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Dependencia

Trabajadoras de cuidados, en pie de guerra: sin recursos, mal remuneradas y con contratos precarios o externos

  • Estas técnicas de atención sociosanitaria reclaman mejores condiciones laborales y económicas para dignificar el sector
  • Emplea a más de 130.000 personas, la mayoría mujeres: ayudan a levantarse, al aseo personal y a acompañar

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Repor - Las chicas del SAD

Cada día a las 8 de la mañana, Loli y Mª del Mar entran en casa de Enriqueta, una gran dependiente con daño cerebral que no puede valerse por sí misma. La levantan, la llevan al aseo, la duchan y la visten. "Es como un bebé, hay que hacérselo todo", comenta Loli mientras tritura leche con cereales para darle el desayuno a Enriqueta. "Venimos dos horas por la mañana y dos a mediodía, y por la noche otras compañeras vienen dos horas más", nos cuenta Mª del Mar al hacer la cama y recoger la ropa de la noche.

Sin la ayuda de este servicio de atención a la dependencia (SAD) Enriqueta hace años que estaría ingresada ya en algún centro residencial porque su familia no puede hacerse cargo de ella las 24 horas del día. "Para nosotros es fundamental que vengan. Nos libera, al menos entre semana, de las tareas más básicas de Enriqueta y nos permite hacer nuestros quehaceres cotidianos como ir al banco o al médico y no estar aquí permanentemente", nos cuenta Paco, hermano de Enriqueta, que vive unas casas más allá de ella.

Las tareas que se realizan en cada casa las determinan los trabajadores sociales de cada ayuntamiento, que realizan una visita previa al domicilio para evaluar el grado de dependencia del usuario y lo que necesita.

Hay familiares que se creen que somos chachas. Friégame aquí, plánchame esto,… y de eso nada. Nosotras venimos a ayudar al dependiente

"Hay familiares que se creen que somos chachas. Friégame aquí, plánchame esto… y de eso nada. Nosotras venimos a ayudar al dependiente, y solo al dependiente", matiza Chari, una dicharachera sevillana del SAD a la que acompañamos mientras atiende un domicilio con tres usuarios. "¿Ves? Aquí sí que tengo que hacer la comida, porque el hijo tiene una discapacidad intelectual, el padre alzhéimer y la madre no se puede mover. Pero en el resto de casas nada".

Trabajadores con formación mal remunerados

Las trabajadoras de ayuda a domicilio son personas que han tenido que pasar un período de formación hasta obtener la titulación de Técnico en Asistencia a Personas Dependientes, ya que entre sus funciones está la de manejar grúa para levantar a personas, saber alimentar por sonda nasogástrica o movilizar sin dañar al paciente. Son tareas imprescindibles que deben saber hacer, aunque la realidad choca siempre con las expectativas: "Las grúas somos nosotras, en los domicilios no hay. Los baños casi nunca están adaptados y las ayudas técnicas no existen. Acabamos haciéndonos daño nosotras para no dañar a los usuarios", relata Ana, del SAD de Sevilla.

Estamos formadas, hacemos que los dependientes puedan seguir en sus casas y no tengan que ir a una residencia… y los sueldos son una miseria

"A las empresas parece que les da igual. Estamos formadas, hacemos que los dependientes puedan seguir en sus casas y no tengan que ir a una residencia… y los sueldos son una miseria. Me pagarían más como limpiadora", es la amarga queja de Yolanda, empleada del SAD en La Rioja.

Externalización o municipalización; hay debate

A esta precariedad en sus condiciones laborales diarias se suman las contractuales. El Servicio de Ayuda a Domicilio depende de las administraciones públicas, sea ayuntamiento o diputación, pero en el 90% de los casos el servicio se externaliza y mediante concurso lo acaban prestando empresas privadas como Eulen o Domusvi. "Las empresas están ganando mucho dinero sin exponer absolutamente nada, cobrando la licitación y pagando a los trabajadores el 50% de lo que paga la administración. Esto se debe acabar", denuncia Miguel Montenegro de CGT Andalucía.

Por su parte, la patronal AESTE cree que hay margen de mejora en salarios y en condiciones laborales, pero que las administraciones también deben pagar mejor si quieren mejorar el servicio y ponen como ejemplo a la Junta de Andalucía, que ha subido la licitación hasta 14 euros/hora cuando la media es de 10 euros/hora.

Ana atiende a Juan

Ana atiende a Juan Repor

"No entiendo por qué los ayuntamientos no nos contratan directamente y así cobraríamos más", lamenta Yolanda sobre sus condiciones laborales. De hecho, hay ayuntamientos que han decidido municipalizar el servicio para evitar intermediarios y aumentar salarios a las trabajadoras, pero son los menos.

Cuidadoras, en pie de guerra

De momento, las trabajadoras del SAD, unas 130.000 en toda España, se han puesto en pie de guerra. Se consideran un colectivo invisible para muchos, pero en cambio fueron declaradas esenciales, y ni los salarios ni las condiciones laborales van acorde al trabajo que realizan.

El lema que gritaban en una manifestación es claro: "Hay que dignificar el sector. Queremos un salario digno y que las enfermedades músculo-esqueléticas se nos reconozcan como enfermedad profesional. Es la hora del SAD".