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Crecen las agresiones contra el colectivo LGTBI: "Se ha normalizado un discurso que roza el odio"

  • En 2019 se registraron 278 delitos de odio por orientación sexual, el número más alto de los cinco años anteriores
  • Las asociaciones lo relacionan con "el ascenso de la ultraderecha" y el señalamiento hacia el colectivo

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 Concentración en Salamanca en repulsa del crimen de Samuel
Concentración en Salamanca en repulsa del crimen de Samuel EFE/J.M.GARCIA.

El crimen de Samuel Luiz, el joven de 24 años víctima de una paliza mortal en A Coruña a grito de "maricón", según los testigos, ha puesto de nuevo el foco en un problema que muchos ya creían superado: la violencia contra el colectivo LGTBI. España, a pesar de ser uno de los países más tolerantes respecto a la orientación sexual, según apuntan varios índices, ha vivido en los últimos años un repunte en los delitos de odio y homofobia.

En 2019, el último año del que hay datos, se cometieron 278 hechos delictivos de odio contra personas gais, lesbianas, transexuales, bisexuales e intersexuales. Es la cifra más alta de los cinco años anteriores y ha aumentado un 8,6% respecto a 2018, según datos del Ministerio del Interior. Las palizas y ataques violentos son "la punta del iceberg" de la multitud de "microagresiones" que vive a diario la comunidad, apunta a RTVE.es Carmen García de Merlo, la presidenta del colectivo LGTBI de Madrid COGAM. 

Este tipo de delitos rara vez llega a la muerte de la víctima, pero es algo que sigue ocurriendo en nuestro país. En los últimos diez años ha habido cuatro casos, según el proyecto periodístico Crímenes de odio. Sin embargo, más allá de los datos oficiales, algunos expertos señalan el problema de la infradenuncia.

"Es posible que haya agresiones, incluso físicas, que no se lleguen a denunciar porque hay personas LGTBI que no confían en las autoridades. Creen que no va a llegar a nada o desconocen que eso que han sufrido es denunciable", destaca Francisco Peña Díaz, doctor en Derecho y especialista en derechos humanos LGTBI.

"Se ha normalizado un discurso que roza el del odio"

La razón detrás de este creciente acoso está en cómo "se ha normalizado en los últimos años en el debate público un discurso que roza el del odio", según Peña. Apunta directamente "al ascenso de la ultraderecha", que dispone de "altavoces muy potentes como el Congreso de los Diputados, los medios o las redes sociales".

"Ese discurso está calando en la sociedad. Pueden estar legitimando esos pensamientos en otras personas que estén dispuestas a llevarlo a cabo en forma de violencia", subraya el doctor en Derecho. 

Coincide en el diagnóstico de García de Merlo, que recuerda que en una de las primeras campañas de Vox el partido situaba entre sus "objetivos" la bandera arcoíris, junto al símbolo feminista y la hoz y el martillo. "De aquellos polvos estos lodos", señala, y denuncia también a PP y Ciudadanos, partidos que gobiernan en ayuntamientos y comunidades gracias a los votos de la formación de Santiago Abascal. 

Se alían con ellos para conseguir gobernar y el precio que hay que pagar son nuestras libertades

"En otros países a estos discursos se les pone líneas rojas. Aquí es lo contrario: se alían con ellos para conseguir gobernar y el precio que hay que pagar son nuestras libertades", critica.

"Ahora hay una intranquilidad que no había antes"

El propio Peña ha vivido en su piel el cambio que se ha vivido en los últimos años. "Hay una sensación de cierta inseguridad en el colectivo. Yo nunca había tenido miedo, cuando mi madre me decía ten cuidado por la calle yo siempre le restaba importancia, pero últimamente es una situación real", reconoce.

Yo intento no mostrar a ciertas horas de noche y a ciertos lugares que soy LGTBI

Como ejemplo, asegura que elige no pasar por ciertas calles de noche. "Hay una intranquilidad que no había antes. Yo intento no mostrar a ciertas horas de noche y a ciertos lugares que soy LGTBI", cuenta.

Además de los datos recogidos por Interior, la Federación Estatal LGTB publica su propio informe, que no se limita solo a las denuncias en comisarías, sino que también incluye las que registran asociaciones del colectivo de toda España. Según sus datos, los incidentes de odio registrados en 2018 se sitúan en los 971, un gran aumento respecto a los 629 casos del año anterior.

El asesinato de Samuel provoca una reacción en las redes sociales para denunciar otros episodios de agresiones lgtbi-fóbicas

El 70% de las víctimas son hombres gais, y la gran mayoría, un 68%, son jóvenes de entre 19 y 35 años. Por comunidades, Madrid concentra la mayoría de casos informados, 410, un 42,2%, seguida de la Comunidad Valenciana y Cataluña. Destaca la enorme diferencia territorial: en algunas comunidades, como Extremadura, Castilla-La Mancha, Cantabria o Baleares, apenas se notificaron uno o dos casos.

En el mundo rural, recuerda Peña, sigue habiendo un gran déficit de "visibilidad" del colectivo, a lo que se añade la falta de comunidades, asociaciones y la escasa implementación de leyes LGTBI que ya están aprobadas, lo que dificulta en muchos casos las denuncias, según el informe de FELGTB.

En cuanto al espacio de las agresiones, el 30% ocurre en la calle o el parque, un 24% a través de internet, un 13% en la casa de la víctima o en las inmediaciones y un 9% en la oficina o en servicios públicos y privados.

¿Por qué no se denuncia?

García de Merlo, que además de presidir COGAM es abogada, recuerda que compañeros suyos, letrados y fiscales "muchas veces no ven" el agravante de odio recogido en el artículo 510 del Código Penal, ya que consideran que es una imposición de la Unión Europea. "Solamente cuando hay casos como estos donde la víctima está en la UCI o lo matan nos acordamos de ello", lamenta.

Además, coinciden con Peña en lo difícil de denunciar. "Hay muchas cosas que ocurren en el metro o en muchos sitios, pero que la gente no denuncia porque no se quiere meter en complicaciones". A ello se añade el precio de la justicia, que "dicen que es gratuita, pero que no lo es", afirma, y el "miedo" del denunciante a ir a juicio y ver de nuevo las caras de sus agresores, ya que muchas de las agresiones son grupales.

Gran parte de la violencia "se produce en unos contextos que no favorecen la denuncia, dentro de las familias o de los colegios", donde las víctimas se sienten más desamparadas, asegura Peña. Otras, como migrantes que no tienen la situación regularizada en España, no se atreven a denunciar por su desconfianza hacia la Policía.

Propone, para evitar esto, "una labor mayor de formación y sensibilización de las autoridades respecto de cómo funciona la violencia antiLGTBI". "Lo estamos viendo en el asesinato de Samuel, que por más que insisten los testigos en que le llamaron maricón parece que han tardado en investigarlo como tal y la razón parecía que iba a ser otra", subraya.

Sobre si el crimen, que ha despertado una oleada de protestas en toda España contra la homofobia, va a llamar la atención sobre los ataques al colectivo, García de Merlo no está segura. "No lo sé, pero ojalá que su muerte no haya sido en vano", confía.

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