Carta de Nerea Pérez de las Heras a 'La Casita' de Bad Bunny: "Si de algo sabemos las feministas es de fiestas"
- La periodista se centra en la polémica que ha generado este espacio en los conciertos del puertorriqueño
- La Retaguardia, de lunes a jueves en RTVE Play

Bad Bunny está en España y sus conciertos se han convertido en los protagonistas de la actualidad. Pero además su música, en el centro de la conversación, se ha situado 'La Casita', la estructura situada en el escenario desde la que personalidades de distintos ámbitos disfrutan del concierto muy cerca del puertorriqueño.
Este escenario alternativo no está exento de polémica. Ha generado numerosas críticas por invitar únicamente a mujeres jóvenes, que representan un canon de belleza heteronormativo, y por consolidarse como un emblema elitista. Nerea Pérez de las Heras, con su mítica carta abierta de La Retaguardia, ha querido hablarle directamente a 'La Casita', a este espacio simbólico y a todo lo que representa.
"Eres más famosa que el Partenón"
Querida pequeña 'Casita' puertorriqueña de Bad Bunny:
Me dirijo a ti como espacio físico y simbólico. Eres más famosa que el Partenón. Ahora mismo hay más columnas de opinión sobre ti que sobre la ofensiva de Israel en el Líbano, pero no te preocupes, lo tuyo durará una semana como mucho, como toda conversación contemporánea.
'Casita' de Bad Bunny, empezaste a aparecer en los conciertos de uno de los artistas más famosos del mundo como símbolo de la gentrificación de su país, como reclamación de la autenticidad, como guiño a los orígenes. Cuando apareciste en la Super Bowl llena de latinos que viven en Estados Unidos le diste un respiro de alegría y dignidad a la gente a la que criminalizaban en la tele. El planeta entero miraba la fiesta que tenías dentro al ritmo de Tego Calderon y Daddy Yankee, se nos pusieron los pelos de punta y los luego los ojitos vidriosos cuando sobre tu tejado Bad Bunny cantaba: "Las mujeres del mundo entero perreando sin miedo". Eso a las amantes del reguetón clásico, como yo.
Pero me imagino que para la gente a la que el aparato racista y represivo de Trump persigue hasta la puerta del colegio de sus hijos esto fue más que un espectáculo.
"Una especie de casting cacería"
Ya sabes tú que en big 2026 las cosas van rapidísimo, lo siento mucho, 'Casita'. Has pasado de ser emblema de la concordia panamericana a una horterada para validar el estatus.
La casita puertorriqueña, como la de muchos sitios, me imagino que será un espacio en el que habita el recuerdo, el cariño, el olor a comida especiada, el descanso, el ritmo y muchos cuerpos de diferentes formas y edades. Y aquí te ves, 'Casita', rellena de gente rarísima. Hay futbolistas que no bailan. Hay celebrities a cuyos publicistas me imagino como locos, mandando mails y moviendo contactos para que sus representados estén ahí, lánguidos metiendo tripa. Ha estado hasta Marta Ortega, heredera de Zara, meciéndose detrás de una columna con ese gesto que tienen a veces los ricos de que la vida ya no les sabe a nada. Hay chavalas escogidas de entre el público en una especie de casting cacería. He visto a las guapas ser elegidas y dejar atrás a las amigas con las que venían al concierto. Esa imagen es triste. Las cosas como son. Ya parece que ha quedado atrás.
"Es imposible engañarnos"
Mira. Viniste a aterrizar en España. Ya lo siento. Aquí estamos ya muy espabiladas, muy politizadas. Si de algo sabemos las feministas, es de fiestas. Es imposible engañarnos aquí porque llevamos generaciones peleando por el goce de todos los cuerpos, por levantarles el castigo y ponerlos a bailar en todos los espacios. No hay nada que nos guste menos y nos aburra más que una casita cerrada a cal y canto. Es un asco tanto si te encierran dentro como si te dejan fuera.
Que fueras emblema de la convivencia en febrero y emblema de la misoginia en junio no es contradictorio, sino muy revelador de lo que sucede cuando un discurso funciona dentro de nuestro sistema económico. Es noble, se hace popular, a lo popular hay que sacarle rédito económico o de marketing y lo marketiniano se vende como producto dentro de las reglas del mercado que no son democráticas ni para todo el mundo y responden a unas convenciones estéticas. De lo que eres un símbolo indiscutible es de cómo el capitalismo le saca rendimiento hasta a nuestras mejores intenciones.