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Coronavirus

Horas de cola para recoger una bolsa con alimentos: "Es la única opción para que mi hijo pueda comer"

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Horas de cola para recoger una bolsa con comida: "Nunca pensé estar aquí pero lo agradezco infinitamente"

Trabajaron durante años en empleos que solo les permitían vivir "al día" y la pandemia los ha arrastrado ahora hasta una situación de pobreza que nunca habían imaginado. Esto es lo que están sufriendo muchas de las personas que hacían cola este sábado en el barrio madrileño de Aluche para recoger una bolsa con comida y poder mantener a sus familias una semana más.

El número de solicitantes ha ido creciendo a lo largo de la mañana, pero ya a primera hora dos largas filas recorrían las calles aledañas al local de la Asociación Vecinal de Aluche, que a mediados de marzo y ante la “urgencia” decidió crear una red de alimentos para ayudar a los más necesitados del barrio.

La mayor parte son familias trabajadoras que vivían de contratos “precarizados” o de empleos que se realizaban "en negro", como los relacionados con las labores domésticas o el cuidado de los mayores, explican desde la asociación a RTVE.es.

Las imágenes de una cola kilométrica en la que esperan cientos de personas para recoger una bolsa con comida han dado la vuelta a España, pero detrás de ese vídeo viral se esconde "la triste realidad de muchas familias" y también la solidaridad de una asociación de vecinos que ha tenido que reinventarse para ayudar a quienes viven a pocos metros de distancia. Es la Asociación Vecinal de Aluche y en las últimas semanas ha logrado repartir comida a unas mil familias. Recogen tres días a la semana las donaciones de los vecinos y las reparten los sábados y domingos.

El sufrimiento de dos madres solteras para sacar adelante a sus hijos

Debido al impacto mediático de la iniciativa, las colas son más extensas cada fin de semana y, por eso, la misión de algunos voluntarios es vigilar que se cumplen las medidas de distanciamiento y organizar el flujo de personas. Para esto último han decidido abrir dos filas: una en la que esperan quienes están inscritos en el listado de la asociación y otra en la que se sitúan los que no lo están o se encuentran en lista de espera.

En la segunda, la de los "nuevos", se encontraba este sábado Jeancarla, una joven de 24 años nacida en Bolivia que trabajaba en el sector de la hostelería antes de que la pandemia se expandiera por España.

“No me ha llegado el dinero del ERTE y ahora mismo no tengo nada que comer, tengo un niño pequeño y espero que me ayuden aquí, pero no lo sé porque hay mucha gente y no estoy apuntada”, explica la joven.

No me ha llegado el dinero del ERTE y ahora mismo no tengo nada que comer

Es la primera vez en su vida que se ha visto en la obligación de pedir alimentos, pero asegura que es “la única opción” que tiene para que su pequeño de cinco años pueda comer. Ambos viven en una habitación alquilada y Jeancarla lleva dos meses sin pagar la mensualidad.

“Él no sé da cuenta de lo de los pagos y del problema del alquiler, pero sí se da cuenta de que estamos en esta situación. Se come lo que hay y ve que no tiene lo que sí había antes cuando yo trabajaba”, lamenta la joven.

"Cada día le pido a Dios que esto pase pronto y encuentre un trabajo"

Su caso es parecido al de Alejandra, otra joven madre soltera del mismo barrio que solo tiene buenas palabras para agradecer la ayuda que le han ofrecido sus vecinos. Este sábado no ha podido recoger su bolsa porque no tiene nadie que cuide de su hijo de dos años, pero ha contactado con los voluntarios para ver si pueden llevársela a casa.

“La única ayuda que recibo es la de esta asociación y el único ingreso que tengo son 430 euros de mi subsidio, que se me agota en agosto, y de ahí hay que restar el alquiler social más los gastos”, cuenta Alejandra, que se siente “entre la espada y la pared” y teme que la echen de su vivienda.

El único ingreso que tengo son 430 euros de mi subsidio, que se me agota en agosto

“Cada día le pido a Dios que pase esto pronto y que yo encuentre un trabajo como lo tenía antes del virus”, confiesa la joven, que trabajaba como empleada doméstica y ha visto cómo su empleadora "no le ha dado la mano en nada".

Su deseo ahora es el mismo que expresan todas las personas con las que ha hablado RTVE.es en alguno de los tramos de la cola para recoger alimentos: volver a trabajar.

"Nunca pensé verme en una situación así"

“Yo lo único que quiero es retomar mi trabajo de cocinero”, pide Carlos, que tiene 46 años y ha trabajado en varios restaurantes de Madrid. Tampoco se había visto en la necesidad hasta ahora de acudir a la caridad, pero esa es la única forma que encuentra a día de hoy para que su familia tenga, y "de milagro", un plato sobre la mesa.

También Nelly, camarera de profesión y en ERTE, espera impaciente que Madrid pase de fase con la esperanza de poder volver a su empleo: “En otra ocasión seremos nosotros los que ayudaremos", asegura. Y, a pocos metros de ella, Dilma explica lo difícil que es vivir con la incertidumbre de no saber "qué pasará". 

"En mi familia todos están sin trabajo. El 20 de marzo les dieron de baja y no cobran nada, ninguna ayuda. Hemos hecho solicitudes de desempleo pero hasta ahora no hay ninguna respuesta. No sabemos qué va a pasar, así que todos los sábados vengo aquí y también recibo ayudas de la Iglesia. Gracias a eso estamos comiendo", explica esta paraguaya que lleva 16 años en Madrid y que en las últimas semanas ha hecho colas de más de cuatro horas para recoger comida.

En mi familia todos están sin trabajo y no tenemos ninguna ayuda

Lo peor es que ni siquiera tiene claro que cuando Madrid pase a la siguiente fase de la desescalada su familia vuelva a tener trabajo.

Con lágrimas en los ojos y casi sin poder articular varias palabras seguidas, explica otra mujer el dolor que siente ella tras haberse quedado sin empleo después de 12 años trabajando en una empresa dedicada a la limpieza. Tampoco sabe si volverán a contratarla y tiene que mantener a su madre y a su hermano.

“Nunca pensé verme en una situación así”, lamenta Carol sin poder contener el llanto. Agradece “infinitamente” la generosidad de sus vecinos y espera, dice, poder devolverle al barrio lo que fue capaz de entregarle en el momento más duro.

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