Trump quiere Groenlandia: compra, invasión o acuerdo de explotación, los tres escenarios posibles
- Trump insiste en que conseguirá la posesión del territorio por las buenas o por las malas
- El ataque a Venezuela de EE.UU. ha generado inquietud a nivel internacional
Trump quiere Groenlandia y dice que la conseguirá "por las buenas o por las malas". Desde que el presidente ha vuelto a la carga con la cuestión, son muchas las especulaciones sobre el tema. Ya no es sólo si lo hará, sino también cómo podría hacerlo.
Fundamentalmente hay tres escenarios posibles: la compra, la invasión o la firma de acuerdos. Todas las opciones han generado gran inquietud internacional, especialmente después de la acción unilateral de Washington en Caracas para detener a Maduro.
Opción 1: comprar Groenlandia
No sería la primera vez que un presidente de EE.UU. intenta comprar Groenlandia, pero siempre sin resultado. En cualquier caso, no es tan fácil. Washington ha puesto precio: 700.000 millones de dólares, según expertos de la Casa Blanca. Pero, para cualquier compra, necesitaría el visto bueno de la Cámara de Representantes, algo complicado de lograr ya que encuentra gran resistencia incluso dentro de su propio partido.
Además, una adquisición tendría que ser mediante tratado internacional, y para eso también necesitaría al Senado, donde se encuentra con el mismo problema. Por no hablar de lo difícil que le resultaría a Trump explicar a su población porqué se gasta una cantidad de dinero tan grande de los contribuyentes en algo que muchos perciben como una isla de hielo.
Pero ni siquiera eso es el mayor problema. Groenlandia no está en venta, y eso lo han dicho tanto desde la isla y como desde Dinamarca con sobrada contundencia, y ante esa respuesta Trump no ha hecho más que redoblar las amenazas.
Opción 2: la acción militar
En términos técnicos, resultaría fácil para unas fuerzas armadas como las de Estados Unidos. En Groenlandia hay unos 56.000 habitantes y no tiene ejército propio. Dinamarca se encarga de su defensa, pero tiene unos recursos insuficientes para cubrir un territorio tan extenso.
“Yo no creo que se vaya a llegar a eso, al uso de la fuerza, a pesar de esa pistola que ha puesto Trump encima de la mesa, como elemento negociador de fuerza” señala Ruth Ferrero, profesora de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. “De hecho, con que salieran los soldados de Estados Unidos que están en la estación estadounidense de Pituffik, sería suficiente para el control, al menos de la población de la isla”.
Lo cierto es que no tendría mucho sentido, porque no le haría falta ni siquiera para conseguir ampliar sus posiciones. Estados Unidos ya tiene un acuerdo con Dinamarca firmado 1951, después de la II Guerra Mundial, que le otorga un inmenso margen de acción militar: puede construir y mantener bases, desplegar soldados o controlar operaciones aéreas y marítimas. Su margen de acción militar, sin violar soberanías, es amplísimo.
Pero es que la clave quizá será otra. “Lo que tenemos que intentar analizar es lo que entiende la administración Trump por Seguridad Nacional, que no se queda sólo en el control militar de Groenlandia”, señala Ferrero.
La hegemonía del control de los recursos naturales
Los analistas recuerdan que buena parte de la actual estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos se centra en su competición sistémica y estratégica con China. Y eso pasa por el control de los recursos naturales y de las rutas marítimas que el deshielo está abriendo en Groenlandia.
"De lo que se trata es que los chinos no tengan acceso ni a determinadas rutas ni a determinados minerales que están presentes en el caso de Groenlandia", señala la experta. "Porque eso afectaría a la Seguridad Nacional en tanto en cuanto pone en riesgo la hegemonía global de Estados Unidos, y es leído dentro de ese marco de seguridad nacional".
Es decir, la Seguridad Nacional ya no se centra sólo en el control militar de territorios por cuestiones estratégicas, sino que en ella intervienen otros elementos, fundamentalmente los minerales críticos y las tierras raras. Y esa percepción, añade Ferrero, está muy influida por las visiones de las grandes empresas tecnológicas.
“Es muy interesante ver qué va a hacer J.D. Vance a la reunión, porque Vance tiene una serie de amigos, los tecnológicos, que quieren construir una especie de ‘ciudad de la libertad’ en Groenlandia para explotar los minerales raros, y que son los que les van a permitir avanzar en esa competición tecnológica con China”.
Es decir, que los tecnológicos “están operando de manera directa en el proceso de toma de decisiones de política Exterior y Acción Exterior de la administración Trump”.
Opción 3: Los acuerdos de explotación de minerales
Todo eso conduce a otro posible escenario: "Una cesión voluntaria por parte de daneses y groenlandeses de las autorizaciones de explotación de Groenlandia. Y ahí sí que habría que contar con el concurso de los ciudadanos".
Es decir, que la población local claudique y acepte firmar acuerdos. Una población, sobre todo la inuit, el pueblo indígena que representa el 88% de los habitantes de Groenlandia, que históricamente, se ha resistido a las explotaciones para proteger su medio ambiente. Aunque, quizá, ahora ese pueblo esté más dispuesto a ceder después de sufrir tanta presión y amenaza.