Ana Hernández, la profesora española que opta al 'Nobel de la Educación': "Mi forma de trabajar es buscar un mundo mejor"
- Por primera vez, un docente de nuestro país está entre los diez mejores del mundo
- El ganador del Global Teacher Prize se fallará en Dubái en febrero
Ana Hernández Revuelta nació en Madrid en 1975 y se educó en Villaverde, un barrio obrero, en la escuela pública. Siempre pensó que su destino estaba en el arte. De hecho, es doctora en Bellas Artes además de haber estudiado Psicología. Y lo que nunca imaginó es que acabaría en un instituto. "Los adolescentes me daban pereza", confiesa, sin impostura. Hasta que un día, para su propia perplejidad, todo cambió. Y hoy es la primera española en entrar en el top 10 del Global Teacher Prize, el premio 'Nobel de la Educación'.
Su historia y vocación tardía exige cintura mental para la epifanía. Porque Hernández Revuelta acompañó a una amiga a presentarse a unas oposiciones de dibujo en secundaria. Y no aprobó, de hecho. Pero obtuvo un puesto suficiente para hacer una sustitución. El primer día que entró en un aula y pasó cuatro horas con aquellos chavales, lo tuvo claro: "Fue como un flechazo. Me dije: 'Esto es lo que yo quiero hacer'". Desde entonces, suma 21 años en la docencia y 12 en el instituto público que se ha convertido en un laboratorio vivo de innovación educativa: el IES Julio Verne, de Leganés. Allí es jefa de estudios y profesora de dibujo.
"Solo se rompieron muchos tabiques mentales"
El centro, situado en un entorno atravesado por dificultades de toda raigambre acoge a estudiantes de entre 12 y 18 años: refugiados de guerra, jóvenes con problemas de salud mental, familias con graves carencias económicas. Y hace nueve años impulsó un proyecto de ‘Codocencia’, que, en muchos claustros, indudablemente, habría sonado a herejía.
Reunió a unos cien alumnos y entre siete u ocho docentes daban la clase en un único espacio de aprendizaje abierto. Abrió las aulas a las familias. Eliminó fronteras entre asignaturas. "Siempre escuché que eso no se podía hacer. Y empecé a hacerlo. Y no ocurrió nada. No se cayó nada, ni se rompió nada. Solo se rompieron muchos tabiques mentales".
El modelo se articula en torno a contextos históricos: los alumnos aprenden de profesores de distintas áreas a la vez: ciencias, lengua, arte, música, matemáticas o literatura como partes de un mismo relato. Por ejemplo, la Revolución Industrial desarrolló la industria química que dio con nuevos colores, nuevos pigmentos, que permitieron el impresionismo; o el jazz, que cobra sentido al entender la Guerra de Secesión y el mercado de instrumentos militares; o Rubén Darío, que llega a España gracias a los avances en los astilleros y los grandes barcos transatlánticos. ¡Si no el modernismo no habría llegado aquí! "Nada ocurre porque sí", explica la profesora.
Así, un día a la semana, durante tres horas, con alumnos de 4º de la ESO, los profesores trabajan juntos en el aula. Introducción breve, contexto histórico y, enseguida, actividades diseñadas de forma colaborativa. La evaluación deja de ser un castigo puntual y se convierte en un proceso continuo: los alumnos se evalúan entre ellos, los docentes se observan y se evalúan mutuamente.
80 calificaciones
"Evaluación es todo, algo cotidiano. Pero no es esa evaluación fiscalizadora o sancionadora, sino que ahora un alumno puede llegar al final del trimestre con 80 calificaciones que le van a permitir regularse mejor, saber qué es lo que tiene que hacer para aprobar. Su nota final va a ser mucho más coherente que una sola hecha con un examen, ahora es la suma de todo su quehacer todos los días, de todas las semanas, de los tres meses. Es más justa".
Los resultados de esta metodología están ahí. La tasa de graduación pasó del 71% en 2016 al 98 % en 2025. Los incidentes disciplinarios cayeron de 125 a 19 por trimestre. El absentismo crónico se redujo de 14 alumnos a uno. Incluso los registros policiales reflejan un descenso de la delincuencia juvenil en la zona. “No lo buscábamos”, reconoce. "La mejora de la convivencia fue un beneficio colateral. Una sorpresa".
Es por ello que en los Global Teacher Prize, en la descripción, utilizan palabras mayores tan impactantes: "Su labor pionera ha transformado un centro educativo, su barrio y la profesión docente nacional en general".
Y, como ellos no sabían por qué había podido pasar, tuvieron que preguntar, por supuesto, a los propios alumnos la razón de la bajada de los conflictos. Y la respuesta es desarmante por su sencillez: ahora se conocen. "Antes había chicos que eran del mismo barrio, pero nunca habían coincidido en clase. Ahora trabajan juntos. Descubren que no son como les habían contado". El aula se convierte así en un ensayo general de la vida adulta: aprender a trabajar en equipo, a defender una idea sin destruir la del otro, a asumir responsabilidades compartidas, hablar en público…
"Todos tienen derecho al mejor futuro posible"
En julio fue reconocida como mejor docente de España. Y con ese respaldo, además de haber trabajado ya con la documentación que a estas cosas hay que acreditar, decidió presentarse al Global Teacher Prize, el llamado 'Nobel de la Educación', sin muchas expectativas. "Siempre lo había idolatrado. Pensé que no llegaría ni a la primera semifinal". Primero vino el top 50. Después, el top 10. Y en la gala final se decidirá quién recibe el premio de un millón de dólares. "Lo del top 10 ya es una fantasía", dice, todavía incrédula.
Por cierto, dos debates sobre la educación. ¿Pantallas sí o no? ¿Inteligencia Artificial sí o no? "Mi forma de entender el mundo tiene que ver mucho con no demonizar en exceso lo tradicional. Las pantallas, como todo, con una regulación equilibrada, sin excesos. Para mí, un centro sin libros sí me daría miedo. Con la Inteligencia Artificial soy muy crítica y a mis alumnos intento hacerles ver que no es su amiga, no ha venido para ayudarnos, porque detrás hay intereses de compañías privadas que son particulares. Eso no quiere decir que no se pueda utilizar en un momento concreto, pero siempre con mesura y con espíritu crítico. Ahí no está el conocimiento ni el conocimiento veraz, no hay nada como ir a una fuente fidedigna".
¿Y cómo era ella como alumna? "En mi caso yo no era difícil porque era la alumna aplicada, pero tenía muchos compañeros que no eran así y siempre pensé que el profesor se estaba dedicando a los que eran como yo. Eso me parecía un agravio comparativo muy feo, porque les dejaban de la mano de Dios, y siempre pensé que eso era una falta desde lo público. Y ahí es donde me he querido seguir involucrando, en los que les cuesta más, porque también tienen derecho. Todos tienen derecho a llegar al mejor futuro posible". Antes, había confesado su plan: “Es verdad que mi forma de trabajar siempre ha sido buscar y dejar un mundo mejor del que he podido tener yo. Es decir, que las generaciones mejoren, que los chavales avancen, que titulen, que estudien, que se formen”.
Y, si ganara, por cierto, tiene claro un deseo concreto: compraría mesas y sillas modulares para sus alumnos. “Trabajamos en equipo con sillas de pala. Es incómodo e incoherente. Quiero un mobiliario que esté a la altura de lo que hacemos cada día”.