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2026, el año en que Bulgaria entró a formar parte de la eurozona

  • Aunque es miembro de la UE desde 2007, en 2026 será el Estado número 21 en adherirse
  • Por primera vez ha cumplido los requisitos necesarios, a pesar de la profunda crisis política que vive el país
Bulgaria arranca este 2026 como nuevo miembro en la familia del euro
El BCE da la bienvenida a Bulgaria como nuevo miembro de la zona euro.

El 1 de enero, Bulgaria se convertirá en el 21.º país en unirse al euro culminando un proceso iniciado formalmente en 2015 y aplazado durante años por la inestabilidad política, las dudas sobre el Estado de derecho y los desequilibrios macroeconómicos.

La decisión llega tras el visto bueno de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo, que certificaron que, esta vez sí, el país balcánico cumplía con los criterios de estabilidad de precios, déficit y deuda pública necesarios para entrar a formar parte de la eurozona.

La entrada en la moneda única se producirá, sin embargo, en un momento delicado: Bulgaria afronta el cambio con un gobierno en funciones, cerca de celebrar las octavas elecciones legislativas en cinco años, sin presupuestos aprobados para 2026 y con una sociedad dividida sobre los beneficios y riesgos de la moneda única. Según el último Eurobarómetro, el 49 % de los búlgaros se opone a la adopción de la moneda común, un porcentaje elevado para un Estado miembro que ha mantenido durante décadas un tipo de cambio fijo con el euro.

Un país escéptico ante el euro

En los últimos meses se han sucedido manifestaciones contra la entrada en la eurozona, impulsadas por el temor a un aumento de precios, la desconfianza hacia las instituciones y la percepción de que abandonar el lev supone una pérdida de identidad nacional. “El clima en el país sigue siendo en gran medida escéptico”, señala Spasimir Domaradzki, experto en Bulgaria de la Universidad de Varsovia, que apunta también al peso de la desinformación rusa y a la falta de pedagogía pública.

La oposición al euro se ve amplificada por partidos nacionalistas y prorrusos, que han intentado presentar la moneda única como una imposición externa. Muchos ciudadanos temen no poder convertir sus ahorros o reviven el recuerdo de la hiperinflación de finales de los años noventa, un episodio que marcó profundamente la relación del país con la política monetaria.

Para contener ese malestar, el Parlamento ha creado órganos de supervisión de precios y ha obligado a los comercios a mostrar los importes tanto en lev como en euros. El Gobierno ha lanzado además una campaña informativa con mensajes como “Pasado compartido. Futuro compartido. Moneda compartida”, aunque los expertos coinciden en que llega tarde.

 Valentina Petrova Valentina Petrova

La crisis política genera desconfianza

“El euro es, en muchos sentidos, víctima de la situación política del país”, resumía Domaradzki en distintas entrevistas concedidas a medios europeos. Bulgaria arrastra cuatro años de crisis política, con una sucesión de coaliciones inestables y elecciones anticipadas que han paralizado la agenda reformista. A comienzos de este mes, un Ejecutivo volvió a caer tras protestas masivas contra la corrupción, profundizando en la erosión de la confianza en la clase dirigente.

Aunque la dimisión del gobierno no pone en cuestión la adopción del euro, sí introduce incertidumbre sobre la capacidad del Estado para gestionar la transición. “La situación política podría retrasar la respuesta ante posibles obstáculos”, advertía este mes Yasen Georgiev, director del Instituto de Política Económica (EPI), en medios locales.

Esta debilidad institucional alimenta el temor a que las autoridades no logren contener subidas injustificadas de precios ni proteger el poder adquisitivo, un riesgo especialmente sensible en una economía con salarios aún bajos en comparación con la media europea. En 2025, el salario mínimo rondaba los 550 EUR/mes en el segundo trimestre de 2025.

Beneficios económicos y dimensión geopolítica

Pero a pesar del escepticismo social, el sector empresarial búlgaro acoge el euro con optimismo. En la práctica, muchas empresas ya operan en moneda europea: el lev estuvo primero vinculado al marco alemán y después al euro, lo que eliminó la volatilidad cambiaria. Sin embargo, dejó al país sin influencia en la política monetaria del BCE. La adopción formal permitirá ahora reducir costes de transacción - por ejemplo, de las empresas europeas que operan en Bulgaria y deben pagar a sus trabajadores en la moneda nacional - estimados en más de 500 millones de euros, abaratar la financiación y liberar capital en el sistema bancario.

Durante una reciente visita a Sofía, la presidenta del BCE, Christine Lagarde, subrayó que los beneficios del euro para Bulgaria serán “sustanciales”. Para los empresarios del sector tecnológico el cambio supone un esfuerzo técnico inmediato - adaptar sistemas contables, fiscales y de IVA - , pero mejora la credibilidad internacional del país y su atractivo para la inversión.

Christine Lagarde - EFE

Christine Lagarde - EFE

Bulgaria entra en la eurozona con una economía pequeña pero estable, que ha crecido en los últimos años entre el 2,5 % y el 3,5 %, apoyada en el consumo interno y los fondos europeos. Las previsiones apuntan a un avance en torno al 2,6-2,9 % en 2025, con una ligera desaceleración en 2026. El reto será que la estabilidad monetaria no relaje la presión para acometer reformas estructurales en productividad, en el mercado laboral y en gobernanza.

La adopción del euro tiene además una lectura geopolítica. Situada en el flanco sureste de la UE, frontera con Turquía y con salida al mar Negro, Bulgaria ocupa un cruce de intereses entre Bruselas, Moscú y, cada vez más, Ankara y Pekín. La moneda única actúa como un anclaje político que refuerza su integración europea en un momento de tensiones militares, energéticas y de influencia en el este del continente.

Con deuda pública baja, crecimiento moderado y un mapa de inversores cada vez más diversificado - en el que España gana visibilidad, aunque aún sin peso relevante en comparación con otras economías de la UE -, Bulgaria afronta el euro como una oportunidad para un nuevo ciclo. El desafío será transformar ese salto monetario en confianza duradera, más inversión y mayor solidez democrática, en un país donde el debate sobre Europa sigue marcado por la la herencia rusa, la identidad y la geopolítica.