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Coronavirus

Ecuador: ¿Quién recoge a los muertos?

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Un familiar y el empleado de una funeraria llevan un ataúd que contiene el cuerpo de una mujer que murió en su casa REUTERS/Vicente Gaibor del Pino

Los muertos tienen todo el tiempo del mundo para esperar. Pero los deudos de los muertos llevan ya demasiado tiempo aguardando a que alguien recoja los cadáveres de sus familiares. En Guayaquil, la capital económica de Ecuador, hay 450 personas durmiendo el sueño de los justos. Son datos de la policía. Reposan con algo de dignidad, pero en la más absoluta soledad, en cuartos aislados de varias viviendas. O descansan en plena calle, cubiertos por alguna sábana y abandonados sin miramientos, sin dignidad y sin compañía. Los vídeos que han colgado varios ciudadanos son absolutamente demoledores.

Nadie sabe si todos murieron por coronavirus. Pero ese es el gran temor entre los vecinos. Sus relojes se mueven lentísimos esperando a que alguien se digne a recoger a los muertos mientras asisten atónitos a la expansión de la pandemia por Ecuador. Porque el virus ha entrado con fuerza en el país, el que más infectados y más víctimas reporta de toda Latinoamérica, a excepción de Brasil. Ha entrado con tanta fuerza que todo el mundo parece paralizado. Incluidas las empresas que deberían recoger esos cuerpos.

Hay un factor importante: el miedo. La ministra de Gobierno, María Fernanda Romo, lo contó sin tapujos al diario El Comercio: “Muchas funerarias ya no están dando ese servicio o prefieren que haga el levantamiento la Policía o las Fuerzas Armadas. Y prefieren que actúen estos cuerpos de seguridad por temor a que sean casos de contagios de coronavirus”.

Nadie actúa en Guayaquil

La realidad, de momento, es que nadie actúa. Y cada vez se escuchan testimonios más desgarradores. El diario El Universo  recoge el testimonio de Estefanía Guerrero. Su padre tenía problemas respiratorios. Murió el sábado, después de que intentara ingresarlo sin éxito en varios hospitales. Falleció de camino a uno de esos centros y la joven tuvo que regresar a casa con el cadáver de su progenitor. "Lo llevamos a casa y un policía nos dijo que lo reportáramos por el 911, que es el trámite menos corto. Pero no contestan, no me dan respuesta. Y yo ya no sé qué hacer. El olor es putrefacto", señala Estefanía.

Otra periodista relata igualmente a El Universo el mensaje difundido en un chat con otros colegas informadores: "Tenemos una situación complicada cerca del Hospital del Seguro, por el lado del centro de diálisis, por donde está la basura… Han dejado ahí a los muertos, pensamos que es por coronavirus, porque nunca los han dejado ahí. Necesitamos que nos auxilien", señala esta periodista.

Protestas y disturbios

Las protestas de los vecinos derivaron el lunes en varios incendios de contenedores en cuatro puntos de Guayaquil. La pasividad de las funerarias se ha intentado paliar poniendo al Ejército a recoger los cadáveres. Por la ciudad se extendió el rumor de que se iba a crear una gigantesca fosa común para depositar a los muertos. Y el Gobierno respondió anunciando la creación de dos camposantos con capacidad para albergar a dos mil cuerpos.

Ecuador vive a diario escenas de pánico, miedo y devastación. Y todo eso se concentra, sobre todo, en Guayaquil, donde se acumula el 60% de los casos. De Guayaquil era también la “Paciente Cero”, una mujer de 71 años que había ingresado al país el 24 de febrero procedente de España. Esa mujer, que tenía la residencia fijada en la localidad madrileña de Torrejón de Ardoz, murió días después por coronavirus.

Desgraciadamente, la conexión española podría explicar por qué Ecuador tiene el mayor número de contagiados y muertos per cápita en América Latina. Así lo explica el epidemiólogo e investigador Esteban Ortiz a BBC Mundo : “Los ecuatorianos somos la principal comunidad migrante en España. Y muchos de los familiares de esas personas emigradas ingresan constantemente al país, especialmente a principios de año”. 422.000 ecuatorianos residen en territorio español, según la Embajada de Ecuador en Madrid. Son la mayor comunidad latinoamericana en España.

Ortiz prosigue su relato: “La paciente cero llegó desde España y estuvo varios días en la casa de sus familiares, asistiendo a reuniones sociales. Así infectó a otras personas, incluida su hermana, que a las semanas también falleció por el coronavirus”.

El ministro de Salud de Ecuador tan solo lleva una semana en el cargo. Pero no esconde que hay también un problema cultural y de conciencia colectiva que impide frenar al coronavirus. Así lo cuenta a la web en español de la televisión pública británica. “A las personas que llegaron con síntomas y que venían del extranjero se les ordenó quedarse recluidos en casa, pero salieron de fiesta, se abrazaron, se saludaron unos con otros y eso causó que la infección se propagara”. Y a eso, a la falta de conciencia de la ciudadanía, aluden también los médicos. Algunos galenos solo han tenido que grabar en la calle durante el trayecto al hospital, para ver que el distanciamiento social es una simple quimera.

¿Quién tiene la responsabilidad?

Es imposible descifrar qué grado de responsabilidad tiene la conducta de la población en todo esto. Pero lo cierto es que el Gobierno ecuatoriano fue el primero en Latinoamérica en tomar medidas muy estrictas contra la pandemia. Hay toques de queda en todo el país; los aeropuertos están cerrados, también las fronteras; y se han cancelado todos los eventos públicos desde principios de marzo.

Y sin embargo nada evita que en Guayaquil, un mes después, la gente no sepa qué hacer con las víctimas del coronavirus. Los que los tienen en casa buscan que alguien los recoja para darles esa despedida fría, solitaria e informal que reciben los muertos. Otros van un paso por detrás. Como los familiares de las víctimas que se reúnen cada tarde a las puertas del Hospital del Guasmo, al sur de Guayaquil, donde unas 25 personas repetían sin parar esta frase: "solo queremos los cuerpos".

Los testimonios que recogió allí El Comercio reflejan mejor el drama que cualquier estadística. "Han pasado siete días y no me entregan el cuerpo de mi mamá", gritaba una mujer. “Seis días diciéndome que ya me lo entregan y sigo aquí”, contaba un padre a la espera del cadáver de su hijo. Otro hombre se quejaba sin consuelo a la espera del cuerpo de su madre: “solo me dicen que no la encuentran”.

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