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Ahmed, el padre que ha perdido a un centenar de familiares en la guerra en Gaza

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Más de un millar de gazatíes en Cisjordania esperan volver a casa

Cuando comenzó la guerra en Gaza, Ahmed se encontraba trabajando en Tel Aviv, a 80 kilómetros de su casa de Gaza. Desde entonces, ha perdido a un centenar de familiares. Como él, son más de un millar los gazatíes que, desde el inicio del conflicto no han podido volver a sus hogares en el enclave asediado por las tropas israelíes.

Desde el 7 de octubre, en la Franja seguían su mujer y sus tres hijas: Tala, de cinco años, Lana, de dos, y Lasha, la más pequeña, de uno. "Cada día a las 8:30 horas de la mañana, llamaba a mi esposa para saber si estaban bien", relata a TVE.

Sin embargo, el 8 de diciembre, cuando descolgó el teléfono, todo fue distinto. "Estaba hablando con mi mujer y cayó una bomba cerca de la casa. Ella sabía que se iba a morir…", relata Ahmed.

Un bombardeo mató a 17 de sus familiares

Su esposa salió corriendo y se refugió en otro edificio junto a decenas de parientes, en el barrio de Zeitun, en la ciudad de Gaza. Pero otra bomba les cayó encima, matando hasta a 17 familiares directos de Ahmed. En total, desde el pasado 7 de octubre, este hombre ha perdido a más de 100 familiares.

Murieron su mujer, sus hijas, su madre, sus hermanos, sus sobrinos... Y a él, asegura, también le han matado, y su historia se parece a la de muchos otros hombres en su misma situación.

En el refugio de Jericó, en Cisjordania, hay más de 200 gazatíes esperando volver a su tierra. La guerra les pilló fuera de Gaza, trabajando en Israel, pero las autoridades israelíes no se lo permiten.

Desde el 7 de octubre, los bombardeos y ataques israelíes han matado al menos a 30.534 personas en la Franja, y unas 71.700 han resultado heridas, según el Ministerio de Sanidad de Hamás en Gaza. Ese día, un ataque de las milicias de Hamás acabó con la vida de 1.200 personas en territorio israelí y 240 fueron secuestradas, de las que más de un centenar han sido liberadas.

Ahora, Ahmed tiene un solo deseo: volver a Gaza a enterrar adecuadamente a su mujer y a sus hijas. Y hacerlo con una moneda de medio shekel, que le solía dar a Tala, la mayor, y con el último dibujo que ella le hizo y donde escribió, junto a varios corazones: "Te quiero, papá".