la vida de las personas llegar a España desde otro lugar donde hay escasez, guerra o terrorismo. Las suyas son historias de resiliencia, sacrificio y superación. También de solidaridad. Agradecen el trabajo de las organizaciones que les prestaron su ayuda tras llegar a un país extraño del que, en algunos casos, no conocían ni el idioma. A lo largo de los años, todos ellos han podido regularizar su situación y acceder a un puesto de trabajo.