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Coronavirus

Suicidio y depresión: la otra 'epidemia' más allá del coronavirus

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Suicidio y problemas mentales: la enfermedad más allá del coronavirus

"Lo que estamos viviendo ahora se parece mucho a una catástrofe natural. El confinamiento ha sido como un huracán: mientras está pasando hemos estado unidos, apoyándonos. A esta fase se le llama "Luna de miel": hemos salido a los balcones, dibujado arcoíris, aplaudido a los sanitarios. Pero ya ha pasado el huracán y nos damos cuenta de que nuestra casa está destrozada, hemos perdido familiares, nos hemos quedado en paro. Ahora es cuando van a aumentar los problemas y patologías psiquiátricas y por tanto los suicidios".

Quien presenta este escenario es Lucas Giner, psiquiatra y uno de los mayores investigadores del suicidio en España. Por el momento es imposible saber si se están produciendo ahora más suicidios que antes del COVID-19. El INE no publicará los datos hasta dentro de dos años, el tiempo que tarda en recopilar las muertes confirmadas por esta causa, que le llegan de los institutos de medicina legal de todo el país.

Hay pocas certezas, pero las que tenemos por ahora vendrían a confirmar esta hipótesis. En Andalucía, la comunidad más poblada, el consumo de antidepresivos aumentó más de un 10% el pasado mes de marzo, y un 9% el de ansiolíticos (el estado de alarma se inició el 14 de marzo).

En el Teléfono de la Esperanza aseguran que nunca en sus 50 años de historia habían recibido tantas llamadas. "Más ahora que en el confinamiento", nos cuenta Ángel Pérez, uno de sus portavoces. No han aumentado por suerte las llamadas relacionadas con intentos de suicidio, pero sí por crisis ansiosas y estados depresivos: "Un 45% más desde que comenzó el estado de alarma, si lo comparamos con las mismas fechas del año pasado". 38.400 llamadas. Y siguen en aumento, nos dicen.

Para intentar atender todas las peticiones de ayuda han puesto en marcha un servicio complementario al teléfono: la web compartevida.es. "A través de ella rellenas una serie de datos y un psicólogo clínico te llama lo antes posible. Normalmente da unas dos o tres sesiones. Ha tenido una gran acogida, con más de 1.300 solicitudes", asegura Pérez.

La salud mental, el "patito feo" de la sanidad pública

La OMS también alertaba en mayo sobre el aumento de problemas de salud mental en todo el mundo derivados de la pandemia. Llamaba a los países a que "aumentaran sustancialmente" sus inversiones en salud mental.

En España han pinchado en hueso. En enero de este año, cuando todos pensábamos que el coronavirus era algo que ocurría en China, el Defensor del Pueblo ya pidió al Gobierno y a las comunidades autónomas que incrementaran esa inversión. La ratio de psicólogos por habitante "apenas ha aumentado en la última década" según su informe. Aunque el panorama varía mucho según cada comunidad, han calculado que en nuestra sanidad pública hay seis psicólogos por cada 100.000 habitantes. Tres veces menos que la media europea.

"Antes del COVID el suicidio ya era un problema en España" nos dice Andoni Anseán, psicólogo y presidente de la Fundación Española para la Prevención del Suicidio. Los datos son tozudos: cada día en España se suicidan 10 personas y se estima que otras 200 lo intentan. Es desde hace años la primera causa de muerte no natural en nuestro país, sus víctimas casi doblan a las de los accidentes de tráfico, según los últimos datos de 2018.

"Y sin embargo los servicios de salud mental siguen siendo el patito feo de la sanidad pública", continúa Anseán. "Apenas reciben el 5% de la inversión en sanidad a pesar de que tienen un peso cada vez más grande. Se estima que una de cada cuatro consultas al médico de cabecera están relacionadas con la salud mental". Ante la pregunta de si estamos preparados para un posible aumento de patologías mentales la respuesta es clara: "No lo estamos en absoluto".

Si dotamos de más medios a la atención primaria los suicidios disminuyen

"Está estudiado en varios países europeos que si dotamos de más medios a la atención primaria los suicidios disminuyen. Los médicos de cabecera son la primera línea en la detección del riesgo", nos cuenta el psiquiatra e investigador Lucas Giner. "La mayoría de los suicidios están relacionados con patologías psiquiátricas, que no necesariamente son enfermedades mentales graves. Si se trata esa patología en muchos casos desaparece la idea del suicidio. El problema es que no llegan a tener acceso a ese tratamiento. Se estima que la mitad de los que se han suicidado no han llegado a ser diagnosticados".

"Esperemos que no nos ocurra como con la pandemia y el aumento de problemas mentales que se prevé nos pille con el pie cambiado. Nosotros no necesitamos equipos de protección sino tiempo y recursos humanos", concluye Giner.

Documentales-Máster RNE - La soledad del suicidio - 24/08/19 - Escuchar ahora

Todos los especialistas consultados para este artículo coinciden en que es imprescindible un plan nacional de prevención del suicidio. Ahora mismo, según la Fundación española para la prevención del suicidio, solo nueve comunidades autónomas tienen planes específicos en este asunto.

Desde el Teléfono de la Esperanza nos advierten de la disparidad de criterios para abordar el problema: "Nosotros participamos en guías, convenios y protocolos que se hacen en Comunidades autónomas e incluso en ayuntamientos, y cada uno actúa de manera diferente. Unos solo contemplan actuaciones sanitarias, otros incluyen guías para periodistas... Hace mucho tiempo que venimos pidiendo un plan a nivel nacional. Es necesario, igual que se ha hecho un plan para los accidentes de tráfico que ha tenido buenos resultados". Y recuerda: "En España hay 13 veces más suicidios que homicidios. Pero apenas se le presta atención, sigue siendo un tema tabú. Y no se puede hacer prevención de lo que no se habla".

Para todos los públicos El cazador de cerebros - Prevenir el suicidio - ver ahora
Transcripción completa

Mira, la primera depresión la cogí con 33 años.

-Yo sentía que no estaba ilusionada.

-Y en 2016, con 36, volví otra vez.

Fue la peor que he tenido. La peor.

-No acababa de encontrar esa satisfacción.

-Ya ni me esforzaba, no quería salir...

-Empiezas a no relacionarte bien con el mundo que te rodea,

con la gente.

-Es un tormento tener eso en la cabeza.

-Y tampoco es cuestión de decidir una semana,

sino que llega ese momento y lo decides.

-Y, al final, lo haces.

Te levantas y dices: "Voy a hacerlo. Se acabó".

-Piensas que la única manera de sentirte mejor

es llegar al suicidio.

"Si estás viendo esto, es que eres una mente inquieta.

Ya somos dos.

Me llamo Pere Estupinyà y quiero investigar

cómo la ciencia intenta solucionar problemas globales,

explicarnos cómo funciona el mundo y hacernos más felices.

Y, para ello, busco cerebros que estén en la mismísima frontera

del conocimiento para que nos cuenten lo que saben.

Bienvenidos."

Todos tenemos algún caso, más o menos cercano,

de persona que se ha quitado la vida.

El suicidio es la primera causa de muerte no natural en España.

La primera.

Hace 20 años, a mucha diferencia, era el tráfico.

Y se tomaron medidas: se mejoraron carreteras,

se hicieron fuertes campañas y se redujo.

En cambio, para prevenir el suicidio,

porque se puede prevenir, no se hizo casi nada.

Los números están igual. ¿Cómo puede ser?

Pues porque es un tabú social: se esconde, nos incomoda.

A nosotros también, pero la ciencia no debería tener tabúes.

Y nuestra filosofía es que también un tema como este

puede aportar una información muy valiosa

para entender mejor el problema y para plantear soluciones.

"En lo que llevamos de programa,

se han suicidado tres personas en el mundo.

En España, cada año fallecen por suicidio

3.569 personas,

que es el doble de víctimas de los accidentes de tráfico,

siete veces más que por accidentes laborales,

11 veces más que por asesinatos

y 80 veces más que por violencia machista.

Por cada muerte por suicidio, hay 20 intentos más.

En mujeres, el aumento de suicidios va creciendo de forma suave

a lo largo de la vida,

pero en hombres es a partir de los 65 años

cuando se produce un pico importante.

La tasa de suicidio en España es de las más bajas de Europa,

en torno a ocho suicidios al año por cada 100.000 habitantes.

Y no se ha movido en los últimos 15-20 años.

Os comparto una duda que tuvimos con el equipo

al plantearnos este capítulo.

Por un lado, está el efecto Papageno,

personas en riesgo que recapacitan

al conocer testimonios de supervivientes.

Pero también está el efecto Werther, o de contagio,

al oír hablar de este tema.

Entonces, ¿debemos tratar este tema en los medios o no?"

Hay que hablar de este tema.

Nos lo piden las familias de los supervivientes, los pacientes.

Tenemos que hacer que este problema sea reconocido por la gente

como un problema de salud para que se busque ayuda,

porque si se oculta, es una barrera real

a acceder a un tratamiento que puede ser eficaz,

que puede salvar vidas.

"El Dr. Palau lidera uno de los programas más exitosos

a nivel nacional en lucha contra el suicidio."

Las personas que fallecen por suicidio

en más del 90 % de los casos están enfermas.

Tienen una enfermedad mental. Sí.

La más frecuente es la depresión.

Pero no es solo la enfermedad mental lo que lleva a una persona

a suicidarse, hay otros factores asociados.

Cualquier situación puede ser un factor precipitante...

Claro. ...del suicidio.

Por ejemplo, la pérdida de un trabajo.

Muchas veces son cosas transitorias. Sí.

Es decir, un desamor, una pérdida de un trabajo...

Te puede hundir y no dejarte ver que en dos o tres semanas

puedes estar mejor. Claro.

Shneidman, uno de los ideólogos de la suicidiología,

dijo que el suicidio es una solución permanente

para un problema temporal.

Estos problemas tienen solución, se pueden abordar.

Lo que pasa es que la persona,

como está en una situación

de distorsión cognitiva,

con un bajón emocional tremendo,

no es capaz de identificar la ayuda

ni de buscarla ni de sentir la ayuda.

Incapacidad para pedir ayuda. ¿Tan mal puede estar una persona?

Voy a llamar al Teléfono de la Esperanza,

donde hay personas entrenadas que nos van a contar

con qué casos se encuentran y quizás aconsejarnos

si detectamos que alguien está en riesgo.

Tono de llamada

Sí, dígame. Hola. ¿Blanca?

Sí. Hola, buenas tardes.

Me imagino que es una llamada más fácil de las que suele recibir.

Sí. Espero que sí. (RÍEN)

Hay llamadas de todo tipo.

Hay llamadas de personas que solo nos quieren contar algo

porque se sienten solas.

La soledad es algo que lo tenemos clarísimo,

en el Teléfono de la Esperanza, en estos días,

la soledad que hay en las familias, en las casa es increíble.

¿Qué nos diría a cualquiera de nosotros

que podemos encontrarnos en la situación

de que un amigo o un familiar veamos que manifieste

un riesgo de suicidio o una depresión muy severa?

Cuando alguien se nos acerca a nosotros

para decirnos: "Mi amiga creo que está pensando en suicidarse"

o "Veo a mi madre con problemas",

lo que tenemos que tener claro es observar esas señales

que nos van manifestando que son presuicidio.

Muchas veces detrás de un suicidio existe soledad, incomprensión...

Entonces, no dejar a esa persona sola.

Dependiendo de la situación, habrá que comunicarlo a la familia.

Y, por supuesto, si necesita profesionales,

acudir a los profesionales.

Yo, cuando viví el suicidio de mi hijo,

la verdad es que nunca pensé que lo podía vivir.

Y después de haberlo vivido,

es que yo no encontré absolutamente a nadie.

Y entonces es cuando realmente se fundó,

después del suicidio, Asociación de Supervivientes.

Es la primera entidad que nació

en la que todos somos supervivientes,

hemos sufrido una muerte por suicidio de un familiar.

Y nos dedicamos a dar, principalmente,

soporte en este proceso de duelo que es tan difícil y doloroso

y donde falta encontrar ese espacio para hablar.

-"¿Qué podía haber hecho? ¿Qué he hecho mal? ¿Qué le faltaba?".

Y, claro, eso es durísimo,

porque muchos días de tu vida estás examinando con lupa

qué es lo que has hecho mal.

-Mi hermano nunca lo verbalizó, nunca lo dijo.

Mi hermano tenía un hijo precioso, una mujer,

una familia que lo quería.

Mi hermano no era un prototipo de lo que nos pensábamos antes

de las personas que morían por suicidio.

Mi hermano no entraba en este prototipo de vida.

Él tenía un trabajo, familia, todos lo queríamos...

Entonces dices: "Ostras, pero si... Pero ¿por qué?".

Una familia maravillosa, un buen trabajo...

Podríamos ser muchos de nosotros.

Cuesta comprenderlo,

pero es que a veces el cerebro distorsiona la realidad.

De hecho, lo hace siempre.

Si estamos tristes, la vemos medio vacía.

Y si estamos contentos, la vemos medio llena.

Las emociones siempre van por delante.

Y, en casos extremos, pueden llegar incluso a la psicosis.

La psicosis está fuera de la realidad.

Cuando yo vivo en un mundo que no es compartido por los demás,

cuando yo estoy absolutamente convencido

o bien con el pensamiento de que suceden cosas que no suceden

o tengo experiencias sensoriales, de ver o escuchar cosas

que los demás no, ahí tengo un cuadro psicótico.

Lo más frecuente es que la psicosis aparezca

en etapas tempranas de la vida,

sobre todo cuando luego se manifiesta de forma crónica.

Esa psicosis no desaparece.

Pero en adolescentes, gente joven, los primeros años de la edad adulta.

Ante situaciones nefastas,

¿todos podemos volvernos psicóticos, perder la cabeza,

o se necesita un cerebro preparado para ello?

La psicosis afecta a un 3 % de la población.

Es un número importante.

Pero ante determinadas circunstancias,

si se dan las condiciones necesarias de gravedad y de tiempo,

cualquier persona podría psicotizarse

y cualquier persona podría escuchar una voz que no existe

o tener un delirio

o un pensamiento paranoico de que le persiguen o le vigilan.

Una persona que consume una sustancia tóxica,

una persona que se encierra tres o cuatro días

en una habitación a oscuras...

Un trauma importante puede hacer que cualquier persona,

unos con más facilidad que otros, se psicotice.

Hablemos ya de suicido y de adolescentes.

¿Hay alguna edad crítica, desde los 0 hasta los 25 años?

¿Algún momento crítico?

Hasta los siete u ocho años,

no existe el concepto de que no hay vuelta atrás.

Una persona que se muere no vuelve,

con lo cual, por debajo de esa edad, no podemos hablar de suicidio.

Desde los siete hasta los 12-13 años, en la infancia hay casos de suicidio,

pero son muy raros y suceden excepcionalmente.

Sin embargo, a partir de la adolescencia,

a partir de los 12-13 años,

hay un aumento muy importante, muy importante,

de números de suicidio.

¿Qué indicadores o factores de riesgo,

tanto biológicos como sociales,

hay para que un adolescente,

ante una situación, de nuevo, desafortunada,

reaccione con intento de suicidio mientras que otro no?

Hay tres grandes grupos,

fundamentalmente en adolescentes y en personas jóvenes,

tres grandes grupos de factores de riesgo.

Uno, que probablemente sea el más importante,

tiene que ver con aspectos de salud mental.

Es importante recordar que no toda persona que se suicida

tiene un trastorno mental,

pero que aproximadamente un 90 % de las personas que lo hacen

cumplen criterios para un trastorno mental.

Otro segundo grupo es aquello que tiene que ver con el trauma,

con los factores estresantes. Ajá.

El que en un momento determinado uno pierda a alguien cercano,

el que en un momento determinado le den una noticia muy mala,

el que alguien sufra un abuso, un maltrato...

Y el tercero son factores que tienen que ver con la personalidad.

El neuroticismo, la impulsividad,

esas personas que tienen ese tipo de personalidad

de enfrentarse a los problemas de una manera determinada,

más que la resolución del problema,

de hacer las cosas sin pensar o a través de defensas neuróticas

tienen más riesgo de cometer suicidio.

El suicidio lo solemos concebir como una respuesta dramática

a unas circunstancias externas nefastas,

pero es verdad que hay personas que reaccionan diferente.

Y eso nos indica que puede haber una predisposición biológica.

Una de las personas que más ha investigado

la parte hormonal, la parte genética,

la parte neurobiológica,

es la Dra. Maria Oquendo,

que es presidenta de la Asociación de Psiquiatría Estadounidense.

Si nos fijamos en algunos de sus trabajos,

"factores neurobiológicos que condicionan la respuesta suicida",

"materia gris asociada a mayor depresión",

"respuesta deficiente al estrés",

"serotonina",

"dopamina"...

Veamos qué nos cuenta.

Llamada por Skype

Dra. Oquendo, muchísimas gracias por atendernos.

Encantada.

¿Realmente hay factores biológicos, genéticos, hormonales

o neuronales que predisponen a algunas personas

a reaccionar de manera suicida?

Lo más sorprendente para el público

es pensar que pueda ser motivado un comportamiento tan complejo

y tan difícil de entender como el suicidio

por factores biológicos.

Pero sí existen factores biológicos, hormonales,

de niveles neuroquímicos en el cerebro

y también de funcionamiento del cerebro.

Sin duda. ¿Qué hacen estos genes?

¿Cuáles son los genes implicados?

Pues aún no hemos llegado a poder definir cuáles son los genes.

Seguramente es una constelación de genes que contribuyen al riesgo,

no va a ser un gen el que cause este tipo de comportamiento.

Entonces, con los estudios de escáneres cerebrales,

de resonancia magnética funcional y de positrones,

¿sí que han encontrado pequeñas diferencias

entre el cerebro de alguien con predisposición al suicidio

del de una persona digamos convencional?

Esa idea de que una deficiencia serotoninérgica lleva al suicidio

o a los intentos de suicidio lleva estudiándose mucho tiempo.

Lo que pasa es que ahora tenemos metodologías mucho más precisas

que nos ayudan a encontrar incluso áreas en el cerebro en particular

que son relevantes.

Por ejemplo, muchas personas conocen a alguien

que ha intentado suicidarse o que se ha suicidado

de una forma muy súbita.

Sin embargo, sabemos que también hay otros individuos

que tienen más indicios en cuanto a ideación suicida crónica.

Y estas personas tienen un patrón completamente diferente

en cuanto a los marcadores biológicos en comparación con aquellos

que hacen intentos de suicidio impulsivos.

Puede imaginarse que la persona que está contemplando hacer algo así

a veces no está segura de que quiere morir.

Y podemos predecir qué tipo de intención tenía la persona

y, de igual manera, también podemos predecir

la intensidad y la ideación suicida que tenía en ese momento.

Interesante lo de los dos tipos.

Uno más por impulsividad, por mala gestión del estrés...

El Dr. Arango me contó una cosa que me dejó sobrecogido.

En consulta con personas que se han intentado suicidar,

pero han sobrevivido,

algunos explican

que inmediatamente después de la acción se están arrepintiendo.

Es impactante, y también demuestra que en estos casos

sí que se puede prevenir.

Y luego las situaciones depresivas.

La depresión severa.

Es más complejo, pero también hay herramientas.

Dr. Palau, usaba el término "enfermedad mental"

para definir esa depresión profunda. Ajá.

No un estado depresivo transitorio. No, no.

Algo que tampoco depende tanto de lo que pase fuera,

sino de que algo no funciona bien en el cerebro.

Es la intensidad y la duración de este malestar

el que nos hace entender que es una enfermedad.

Pero es que, además, toda la investigación

sobre las bases neurobiológicas de la depresión

ha demostrado que hay unos cambios

en el funcionamiento de las neuroaminas,

de unos neurotransmisores que todo el mundo reconocerá,

como la serotonina.

Hay unos cambios en estos neurotransmisores

que están por debajo de este estado mental.

Y sabemos que con el tratamiento farmacológico

y con el tratamiento psicoterapéutico,

si es eficaz, revierten.

Y esto lo podemos ver cuando hacemos tratamientos con neuroimagen,

pruebas de neuroimagen, por ejemplo.

Esto no es una metáfora, es así.

El cerebro de una persona que tiene una depresión,

una depresión profunda, está inflamado.

Tiene elementos de inflamación, marcadores de inflamación,

que también vemos en otras enfermedades,

que están disparados.

Y hay una inhibición de la neurogénesis,

de la regeneración de las neuronas,

que si no se trata ysi no se revierte,

puede provocar no solo alteraciones funcionales,

sino alteraciones estructurales cuando pasan años y años

y esto no se trata, no se revierte.

Los tratamientos usuales, los antidepresivos,

tienen una latencia, un tiempo, para empezar a hacer efecto

de unas dos o tres semanas.

Y esto no hay nada que lo pueda remediar.

Sí que es cierto que ahora estamos ensayando un fármaco

que tiene un efecto muy rápido.

Las primeras cuatro horas, primer día,

primeras 24 o 48 horas, puede producir

un efecto antidepresivo y antisuicida.

La esketamina, ¿no? Es la esketamina, sí.

Es cierto que es derivado de un anestésico.

Por tanto, es conocido desde los años 70.

Lógicamente, hace que realmente tenga que hacerse su uso

bajo un control.

De hecho, se está haciendo control hospitalario.

Pero también tiene ventajas, se ha usado también en niños.

Por tanto, podría ser eficaz para tratar el riesgo de suicidio

y la depresión en niños.

Qué curioso lo de la esketamina como terapia de choque

para crisis muy agudas.

En EE. UU., ya han aprobado un antidepresivo

vía espray nasal.

Y el Dr. Palau me contaba que en casos muy extremos,

todavía ahora utilizan "electroshock" en la clínica.

Pero fuera de la clínica, el aspecto social es fundamental.

Y aquí la referencia es la Alianza Europea contra la Depresión.

"La European Alliance Against Depression

es una organización sin ánimo de lucro

que engloba a 18 países y actúa a varios niveles.

Informa a la población en medios de comunicación

y en Internet de que la depresión se puede tratar

y que hay que buscar ayuda.

También trabaja en la atención primaria

formando a todos los profesionales sanitarios

para que puedan reconocer los síntomas.

Implica a otros agentes sociales como policías, farmacias,

servicios sociales o colegios.

Y, finalmente, actúa sobre grupos de riesgo,

como las personas que han sobrevivido

a una tentativa de suicidio.

En nuestro país, las iniciativas oficiales

siempre han sido locales en ciudades como Barcelona,

Terrassa, Valencia, Orense o Valladolid.

Y los resultados de todas ellas han sido positivos,

porque han logrado reducir

la repetición de los intentos de suicidio

en hasta un 11 %.

Ah, y la información en medios audiovisuales

no generó efectos perniciosos."

Para atender las crisis suicidas,

tenemos una preparación especial.

Hemos recibido charlas y tenemos también

un "software" con el que podemos trabajar

que nos ayuda a la hora de evaluar un poco

el grado de riesgo de la persona con la que estamos hablando.

Con lo que vamos escuchando,

vamos metiendo unos "items" en el programa

y eso, al final, nos dará un resultado.

Entonces, en función de cómo esté ese nivel,

actuaremos de una manera o de otra.

¿Y acierta más el "software" o su intuición?

(RÍE)

Bueno, a fuerza de escuchar llamadas y llamadas de personas,

también nuestra intuición es fundamental.

Blanca, muchas gracias.

Y, bueno, en nombre de muchas personas,

imagino, le doy las gracias.

(RÍE) Muy bien, pues muchas gracias a ustedes.

"El Teléfono de la Esperanza puede parecer poco novedoso,

pero es muy eficiente,

sobre todo porque actúa directamente en grupos de riesgo.

Pero es urgente actuar en muchos otros ámbitos,

como la educación y la formación de profesionales."

Rompemos ese problema de discontinuidad asistencial,

de segmentación del sistema,

haciendo una intervención de gestión.

Cuando una persona comete una tentativa

y recibe un tratamiento en un hospital y le dan el alta,

solo un 20 % acude después a la visita con el psiquiatra.

Con este sistema, lo que hacemos es que les llamamos por teléfono,

les damos una visita priorizada en menos de una semana,

a los niños en menos de 24-48 horas,

y aseguramos que más del 90 % reciban una atención adecuada...

Sí, sí, sí. ...y continuada.

-Tenemos que introducir en el sistema educativo

módulos relacionados con la salud y la enfermedad mental

y el riesgo de suicidio.

-El programa europeo, la European Alliance Against Depression,

es un programa de ciudad, de ciudades de 200.000 habitantes,

que aplican estas medidas de forma intensiva.

De todas maneras, son necesarias medidas de estrategia nacional,

medidas legislativas.

-Tenemos que ser capaces de trabajar

el sistema educativo, el sistema sanitario,

el sistema social,

en un plan nacional de prevención del suicidio

que está demostrado, se ha demostrado en otros países,

que reduce el número de suicidios.

Si lo estamos haciendo para la violencia de género,

si lo estamos haciendo para los accidentes de tráfico,

¿por qué no para el suicido?

También hay iniciativas más innovadoras.

En Canadá, se siguen perfiles de Twitter

y se usan herramientas "big data"

para detectar adolescentes en riesgo.

Y se pueden rastrear conductas en Internet.

Y luego, los programas de prevención basados en evidencias

han demostrado que, por ejemplo, disminuir el número de pastillas

en algunos fármacos,

o poner barreras en sitios donde se pueda saltar,

realmente funciona,

porque das un tiempo para reflexionar,

sobre todo a las personas que lo hacen de manera impulsiva.

En EE. UU., se hizo en el Golden Gate de San Francisco

y funcionó.

Y se ha demostrado que si las personas

tuvieran menos pistolas en casa, se reducirían los suicidios.

Detección temprana y barreras para dificultarlo

se ha visto, que a nivel privado y público,

funciona.

Sorprende que con las cifras tan altas

y siendo algo que se puede prevenir, no haya una estrategia nacional.

Nos consta que se está trabajando. Vamos a ver qué nos cuentan.

Los expertos que hemos consultado nos dicen que cómo puede ser

que no haya una estrategia nacional de prevención de suicidio.

Bueno, es cierto que no hay una estrategia nacional.

Es cierto que el suicidio ha sido un tema muy tabú.

(ASIENTE)

Y es cierto que muchas comunidades autónomas,

Cataluña, Valencia, por ejemplo,

ya vienen hace tiempo desarrollando una estrategia específica

para el suicidio.

Nosotros, desde el ministerio, desde esta dirección general,

estamos desarrollando, actualizando, una estrategia de salud mental,

donde uno de los puntos fundamentales va a ser la respuesta

o el abordaje integral al suicidio.

Esa estrategia que estáis trabajando,

¿cuáles serían las líneas principales

y cómo se ejecutará una vez esté aprobada?

La implementación fundamentalmente reside en las comunidades autónomas.

Evidentemente, es un abordaje muy multidisciplinar

que va, por supuesto, con una parte importantísima

en relación a los servicios de salud mental,

pero también desde la atención primaria,

desde los servicios sociales, desde el abordaje de profesionales,

el acompañamiento y el apoyo

a las asociaciones de pacientes o familiares...

Por ejemplo, profesionales como puedan ser

la policía, los bomberos...

Tenemos que ir adecuándonos a las situaciones que tenemos,

pero no cabe duda de que tenemos grandísimos investigadores

en todos estos campos de los que estamos hablando

que nos ayudan mucho a poder discernir

por dónde tenemos que ir

y también a evaluar esas políticas que implementamos

para saber si están funcionando.

Pero ¿por qué se ha tardado tanto?

Bueno, yo creo que una de las claves es precisamente ese tabú,

ese miedo que existe a hablar del suicidio.

Yo creo que la sociedad en conjunto, y en ese sentido

quizá los profesionales de forma más individualizada,

han ido dando respuesta,

pero hacía falta una estrategia a nivel nacional.

Yo creo que es una suerte contar con experiencias

en diferentes comunidades autónomas que nos permiten ver

qué es lo que funciona mejor en nuestro medio

y, de esa manera, poder avanzar y dar respuesta.

Claro. Y esto pasa también

por visibilizar el problema del suicidio.

Que no sea un tema tabú, un tema escondido.

Yo tuve la ocasión de vivir el suicidio

de una compañera de trabajo y a mí, sinceramente,

de los temas que más me llamaron la atención

es como que esa compañera no había existido.

En algún momento, otra compañera incluso quitó una foto

que había en la pared donde estaba ella como diciendo:

"Esto es un problema", y no es la forma de abordarlo.

¿Que la depresión está ahí? Sí.

Sigue ahí y sigue latente,

pero las ideas de suicidio no las tengo.

-Cabe decir que sí, que hay esperanza

y que se puede hacer y que...

la base está en buscar ayuda en profesionales,

la medicación, que creo que es fundamental,

y en tu trabajo personal.

-"Pues hoy voy a salir a comprar". ¿Sabes?

Es un pasito que vas dando.

Va costando, pero está ahí.

O sea, tienes que hacerlo.

Pero ya no por los demás, porque al principio yo decía:

"No puedo ver a mi familia así, sufren por mí".

Y pensaba: "Bueno, lo haré".

Pero no es por tu familia, es por ti.

El cazador de cerebros - Prevenir el suicidio - ver ahora

La epidemia desconocida

Desde la OMS llevan tiempo advirtiendo de que la próxima epidemia, al menos en los países occidentales, no será un virus, sino una enfermedad mental: la depresión. "Y de ella también muere gente. Se llama suicidio", sentencia Andoni Anseán.

Pero los suicidios son muertes evitables, nos dicen, por eso el impacto en el entorno de los fallecidos es tan devastador. "Se calcula que cada suicidio deja a entre 80 y 100 personas afectadas, con un duelo durísimo, puede que de por vida", asegura Ángel Pérez, del Teléfono de la Esperanza. "En el entorno de la víctima siempre queda la incógnita de si podía haber hecho algo y el sentimiento de culpa".

"Si nos llegan a la cabeza deseos de morir lo primero que debemos hacer es hablarlo con los familiares, comentarlo con gente cercana, y buscar ayuda profesional. En atención primaria saben cuando tienen que derivar a los especialistas" Asegura el psiquiatra Lucas Giner. Lo mismo que nos dicen desde la Fundación para la Prevención del Suicidio: "Se debe acudir al médico de cabecera, exactamente igual que si tuviese un dolor de espalda o de cabeza. Hay que ir al médico, admitir que se tiene un problema. Y sobre todo pedir ayuda".

El suicidio, una realiad silenciada

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