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El sector cultural perdió casi el 30 % de sus ingresos en 2020 y mira al futuro con preocupación

Noticia   Crónicas  

  • Más de 700.000 familias viven de la industria cultural, un sector históricamente precario y desigual
  • En 2020, solo las salas de conciertos perdieron 120 millones de euros, con 25.000 cancelaciones
  • Ya puedes ver "Cultura en Alerta" en RTVE.es y a las 23.50 en La 2 de TVE

Por
 Cultura en Alerta en Crónicas
Cultura en Alerta en Crónicas Carmen Bonet

Muchos proclaman que la cultura, con mayúsculas, es un bien de primera necesidad. Pero, a su vez, los trabajadores que viven de ella se quejan de no estar bien tratados; y la realidad demuestra, en ocasiones, que la sociedad no reconoce su valor o tiene una visión diferente de esas personas que, en la mayoría de los casos, disfrutan, y mucho, con lo que hacen en sus trabajos.

Para todos los públicos Crónicas - Cultura en alerta - Ver ahora
Transcripción completa

(Música)

# Ay...

# Es de la vida de artista, # es de la vida de artista. #

Ahora mismo ser artista es ser un Superman, un superviviente.

# Ay...

# Es de la vida de artista # continuo padecimiento

# que vivimos con tormento # y parece divertido. #

Que alguien me diga si ha pasado la pandemia

sin consumir nada de cultura.

# Mientras estamos distraídos,

# mientras vivimos # cantando y tocando. #

Esto es un curro, igual que elegimos cualquier otro,

con muchísimos años de formación.

# Muchos ignoran pensando # que se canta... #

Que la gente sepa que estamos en el teatro para ellos.

Nos necesitan y nosotros a ellos.

# Cuando la boca canta # y está el corazón llorando. #

Disfrutamos la cultura que muchas veces no valoramos.

Y no añorábamos.

"Señoras, señores, el espectáculo va a comenzar".

(Música)

El otro, nosotros, están ahí mirando y escuchando.

El teatro lo sabe.

Necesita además su reconocimiento y su presencia.

El público es el elemento necesario a quien dirige su mensaje,

el impulso para el que se expresa desde unas tablas,

un escenario o un micrófono.

(Música)

¡Ah!

De pronto, la parada súbita,

la parálisis, el silencio.

Los otros desaparecen.

Desaparece también parte del sentimiento,

de la evasión, de la vida.

El castigo es no poder mostrarse ante los otros.

La cultura parece que no está bien

o parece que no está bien visto decir y asumir

que la cultura es uno de los sectores

que más castigado está. Que la danza es uno de los sectores

que más castigado está dentro de la cultura.

Que el tablao, que el flamenco,

que los espacios donde se desarrolla el flamenco

son los espacios más castigados.

Seguimos sin poder trabajar,

seguimos sin poder trabajar ni mucho ni poco.

La parada obligada que la pandemia impuso en muchos sectores

paralizó especialmente los escenarios.

Unos han abierto tímidamente con medidas estrictas.

Otros, como los tablaos, siguen cerrados.

Algunos de ellos con la amenaza de un cierre general permanente.

Hay que tener en cuenta que un tablao flamenco

aglutina principalmente los que son los espectáculos de flamenco

y la hostelería en muchos casos.

Y vivimos en el 95% del turismo.

Nuestro público no está.

Y hasta que no se normalice el turismo a los niveles

que había antes de la pandemia,

pues estamos sin público. Esa es la realidad.

El flamenco, siendo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad

por la Unesco, desgraciadamente en España

no está valorado como fuera de nuestras fronteras

y eso al final nos está costando.

Los tablaos flamencos dan trabajo al noventa y pico por ciento

de los artistas flamencos de este país.

Si los tablaos cierran,

ese noventa y pico de artistas se queda sin trabajo.

Es decir, es la pescadilla que se muerde la cola.

Y, pues...

se termina el noventa y pico por ciento del flamenco

a nivel nacional y mundial.

O sea, esa es la triste realidad.

(Cláxones)

¡Somos una fuente de trabajo y de riqueza!

¡Somos un motor y somos industria!

¡Somos la identidad y la voz!

¡Somos patrimonio y progreso!

¡Queremos nuestro dinero! ¡Queremos nuestro dinero!

¡La cultura lo llena todo y nos define!

¡Es un derecho y es el nuestro también!

(Música)

Buenas tardes.

¿Qué tal? ¿Cómo estás? -Bien.

Uf, qué gusto quitarse la mascarilla.

Tenemos distancia. -Vamos a intentarlo desde aquí.

Tenemos distancia, así que...

Yo creo que la buena noticia

es que el teatro sigue siendo el territorio seguro.

Pues sí, la verdad.

¿Vosotros cómo os habéis apañado con el aforo?

Porque era poquito aforo. -Bueno,

pues con la ilusión de seguir trabajando,

aunque sea trabajar para unos cuantos.

Antes si podían entrar 50, ahora entran 30.

Pero bueno, siempre viene bien.

Igual hemos pasado de 180 a 90.

Sí, hay salas más grandes, claro.

Esta es muy pequeñita, caben 50. -Ya.

Y lo bueno es que la gente viene con muchas ganas.

Viene con muchas ganas, se ha notado mucho.

Hubo un momento que parecía que el tema fundamental

era si había terrazas o no había terrazas.

Y que de eso vivía el hombre, de abrir terrazas

o que estuviesen abiertas las terrazas.

Claro, es perfectamente comprensible,

la terraza y el teatro, se complementan muy bien.

La gente antes de entrar al teatro cenamos o salimos y cenamos.

30.000 funciones canceladas en todo el país.

130 millones de pérdidas.

Los teatros grandes y pequeños

han tenido que afrontar una nueva crisis.

En algunas zonas volvieron a abrir con todas las normas

de aforo y seguridad frente a la pandemia.

¡Vamos!

¡"One, two, three"!

(Música)

¡Échale el resto! ¡Échale!

¡Tu pelvis, con tu pelo! ¡Eso! ¡Échale el resto!

¡Suelta lo que no haga falta contraer! ¡Muy bien!

La certeza es que la gente viene al teatro

y viene con sus mascarillas.

Y notamos una emoción especial en el recibimiento del trabajo,

como un estar más sensible, diría más frágil.

Y esa fragilidad creo que ha permeabilizado

el ver las obras.

Mientras vais caminando, vais a estar escuchando

cómo suenan los pasos de toda la gente que está en la sala.

Con esa mirada horizontal

que ve todo.

Si se detiene alguien, nos detenemos todos.

En la docencia me sentía muy reticente

a trabajar con la mascarilla,

o sea, lo veía prácticamente imposible,

no daba crédito.

Creo que las primeras clases me costaba remontar,

"así no vamos a poder".

Y la sorpresa es que estamos trabajando

y estamos trabajando bien.

Entonces para mí las sospresas y los detalles en positivo.

Porque evidentemente el impacto para la profesión ha sido total.

El sector teatral es muy diverso.

Hay teatro institucional, hay teatro comercial

y están las salas alternativas.

Las salas alternativas son espacios pequeños

que no pueden vivir de la taquilla.

En nuestro caso hemos creado

toda una serie de actividades teatrales alrededor

que nos ayudan a subsistir.

Dependemos mucho de las ayudas de las instituciones públicas

y justamente de esa parte que la Constitución

proclama como el derecho a la cultura de los ciudadanos.

Nosotros intentamos cubrir ese derecho.

Y evidentemente cuando hay crisis siempre los sectores más recortados

son los sectores de la cultura

porque no se considera que sea algo imprescindible.

Primero se mira por las cosas del comer,

que hasta cierto punto es lógico.

Pero la cultura siempre va en el vagón de cola.

Vamos.

Intentadlo.

Este es el Taj Mahal del teatro.

Vamos.

Todo esto es solo amor.

Amor que me tiene una serie de gente que empezaron a estudiar conmigo

y ya no quieren separarse de mí.

Y un día encontraron este local,

lo prepararon sin que yo me enterase.

Y un día me dijeron: "Toma, la llave de tu teatro

para que puedas jugar aquí hasta que te canses".

No tan bajo,

que quede el final de las frases bien altas mejor que bajas.

(INTERPRETA)

Me gusta esta experiencia, me gusta.

De hecho, estudié magisterio.

Tenía cierta... Ser maestro y actuar.

Ahora la estatua. -Eres una estatua. Ya está.

(ININTELIGIBLE)

¡Pues estamos bien!

Y me gusta dar las clases y formar a la gente.

Verles cuando llegan aquí con el entusiasmo

y el misterio de que puede salir de aquí cualquier cosa.

Y es algo muy gratificante para cualquier maestro.

(Música)

Un auténtico desdichado.

Sí, ya sé que usted comparte mi idea, pero créame...

Es lo que ocurre entre el actor y el espectador.

Si no hay espectador, no hacemos nada en el escenario.

Y hay que mirar que estas son salas que se mantienen con dinero privado.

Doctor, no quiero que piense que soy un insensible.

Le puedo asegurar que contará con cinco eslotis míos

todos los meses.

Pues en este teatro tan chiquitito de 48 butacas

la verdad es que todos contribuimos

para que todo salga adelante de una forma coherente;

de una forma, sobre todo, de calidad;

de una forma que todo tenga visos de gran teatro

aunque seamos pequeñín.

Eso significa una implicación brutal de cada una de las personas.

He podido vivir de figurante, de eso he podido vivir.

Y cuando ha llegado la pandemia,

al quedarnos absolutamente sin ingresos, paralizados,

pues no he tenido más remedio

que buscarme un trabajo complementario.

De momento está ahí la idea de tener que buscar otra cosa

porque parece que todo está resucitando un poco.

Pero es verdad que ha habido momentos muy duros

y de, por supuesto, tener que buscar alternativas.

Te sientes muy intimidado porque el público se sienta seguro

y nosotros a su vez poder dar toda la expresividad

y todo lo que damos.

Entonces es complicado, muy complicado.

Pero estamos muy contentos porque la gente está viniendo.

Al principio la incertidumbre de qué pasará con las salas.

Era un poco como,

como el que no quiere pensar.

El que durante unos meses estás en un impasse

y dices: "Cuando llegue ese río, cruzaremos ese puente".

Y luego de repente el río llegó

y no veíamos el puente por ningún sitio.

Y entonces dices: "Me tiro al agua y nado".

No queda otra.

Pero el momento este en el que el río llega

y no encuentras el puente es un momento muy difícil.

De: "¿Y ahora cómo sacamos la sala adelante?

¿Cómo sacamos esto?". Porque no veíamos el puente.

Y, bueno, nos hemos tirado al agua sin flotador y a nadar.

El cuarto estaba tumbado en el suelo.

Como si hubiera escogido aquel lugar de la acera

para verlos mejor.

Pero no los veía...

porque no los miraba.

Un, dos, tres...

(Música)

A nosotros nos enganchó el confinamiento aquí el primer día,

justo aquí en la terraza empezamos con unas cervezas,

tocando la guitarra. Alguna vez lo habíamos hecho

y siempre había sido por pasar el rato

y ese día fue igual, por la misma causa.

Estábamos aquí jijí, jajá y empezamos a tocar una bossa nova,

empezamos con unos acordes; empezamos a improvisar.

"Eu vai morir da pena, estoy en cuarentena".

# Eu vai morir da pena, # Estou em cuarentena.

# COVID-19 na minha vena.

# Mais e muito melhor # que a trena. #

Y como quien no quiere la cosa, pues improvisando:

"Ay, pues mira, esta cosa..." "Aquí añadimos esta otra..."

Y sin saber portugués, no sabemos portugués,

sino que inventamos, hicimos una canción y la colgamos.

# Estou do confinamento. # Mais eu não quero do lamento, não.

# Eu vai o momento.

# E vai falar contento. #

Y la gente lo empezó a compartir y dijimos:

"Yo qué sé, estamos aquí,

dos semanas nos quedan de confinamiento,

menos un día que ese fue ayer, pues vamos a hacer otra.

Total, no hay nada que hacer, no podemos salir".

(CANTAN EN INGLÉS)

Y no sé, fue muy curioso porque no hemos podido asimilar

cómo pasó esa vorágine de cosas que nos iban pasando.

Era todo muy loco, iba todo muy rápido.

De repente, llevábamos una semana entera haciendo canciones.

Todo el rato nos levantábamos: "Bueno, ¿hoy qué hacemos?".

Como vimos que cada canción que colgábamos

a la gente le iba gustando y se las enviaban

por grupos de wasap y tal, no sé,

decidimos que igual podía ser una buena forma

de pasar el tiempo nosotros.

Creo que el positivismo

caducó a la tercera semana del confinamiento.

Cuando dieron la primera mala noticia que era:

"Lo que habíamos dicho, pues ya no". Ahí ya dices:

"¿No me la estarán colando?

¿No me digas que no voy a poder hacer

los bolos que tengo dentro de tres meses?".

Porque de repente ya todo es posible.

Todo lo que tú tenías planeado, eran dos semanas de parón y después:

"Bueno, vamos a recuperar la actividad".

Pero al cabo de unos meses no te dejan hacer conciertos.

O sea, no conciertos con mitad de aforo

y con restricciones y protocolos, es que ya no te dejan.

Ahora te dejan, ahora no; ahora no sé qué.

Aquí es cuando ya empiezas a decir: "Bueno..."

Cuidado que aquí va el curro de mucha gente.

Quería ser músico, he estudiado cuatro años de carrera.

Que sin los diez que estudié, seis de grado medio

y cuatro de elemental, no iba a poder entrar.

O sea, es de las formaciones más largas que hay

e igual de digno que ser abogado.

Entonces hay que empezar a verlo un poco más como eso

y menos como ese...

pasatiempo, ese hobby;

esa especie de romanticismo que se ha hecho

tan tóxica de la cultura y de la música

que tiende a dejarnos como amantes de algo

que nos sale de dentro hacerlo

y que no necesitamos una retribución económica

porque no es lo más importante,

(CANTAN EN INGLÉS)

Creo que al sector cultural le iría bien

que hubiera un cambio bastante profundo a nivel

de cómo entendemos la cultura como sociedad.

No solo la gente que dirige el país, sino la gente que los vota;

que pasa por entender que la cultura, no sé,

es algo que cuesta dinero y dejarnos de hostias de:

"No, los bolos son gratis y lo haces porque es tu hobby".

(Música)

El balance del año del coronavirus

en 2020 para la música en nuestro país es demoledor.

Se han perdido 1000 millones de euros

en facturación directa.

Solo las salas de conciertos

perdieron hasta final de año 120 millones.

Se cancelaron 25.000 actuaciones.

Y la mayor parte del personal relacionado con la música en vivo,

casi 5000 trabajadores directos, se quedaron parados.

El sector ha encabezado muchas protestas en estos meses

a través de asociaciones como Alerta Roja

o iniciativas como "El último concierto".

Esta pandemia ha sido catastrófica para el sector de la música en vivo.

Y, además, ha puesto de manifiesto la precariedad

que ya se venía arrastrando desde hace muchísimos años.

Las más pequeñas son las más frágiles.

Son un tercio imprescindible

que acogen a la mayoría de los artistas,

es allí donde los artistas cuando son autodidactas

o vengan de escuelas y estén formados

de una manera u otra,

es donde crecen y donde se consolida un poco

la carrera y se foguean con el público.

Hay una brecha impresionante entre lo que se considera cultura

y lo que no se considera cultura.

Una brecha impresionante entre la cultura con mayúsculas

y con minúsculas; entre la lírica y la clásica

y las músicas actuales.

Y hay una brecha enorme

entre diferentes equipamientos de cultura.

(Música)

Volver a recuperar la normalidad en los aforos

se ha convertido en una prioridad.

Poco a poco, con limitaciones,

han vuelto algunos conciertos en salas.

(Música)

A finales de marzo de celebraba

el primer concierto masivo sin distancias.

Una prueba piloto con 5000 personas

que habían superado la prueba de antígenos.

Una iniciativa que busca soluciones

para garantizar la seguridad en los conciertos de gran formato.

Amor de Dios es un centro muy adaptado al mundo actual.

Es una parte escuela, como fuera la más antigua

de todas las que existen en el mundo del flamenco

y probablemente la más emblemática.

Aquí se han formado no menos de 50.000 alumnos

repartidos por todo el mundo,

que en una parte explica lo que ha sido

la difusión del flamenco a nivel mundial.

Decidimos desde el primer mes que se nos permitió abrir

abrir y librar la batalla.

Eso sí, dejar puertas abiertas para que personas y artistas

pudieran tener por lo menos tener algún tipo de ingresos

en acciones paralelas ya que los escenarios

prácticamente se han cerrado.

Se han cerrado tablaos, se han cerrado teatros,

se ha cerrado todo.

Uno, dos...

Un, dos, tres, cuatro.

Siete, ocho. Por ahí va.

¿Qué pasa? Que cuando estamos aquí

en el ocho, nueve, diez...

Las posibilidades laborales que tenemos

están minimizadas al máximo.

Lo máximo que puedes hacer ahora es alguna función muy puntual

y clases, clases principalmente online.

Donde se pierde el tú a tú, donde se pierde la piel;

donde se pierde el aprendizaje.

Es aprender a respirar, es aprender a mover.

Es aprender a sentir el cuerpo;

a tener conciencia de tu musculatura.

Todo eso que detrás de una pantalla no se puede.

Tú puedes aprender pasos, pero no te puedo corregir,

no puedo hacer que tú,

como maestro no puedo hacer que tú crezcas

porque no tengo aquí, no te tengo en mis manos.

Ocho, nueve, diez...

Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis.

Ocho, nueve, diez...

Un, dos, tres, cuatro, cinco, seis.

Hay un país que es extraordinario,

probablemente el mejor del mundo en cuanto apoyo a la cultura

y a las artes en general que se llama Francia.

España ha sido siempre un desastre en esto.

Un desastre institucional, privadamente, por todos lados.

Las instituciones realmente el mundo de la cultura

lo tienen para la foto amable del momento,

lo tienen para el fasto de no sé qué.

Para sentirse amable en los momentos duros,

cuando tienen que poner cosas duras a la población,

siempre viene la foto con la cultura,

estupendo y todo es maravilloso.

# Cuenta, ay, un sabio

# que lo que quiere decir.

# Y unos ojos le responden...

# Es una palabra

# que no tiene explicación. #

"The Game", "El Juego", es un espectáculo

que se creó desde la amistad.

Es un espectáculo de los tres, José Valencia,

Juan Requena y Jesús Carmona, en el que estamos jugando.

# No puedo crecer...

# Y no... #

Somos tres artistas con una trayectoria muy dilatada,

con una conciencia de ese arte del flamenco muy amplia.

Entonces nos permite el estar improvisando,

dentro de los números improvisar, jugar, reírnos;

equivocarnos, volver a retomar.

Es un espectáculo de un formato muy chiquitito

porque actualmente casi no te puedes mover.

Somos tres personas, tres artistas más técnicos.

Y hay tres escenas muy claras

en las que nosotros estamos jugando, nos lo estamos pasando bien.

¡Ah, ah!

¡Eh! ¡Ah

¡Hala!

# Esa madrecita que tú tienes,

# que nunca

# te llegue a ti a faltar. #

La cultura para la mayoría parece ser que no es necesaria,

para mí sí es necesaria.

Es necesaria precisamente porque como de ella.

Entonces para mí y para mi familia es vital

y para muchos de mis compañeros es vital.

Si no, no podemos comer,

no podemos tener dinero para comprar en el supermercado;

para pagar los préstamos de las compras de casas,

las compras de coches.

# Ay, mi instinto... #

Si las salas cierran, ¿dónde lo hacemos, en la calle?

¿Nos ponemos una gorra en el suelo? Creo que es un poco complicado.

Espero que encuentren una solución.

(Música)

En mi vida día a día no me ha cambiado nada

que me encierren en mi casa.

Yo llevo encerrado 30 años.

Porque es que mi trabajo es en mi casa.

Después lo que voy es a recoger los frutos

de lo que siembro diariamente en mi casa.

A mí en ese aspecto

no me ha cambiado nada, sigo mi vida

exactamente igual como la llevaba antes.

Lo que sí me afecta son las ilusiones, las emociones.

¿Qué va a pasar?

Cuál es la motivación para seguir trabajando diariamente

si después no puedes llevarlo a cabo a ningún sitio.

La inseguridad que puede crear un espacio cerrado

es la inseguridad que uno psicológicamente,

el miedo que uno tenga dentro, ¿no?

Porque los teatros,

los espacios donde se desarrolla la cultura

están más que preparados contra el COVID.

Yo no entiendo, y como yo hay muchísima gente,

no entendemos cómo el transporte público

puede estar con una capacidad al 100%

y las salas no pueden estarlo.

No lo entiendo.

O sea, es algo incomprensible.

El pasado mes de marzo se anunciaba un plan de rescate

de 7000 millones de euros

en ayudas directas a autónomos y empresarios.

Unas ayudas que afectan a muchos sectores,

entre ellos el de los cines, las artes escénicas

y las salas de espectáculos.

Pero esas y otras ayudas y medidas

para sobrellevar la crisis de la pandemia

dicen desde el sector que no son suficientes

para rescatar a muchas gentes de la cultura.

Un sector siempre en precario,

con trabajos intermitentes y poca protección social.

Ha habido Gobiernos de nuestro entorno,

Gobiernos europeos como Alemania, Gran Bretaña o Francia

o la propia Italia

que han decidido bajar el IVA a un IVA reducido.

En Francia está en 2,2

o el 5% en Alemania

o lo que ha hecho también el Reino Unido.

España tiene un IVA

que está en el IVA reducido y en el IVA normal, el 21 o el 10.

Nosotros lo que pedíamos, creemos que es una mejor ayuda,

más que la ayuda directa que también es importante,

la ayuda que se puede producir cuando generas empleo,

cuando generas trabajo y cuando trabajas.

(Música)

El nicho cultural en nuestro país genera el 3,2%

del producto interior bruto,

es decir, somos la cuarta fuente de ingresos del Estado.

Genera empleo a más de 720.000 familias

y a las arcas del Estado le genera más de 40.000 millones.

Estos son datos que tenemos del año 2019.

Es muy amplia la cantidad de empleo que genera directo

y el indirecto es muchísimo más.

Por eso es importante cuidar a la industria cultural.

(Música)

Es mucho más duro ahora rodar

por la incertidumbre,

porque en cualquier momento se puede parar la producción.

No sabes lo que va a pasar.

Cada vez que se oye algo tienes el miedo.

O sale un positivo en el equipo.

Bueno, es complicado para todos,

desde los eléctricos a todo el equipo

que forma la producción.

Señores, vamos a grabar. Silencio. ¡Acción!

(INTERPRETAN)

Esta situación ha recalcado un poco la precariedad

que ya sufría el mundo de la cultura en general

y ha hecho que sea un poco más precario todo,

que vaya todo un poco más lento, que todo cueste un poco más

que de normal ya es difícil.

Me siento una afortunada totalmente por poder estar aquí,

por poder estar trabajando.

Pero en general, toda la población tendría que estar un poco cubierta,

tendríamos que tener una renta básica universal

o algún tipo de ayuda para que esta situación

no fuera tan desbordante a nivel social como está siendo.

(INTERPRETAN)

Estamos viviendo unos tiempos muy difíciles para todo el mundo.

Hay sectores y profesiones que lo están viviendo mucho peor.

Y dentro de mi profesión

creo que hay sectores que lo están sufriendo muchísimo,

como es el sector del teatro.

Y el sector del audiovisual y del cine

lo está acusando un poco menos.

Primero porque tenemos la suerte

de que se están tomando medidas muy drásticas.

En los rodajes hay medidas de seguridad por todas partes.

Los compañeros, por lo menos donde yo estoy,

lo han aceptado muy bien, nadie se quita la mascarilla.

Creo que al haber estado tanto tiempo confinados en casa,

una de las cosas que la gente ha tenido, una herramienta

un poco para pasar el día a día lo mejor posible

han sido los medios audiovisuales y las plataformas

que han servido para que la gente pudiera pasar

tanto tiempo en casa solas.

Creo que es un refugio muy grande el que estamos teniendo

con las plataformas y con las televisiones

en general para poder salir adelante

con esta situación tan incierta, además,

que estamos viviendo.

En los cines el año del virus, el 2020,

ha supuesto unas pérdidas tanto de recaudación

como de espectadores de más del 70% en comparación con el año anterior.

Al parón de las grandes producciones norteamericanas

hubo que sumarle también

la reducción de las producciones propias.

El virus ha encarecido, además, los rodajes un 10%.

Ante este panorama, la aventura de abrir

nuevas salas después del confinamiento

era un trabajo de valientes con mucha ilusión.

Antes de la pandemia los números decían

que cada año la gente iba más al cine.

En el año 2019 fueron 113 millones de asistencia.

Conviviendo con el gran boom de Netflix, de Amazon, el HBO.

O sea, creo que son absolutamente complementarios.

Ahora se consume más audiovisual que nunca.

Nosotros aquí también estamos colaborando de alguna manera

con Netflix que nos da una ventana de dos semanas

para poner las películas,

entonces creo que es compatible. O sea, los datos cantan,

la gente quiere audiovisual y quiere salir.

Y quiere ver películas en el cine y quiere ver películas en su casa.

El hecho de ir al cine es un acto social,

es un acto en el cual compartes con otra persona

pues una vivencia que es ver una historia,

una película de ficción o un documental.

La realidad es que después que nos decían tantas veces

durante la pandemia que los cines no iban a abrir nunca más,

que el cine tal y como lo conocemos no lo vamos a conocer,

abrir solo para mí era una auténtica maravilla.

Aunque fuera el 30%, con limitación,

aunque hubiera solo una persona en el cine

abrir para mí era esencial.

Pero ya ha sido una sorpresa total cuando el barrio

ha respondido tan bien.

Solo una semana antes de abrir los cines

ya teníamos vendidas casi 600 entradas la primera semana

y así ha sido semana a semana.

¡No juzgues! ¡Bien, sigue!

Nosotros lo que queremos es coger el coche

y llevar a los chicos a la puerta del colegio.

Nos sentíamos bastante olvidados.

Hasta que se han empezado a poner ayudas.

Y aun así, no sabemos qué va a pasar.

Es como también podemos llegar a la gente

y decirle lo seguro que es venir a los teatros.

Lo necesario que es ir compartiendo nuestro trabajo con ellos.

¡No pares hasta conseguirlo! ¡No te rindas nunca!

¡Oh!

Nosotros vivimos de las personas.

Trabajamos con una comunicación directa

en la que sin ellos no somos nada.

Y ese vínculo, que es lo que significa el teatro,

está muy en riesgo.

Porque ni para nosotros ni para las salas

produce mucho dinero, quiero decir, estamos todos perdiendo.

Absolutamente todos. Incluso es un acto de resistencia.

Yo lo llamo así.

Hay que resistir porque si no, nos morimos, ¿qué hacemos?

No podemos hacer teatro, ni crear cultura, ¿qué hacemos?

¿Nos quedamos todos en casa? No.

Hay que vivir y seguir para adelante.

(INTERPRETA)

Listado de trabajo.

Eso sí, una de las responsabilidades.

Saludarla que es difícil de recuperar.

Si yo tuviese que hablar de la utopía,

hablaría de una gran campaña prolongada en el tiempo

sobre la necesidad de la cultura;

sobre cómo animar a la gente a ir a eventos culturales

y cómo eso es algo que mejora nuestras vidas.

El leer un libro en este momento,

asistir a una obra de teatro es algo que te reconcilia

con el ser humano y con la vida.

Ahora se está moviendo en el agua.

Dentro de poco,

se irá la tormenta.

El sol saldrá

y ya se habrá ido.

Y si nadie lo remedia,

se ahogarán.

¡Que no cierren los teatros!

Nunca. Es el único sitio sano

para soportar la crisis.

Son lugares que se desinfectan diariamente.

Todo el mundo va con su mascarilla.

Usted no es lo que dice ser...

Donde no se hablan cosas. Fundamental.

Fundamental, importantísimo,

Ven su espectáculo,

sea de teatro, de danza, de música,

todo el mundo callado con su mascarilla quietecito.

Pero si al recibir su entretenimiento

ha podido tener un respiro,

luego sale y se va a su casa.

No se pueden cerrar los teatros.

Nosotros llevamos un proyecto que se llama "Terrats en cultura"

y empezamos con este proyecto en el 2012,

justo en ese momento que veníamos de una crisis económica en el 2008,

que en el 2012 ya era una crisis no solo económica,

sino institucional en todo el mundo de la cultura.

Teatros cerrando, muchos proyectos que se quedaban en los cajones

y no veían la luz

y no por su calidad, sino porque no había espacio

ni recursos para tirarlo para adelante.

(Música)

"Terrats en cultura" es la combinación,

como bien dice su nombre,

de un espacio que es la azotea y cultura.

En este caso, artes escénicas y música.

Nosotros hemos hecho desde poesía, teatro,

danza y música.

Cogemos una azotea, la llenamos de contenido.

Preparamos un espectáculo que siempre intentamos buscar

una programación que se adecue al espacio.

No todo vale en cualquier lugar.

Buscamos esta alquimia entre espacio y espectáculo.

(Música)

La pandemia ha expuesto la situación crítica

en que muchos ciudadanos vivimos,

que no disponemos de un triste balcón

quizá en nuestras viviendas;

que ha visto que las ciudades

no están pensadas para la ciudadanía;

no están pensadas para la salud emocional

de los ciudadanos.

Cuando no podemos salir de las casas,

podemos vivir en condiciones emocionales óptimas

dentro de las viviendas.

Y las azoteas son una plataforma para poder y, lamentablemente,

no todo el mundo dispone de una azotea en su casa.

(Música)

¡Hola!

Empezamos.

# Dices que debo coger mis cosas # y largarme de aquí.

# Que por mucho que lo intente # ya no queda más por decir. #

Creo que hay muchos problemas alrededor del sector,

por decirlo así,

y es que no se entiende aquí en España como un trabajo.

La gente piensa: "Si estás trabajando

en algo que te gusta, no es un trabajo".

Tenemos el concepto de que un trabajo

es algo que no nos gusta hacer, que es muy pesado;

que lo haces solo por dinero para tener una casa,

para poderte pagar la comida, las facturas.

¿Por qué no puede ser un trabajo la música?

¿Por qué no se valora eso?

¿Por qué toda la gente que nos dedicamos a la cultura

no somos también trabajadores?

(Música)

También la facturación de conciertos es una odisea para los artistas.

Y nos tenemos que hacer autónomos o buscar vías alternativas

para poder cobrar lo que a veces es una miseria

para el trabajo que hacemos.

Hay un problema también como muy debate

que es la educación en la cultura

y que el público entienda la cultura como un bien

y no como algo que es superfácil de acceder y que lo tienes gratis

y que vas a Internet y puedes tener toda la cultura que quieras así.

Hay todo un proceso para que tú como persona

puedas disfrutar de ella y que sea tan fácil.

Antes del coronavirus, ya veníamos de precariedad

y de situaciones difíciles por lo que comentábamos.

O sea, tenemos que buscarnos planes B, otros trabajos,

otros estudios, no paramos de estudiar las tres;

no paramos de apuntarnos en posgrados y másteres.

Pero evidentemente lo del coronavirus,

el virus, la pandemia ha sido un golpe fuerte

también para nosotras.

Sin ir más lejos, hemos tenido que dejar

nuestro local de ensayo porque no lo podíamos pagar.

Además, ensayar para no poder hacer bolos

nos parecía que no tenía ningún sentido.

(Música)

Listo.

(Música)

"El Salto" es un espectáculo de gran formato.

Somos siete bailarines, cuatro músicos,

incontables técnicos.

Y es un espectáculo que habla sobre la masculinidad

en el siglo XXI,

sobre cómo somos los hombres de hoy en día

y cómo vivimos nuestra masculinidad,

con sus miedos, con sus luces, con sus sombras

y siendo conscientes

del legado del patriarcado

que está en nuestro ADN.

Todo esto nació a raíz de que yo soy papá de un niño

y me cuestioné cómo quería que fuese

ese hombre en el futuro en la sociedad.

Y yo como padre qué podía hacer,

qué referente podía ser para él para que fuese un hombre sano,

como llamamos nosotros dentro del trabajo

en el que hemos estado tres años.

No un hombre enfermo, un hombre que...

Que tiene sobre sus hombros todo el peso de la sociedad

y todos los estereotipos y todos los miedos.

(Música)

Detrás del espectáculo hay utilería, iluminación,

sonido, vestuario, escenógrafos.

Es que hay tantísima gente que tú para hacer un espectáculo,

cuando el público se sienta y ve un espectáculo

es como la punta de un iceberg,

solo estás viendo el resultado, estás viendo el final.

No estás viendo el trabajo de meses y de años

que hay para que ese espectáculo esté en escena.

Y eso se compone de mucha, mucha gente.

(Música)

(Música)

(Música)

Crónicas - Cultura en alerta - Ver ahora

Como nos cuenta uno de los integrantes del grupo musical Stay Homas: “… Esto es un curro, igual de legítimo que cualquier otro, con muchísimos años de formación”.

Ésto es un curro, igual de legítimo que cualquier otro, con muchísimos años de formación

Stay Homas, formado por tres jóvenes músicos, nació en una azotea de Barcelona durante el confinamiento.

 Durante el confinamiento las noches se llenaron de música que salía de terrazas y balcones

Durante el confinamiento las noches se llenaron de música que salía de terrazas y balcones Crónicas


La cultura perdió en 2020 más del 36 % de sus ingresos

El mundo de la cultura es grande y diverso. A pesar de ello, ningún escenario se ha librado de los límites y el silencio que ha impuesto la pandemia desde marzo del año pasado. Los trabajadores de la cultura, algunos muy acostumbrados al trabajo precario y la inseguridad laboral, han vivido estos meses, en la más absoluta incertidumbre. Algunos especialmente, como los tablaos flamencos, han sufrido por triplicado; porque en sus escenarios se suman cultura, turismo y hostelería. Y muchos de ellos no podrán volver a abrir sus puertas.

  El bailaor Jesús Carmona en el Corral de la Morería

El bailaor Jesús Carmona en el Corral de la Morería Crónicas

La industria de la cultura mueve muchos millones en nuestro país. Según los datos del 2019, supone la cuarta fuente de ingresos al Estado. De la cultura dependen más de 700.000 mil familias de manera directa, que en muchos casos no cuentan con ninguna ayuda cuando las cosas vienen mal dadas. Tal vez el flamenco y sus espacios hayan sido los más afectados por el parón; y eso que el año pasado se cumplieron diez desde que la Unesco decidió declararlo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.

El flamenco, siendo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, pues desgraciadamente en España no está valorado como fuera de nuestras fronteras. Y eso al final nos está costando

“El flamenco, siendo Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, pues desgraciadamente en España no está valorado como fuera de nuestras fronteras. Y eso al final nos está costando”, afirma Armando del Rey, desde el Corral de la Morería.

El futuro incierto de la cultura, tras la pandemia

Las artes escénicas, como el teatro, la danza y la música han sido las más perjudicadas durante la pandemia; y aún lo siguen siendo pese a que se han empezado a abrir tímidamente puertas y escenarios. Los creadores insisten en la necesidad de que estos espacios permanezcan abiertos. Desde la Sala Cuarta Pared, Javier García Yagüe habla de su utopía: “Una gran campaña prolongada en el tiempo sobre la necesidad de la cultura, sobre cómo animar a la gente a ir a eventos culturales, y como eso es algo que mejora nuestras vidas.”

Una gran campaña prolongada en el tiempo sobre la necesidad de la cultura, sobre cómo animar a la gente a ir a eventos culturales, y como eso es algo que mejora nuestras vidas

 Butacas del teatro La Latina, esperando a su público

Butacas del teatro La Latina, esperando a su público Crónicas

El programa Crónicas, con zapateados, bailes, guitarras y voces sobre distintos escenarios, se aproxima a ese mundo de la cultura, en algún caso casi herida de muerte, de la que nunca podemos ni podremos prescindir, porque la necesitamos -la música, el baile, el teatro, el cine…- para sobrevivir. Paradójicamente, la pandemia nos lo ha demostrado.

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