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"Vivir en la Cañada Real me da la motivación para cambiar las cosas: Queremos tener un futuro"

  • Jasmine, una de las 600 jóvenes de la Cañada Real, pide desmontar los estigmas sociales que pesan sobre su futuro
  • Cruz Roja reparte kits de alimentos e higiene a unas mil personas en el Sector Seis de este barrio madrileño

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Vecinos en el Sector Seis de la Cañada Real en Madrid
Vecinos en el Sector Seis de la Cañada Real en Madrid RNE

Los negros ojos de Jasmine exigen una mirada de tú a tú. Su tono de voz no es el de una víctima. Entra por la puerta, envuelta en mascarilla y guantes, Y antes de hablar observa con añoranza las aulas vacías del centro de estudios al que acudía cada tarde para hacer los deberes y repasar. “Aquí tenemos ordenadores y podemos estudiar. En casa no siempre consigo concentrarme. Además, aquí también tengo a alguien con quién hablar y sé que no me va a juzgar”.

“Espero que esto en un futuro no siga existiendo”. Ella, a sus 18 años asume el contexto en el que vive. "No lo he elegido, pero es lo que me ha tocado”, cuenta a RNE. No tiene dudas de que en sus manos está el poder para cambiarlo.

Lleva desde los cinco años viviendo en el Sector Seis de la Cañada Real, el más estigmatizado, conocido por sus calles sin asfaltar sembradas con pequeñas chabolas de latón. “Siempre he tenido claro que yo quiero salir de aquí y tener una vida en condiciones, que aquí ya la tenemos, pero con pocos recursos.”

Siempre he tenido claro que yo quiero salir de aquí y tener una vida en condiciones

En ese Madrid que no se ve se esconden las voces invisibles, las voces de una generación que grita contra los estigmas y los estereotipos.

Afán de superación de los jóvenes de La Cañada - Escuchar ahora

Motivación para cambiar las cosas

"A mi vivir aquí me da motivación. Yo voy a intentar cambiar las cosas y mucha gente que vive aquí también", responde a la pregunta de qué le supone vivir ahí.

Le preocupa que la crisis del coronavirus afecte a sus estudios, quiere superar los exámenes de la EBAU y estudiar educación social. “Se me ha brindado ayuda por lo que me gustaría a mi también en el futuro, si cabe la posibilidad, ayudar al resto”.

Sabe que, aunque pase el confinamiento, ellos seguirán aislados y no le resultará fácil ir a la universidad. “La realidad de la cañada a nivel educativo es que no existe transporte para los estudiantes fuera de la edad obligatoria” relata Pablo Choza, responsable del proyecto de Caritas Madrid en la zona.

Jasmine y Pablo dan vueltas por el centro. Recuerdan algunos de los momentos precovid. Ella está deseando que vuelva a abrir, es un lugar de encuentro también y la biblioteca es su mejor refugio. Es cómo un oasis en medio de la nada. En este centro, Caritas presta apoyo a más de cien estudiantes -desde infantil a bachillerato-, pero estos días de pandemia se ha reconvertido en un almacén de ayuda humanitaria.

Cruz Roja reparte alimentos en la Cañada Real

Cruz Roja reparte alimentos en la Cañada Real RNE

“Ellos llevan años entrenando lo que es el confinamiento, de aquí tenemos mucho que aprender” confiesa Pablo. Ahora que se lleva la conectividad para relacionarse o estudiar ella tiene dificultades porque “muchas veces hay cortes de luz" y no puede entregar los trabajos a tiempo. Sin embargo, presume de la riqueza cultural y del sentimiento de comunidad. Las vecinas han hecho traducciones en árabe, rifeño, portugués, rumano y francés para que toda la población entienda mejor los mensajes de las autoridades.

“Queremos tener un buen futuro y sobre todo tener la oportunidad para conseguirlo” sentencia ante el micrófono. Nos recuerda que hay más de 600 jóvenes con historias parecidas a las suyas. Habla en plural al definirles como imparables porque no hay miseria que pueda vencer sus sueños e ilusiones.

La ruta de la Cruz Roja

En este sector viven 800 familias y un total 3.000 personas que han visto como su frágil economía de subsistencia se ha paralizado con la llegada del coronavirus. Estos días muchas de estas familias agradecen recibir los kits de alimentos y de medicinas que reparten los martes y jueves una veintena de voluntarios y personal de Cruz Roja. Alex y Laura son dos de ellos:

“Vamos siguiendo el orden del número de las viviendas (...) Yo voy llamando al listado para avisar" y que salgan a la puerta, explica Miguel.

Cuidan cada detalle, son estrictos con las normas de higiene. Van con las mascarillas y guantes, se echan gel desinfectante cada vez que van a coger los cartones y se montan al coche. No temen por su salud, temen por la salud de las familias que visitan.

“Se hace la distribución a domicilio para evitar que las familias se desplacen” asegura Daniel Áhlquist, coordinador de proyectos de Intervención en Zonas Desfavorecidas de Cruz Roja en Madrid. “Hacemos el reparto según las necesidades individualizadas de cada familia”, este proyecto entra dentro de la operación Responde y se hace en coordinación con los Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid.

Van casa por casa, las familias les esperan en la puerta. Primero, siempre va el saludo y el interés por su estado de salud. “El objetivo es tener controlada a la población más vulnerable” dice el responsable.

Carmen es madre de tres hijos, hace poco perdió su casa, ahora se encuentra acogida por sus vecinos. "Estamos bien de salud que es lo importante", cuenta. Rosa, otra vecina, confiesa que están "francamente mal". "No hay agua y la luz, anoche, se cortó hasta las dos de la madrugada". Fredi asegura que es la primera vez que recurre a estas ayudas.

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