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Una noche en la Cañada Real sin luz y a menos cero: "Vivimos peor que los presos"

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Oscuridad y mucho frío: así es pasar una noche en la Cañada Real tras el paso de Filomena

Aisha camina envuelta en varias capas de ropa, un abrigo negro y el pelo tapado con un velo a juego con sus zapatillas fosforescentes. Anda rápido, se mueve tanto como puede. Necesita aprovechar las últimas horas del día para entrar en calor, antes de encerrarse en casa y quedarse a solas con el frío en la Cañada Real. Contempla el atardecer, que se oculta cuando desaparece la luz natural.

Como ella, unas 4.000 personas a trece kilómetros del centro de Madrid llevan más de cien días con la luz cortada. En el asentamiento del sector seis de la Cañada Real la situación se ha visto agravada con la última ola de frío provocada por el temporal Filomena que ha dejado temperaturas bajo cero y una nevada histórica en Madrid.

Dos de los sectores de este asentamiento, uno de los mayores de Europa, sufren cortes de luz desde hace más de tres meses, causados por subidas de tensión en los cultivos ilegales de marihuana, según la empresa electrica. Con la ola de frío, la situación de las personas que allí viven se ha hecho insostenible e insoportable.

Las bajas temperaturas han congelado el agua de la mayoría de las tuberías, mal aisladas. La falta de luz empuja a las familias a calentarse con bombonas de gas, si pueden pagarlo; o con estufas de leña, si encuentran leña.

Aisha: "La ausencia de luz y el frío no me permiten ni leer"

En esta situación vive Aisha, que exprime las horas de luz en la calle, teñida ahora de blanco. Al entrar la noche se dirige a su pequeña casa. Allí la espera Zaki, su perro y único compañero. Enciende la linterna- compañera de viaje indispensable en la Cañada Real- y se dirige a una pequeña puerta que abre, despacio; advierte que hace mucho frío y lo primero que hace es comprobar si sale agua del grifo. "Está congelada", se lamenta.

La noche en Cañada Real, sin luz y con frío

La Cañada Real en Madrid lleva meses sufriendo cortes de luz. El frío y la nieve del temporal Filomena han agrabado la situación de personas como Aisha.

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  •  Las últimas parcelas de la Cañada Real son las más aisladas del sector 6

    Las últimas parcelas de la Cañada Real son las más aisladas del sector 6

    La nieve, el hielo y el barro dificultan el acceso de las viviendas más alejadas del asentamiento.

  •   Las velas son la alternativa más habitual a la iluminación en la Cañada Real estos días

    Las velas son la alternativa más habitual a la iluminación

    La falta de bombonas de gas y la disminución de los repartos de leña han dejado muchas viviendas a oscuras. Cuando cae el sol las velas son el único recurso.

Por la mañana ha logrado reunir un puñado de leña y sin quitarse el abrigo, enciende la estufa. "En unos minutos estará todo caliente", cuenta a RTVE.es esperanzada. Mientras, pide ayuda para traer un colchón desde la casa de su hermana, ahora vacía porque huyó de la Cañada Real cuando cortaron la luz.

Aisha se empeña en conseguir también un somier y más mantas. "El suelo está helado", avisa. No quiere que sus huéspedes, a los que acoge durante una sola noche, pasen el mismo frío que ella.

Tarda un rato en acomodar la casa. A medida que se enciende el fuego, se calienta el hogar y va relatando su historia. "Vivo sola, me he acostumbrado a la soledad", cuenta. Aisha tiene 46 años, los últimos ocho en España y casi cuatro en la Cañada Real.

No quería ser una versión más joven de su madre. "Ella fue víctima de violencia machista y mi padre se casó con otras tres mujeres". Por eso, no dudó en divorciarse y venir a España a buscar un futuro mejor. Sin embargo, mientras trabajaba cuidando a personas mayores, Aisha enfermó: cáncer de colon. 

Su enfermedad se juntó con el desahucio de la casa donde vivía con su hermana. Ambas se vieron obligadas a irse a la Cañada Real. Mientras habla de su tratamiento de quimioterapia, saca las fotos de su hospitalización y una carpeta repleta de documentos. Enseña su residencia en España en la que figura "no autorizada a trabajar". 

Tras varias sesiones de quimioterapia, solo tiene clavada la frase de su médico: "Aisha: come bien, por favor. Y cuídate". Se prometió a sí misma cuidarse y en ello está, aunque sus condiciones en la Cañada Real son más que difíciles para ello. "Estoy viva y esto es lo más importante", sentencia, sonriendo.

Lamenta que la falta de luz haya estropeado sus planes de acondicionar su casa en la Cañada. No encuentra una actividad con la que compaginar sus paseos. "La ausencia de luz y el frío no me permiten ni leer. Solo estoy pegada a la estufa". Las temperaturas gélidas lo condicionan todo en su día a día. 

Antes de dormir cuenta todas las mantas: una, dos, tres... y así hasta cinco. Durante la noche, se despierta un par de veces para tapar bien al perro, que duerme en su propio colchón. Cuando amanece, se despide y agradece la breve convivencia, aunque sea por una noche: "Siempre estoy sola ¡volved!"

Aisha utiliza cuatro mantas para refugiarse del frío durante las noches en la Cañada Real
Aisha utiliza cuatro mantas para refugiarse del frío

Aisha utiliza cuatro mantas para refugiarse del frío durante las noches en la Cañada Real SERGIO M. FERNANDEZ / EBBABA HAMEIDA

Alumbrarse con una vela, ducharse con agua fría

Son muchas las historias de vida en la Cañada Real, todas ellas condicionadas ahora por la falta de luz y el frío. El sector 6, la zona que lleva más de cien días sin suministro eléctrico, se despierta con seis grados bajo cero. Hiela. Allí se concentran varias chabolas, casas de chapa y humo de chimeneas improvisadas. El asfalto pasa a ser lodo y las parcelas se convierten en casas aisladas cubiertas de nieve.

Allí vive Carmen con sus hijas y nietos en una casita de madera rodeada de blanco: "Nos alumbramos con una vela y encendemos la lumbre con la leña".

Lleva desde 2010 viviendo en la Cañada Real y en diciembre, al fin, la llamaron desde la administración por su proceso de realojo. "Estoy deseando que me concedan una casa. Y ahora, sin la luz, mucho más que antes", dice esperanzada.

Carmen no tiene problema en enseñar su hogar, con una cocina, un salón y una habitación grande donde muchas noches duermen todas juntas buscando darse calor. También enseña todas las mantas que usan para combatir el frío. El paso de la borrasca Filomena, la falta de luz y de agua han hecho que la pandemia pase a un segundo plano para los vecinos de este asentamiento.

“No creo que pase nada, pero he sentido miedo. Tengo miedo que se me derrumbe la casita”, explica Carmen a RTVE.es. "Vivimos en unas condiciones peores que los presos", la interrumpe su hija Ana. A sus 19 años explica cómo se duchan con agua fría, sin baño y aislados en "un lugar desierto cubierto de blanco".

Por culpa de uno que se dedica a la droga, nos cortan la luz a todos

Ana quiere estudiar fotografía. Entiende que la situación económica de sus padres es complicada. Lo que más le preocupa son los estigmas que pesan sobre su comunidad debido al tráfico de drogas existente en la Cañada Real. "¿Si dicen que hay políticos corruptos quiere decir que todos son corruptos? En la Cañada Real hay de todo. Por culpa de uno que se dedica a la droga, nos cortan la luz a todos. ¿Es eso justo?", concluye, resignada.

"Estamos cansados, doloridos y abandonados"

"Estamos cansados, doloridos y abandonados". Así resume Raquel, otra vecina de la Cañada Real, la situación de todo el asentamiento ante una situación que viene de lejos, pero que en los últimos días se ha agravado. Abre las puertas de su casa y prepara el desayuno. Es temprano todavía y las dos palabras que más repite son "cansancio y hartazgo".

Esta mujer explica que se encuentran en una situación límite. "La pasada noche vino la ambulancia a por una vecina. Perdió el conocimiento y, al no recuperarlo, tuvieron que llevarla al hospital". Aún así, Raquel recuerda que llevan muchos meses pasando frío, más allá de la última semana y el temporal Filomena. En la Cañada Real, llueve o, mejor dicho, nieva sobre mojado.

"Un día llegué a casa después de trabajar y me encontré con mi padre llorando", lamenta esta mujer, implicada socialmente con este asentamiento en el que colabora para que las condiciones de vida de los vecinos mejoren. "Cuando me dijo 'hija me estoy muriendo de frío', me asusté mucho". 

Los vecinos del sector 6 de la Cañada Real reclaman el reabastecimiento de luz a Naturgy. "También se lo pedimos a la Comunidad de Madrid, al Ayuntamiento, al Gobierno de España y a las Naciones Unidas", reivindica Raquel, que insiste en que la situación es "desesperante".

Una familia de la Cañada Real ha presentado esta misma semana la primera denuncia por el fallecimiento de una persona relacionada con el corte de luz. "Cuando hablamos con los sanitarios nos contaron que el fallecido no tenía ninguna patología previa, tampoco tenía COVID-19 y de la noche a la mañana falleció", expone Yasmine Etteghilti, vecina de este sector seis, que busca que se investigue "la relación entre el fallecimiento y la falta de luz en la Cañada Real, en medio de una emergencia climática".

Vecinos de la Cañada Real rechazan el realojo ante las nevadas y piden que se restablezca la electricidad

"El otro día vi una niña que cargaba con un rollo de cinta aislante y al preguntarle a dónde iba me respondió 'a arreglar la luz'", relata Raquel, que reclama la atención mediática y de los políticos. "Si nos dedicaran tan solo media hora, se darían cuenta de cómo estamos y que somos personas", añade.

Mientras carga la cafetera, enumera todo lo que tiene que hacer para ella y para la comunidad de la Cañada Real. Una de sus tareas, explica, es llevar algo de leña a Aisha. Todos ellos unidos por un frío que esperan pronto pase.

Rechazan soluciones que no son más que "parches" como el realojo temporal mientras dure la ola de frío y piden poder vivir con dignidad.

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