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Guerra en Ucrania

El dolor de Tatiana: el duelo que no cesa de los supervivientes a la masacre de Bucha seis meses después

  • Un equipo de RTVE vuelve, medio año después, a la ciudad que se convirtió en símbolo del horror de la ocupación rusa
  • Tatiana perdió a sus dos nietos y a su nuera y a su hijo le tuvieron que amputar una pierna cuando intentaban huir de la ciudad
  • Guerra Ucrania - Rusia, en directo

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El dolor en Bucha seis meses después de la masacre

Hace algo más de seis meses Ucrania liberaba la localidad de Bucha tras la retirada de los soldados rusos. Pero a su entrada en la ciudad nadie se podía creer lo que había: cadáveres en las calles, cuerpos tirados en las cunetas, vecinos que hablaban de torturas, de ejecuciones indiscriminadas, y una fosa común con decenas de cuerpos.

Esa fosa estaba junto a la iglesia. El padre Andriy, fue el hombre que ayudó a recoger muchos de esos cuerpos para enterrarlos y que no quedasen a la intemperie. "Había muchos cadáveres y no los podíamos llevar al cementerio porque nos disparaban. Y los perros, hambrientos, ya empezaban a dañarlos", cuenta a TVE.

Muchos de esos cuerpos yacían en la calle Yablonski, que se la conoció tristemente como la "calle de los cadáveres" porque durante semanas se amontonaron allí los cuerpos de civiles que habían sido ejecutados o torturados.

Ahora, seis meses después de la masacre, todavía quedan restos de lo ocurrido. En las calles aun hay metralla y en las paredes y vallas de la ciudad todavía están los agujeros de las balas disparadas por Rusia.

Bucha, símbolo del horror de la guerra

Esta localidad se convirtió en símbolo del horror de la guerra y de las atrocidades cometidas por los soldados rusos. Buena parte de la población sigue hoy en día traumatizada por lo ocurrido. En total, el padre Andriy asegura que él y otros vecinos llegaron a enterrar a 116 personas, entre ellas 30 mujeres y dos niños que vivían en una casa muy cercana a la calle Yablonski.

La casa simboliza el dolor que arrastra este pueblo. A Tatiana le arrebataron a sus nietos, de nueve y cuatro años de edad, y a su nuera. Querían escapar de la ciudad porque los bombardeos eran insoportables, pero se encontraron con un blindado ruso desde el que les dispararon sin preguntar.

Los niños murieron en seguida, su hijo resultó herido y le amputaron una pierna, asegura mientras enseña las últimas fotos que se hicieron en las navidades pasadas y llora desconsoladamente. En cierto modo, los rusos también a ella le quitaron la vida.