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Coronavirus

Coronavirus en Latinoamérica: el tsunami que viene

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Una soldado y una enfermera en el exterior de una carpa que se está construyendo en Bogotá REUTERS/Leonardo Munoz

Cuando al ministro de Defensa de Perú le preguntaron en el canal América TV sobre el coronavirus dio un par de datos reveladores: en todo el país únicamente hay 350 camas en Unidades de Cuidados Intensivos y menos de 400 respiradores disponibles. “No es mucho -señaló Walter Marcos- realmente no tenemos la infraestructura propia de una nación desarrollada”. El epidemiólogo Cristian Díaz Vélez, en declaraciones al New York Times, fue más allá: la mitad de esas camas se están usando ya, antes de que estalle con toda su intensidad la crisis del coronavirus.

Como todo en la vida, tu situación depende de con quién te compares. Porque Malí, por ejemplo, solo tiene 20 camas en UCI para 20 millones de habitantes; pero España, por ejemplo, tiene 4.627 en el sector público y otras 900 en el privado. Y si hay un país donde Perú y Latinoamérica están poniendo el ojo estos días para adivinar lo que viene, probablemente sea el nuestro, además de Italia.

México, una de las grandes potencias regionales, tiene apenas 1,4 camas de hospitales por cada mil habitantes. Son datos que reflejan las débiles costuras con las que el sistema sanitario de Latinoamérica debe afrontar la pandemia que ya ha tocado a su puerta. Pero hay más: México destina únicamente el 3% del PIB a la salud pública, mientras que Italia, es principal escenario hoy día de la lucha contra el coronavirus, dedica el 6,7%.

Zika, dengue, violencia... un cóctel letal

El politólogo brasileño Miguel Lago explica detalladamente al NYT por qué América Latina podría convertirse en la principal víctima del Covid-19. Los sistemas de salud de la región no solo tratan de paliar enfermedades tradicionales; también luchan contra enfermedades infecciosas propias de países pobres, como el dengue o el virus del zika. A esto hay que añadir que América Latina sigue siendo la zona más violenta del mundo: En esa región solo vive el 8% de la población mundial, pero ahí se registra el 33% de los homicidios de todo el mundo. La escasa inversión en salud, la violencia y las enfermedades propias ya tienen al límite al sistema sanitario latinoamericano. Y con esas armas hay que enfrentarse al coronavirus.

A todo eso, claro, sumémosle la pobreza o la precariedad laboral. En Latinoamérica, el 30,1% de sus 629 millones de habitantes, es pobre. De ellos, el 10,7% vive en la miseria, según la CEPAL. La OIT añade otro dato revelador: la tasa de informalidad laboral en 2018 era del 53% y afectaba a unos 140 millones de trabajadores. Y son ellos, los tenderos, los aparcacoches, los que regentan los puestos callejeros de arepas, empanadas o tortillas, los últimos que cerrarán sus negocios porque es lo único que tienen para vivir. No hace falta pensar mucho para intuir que hay muchas zonas, incluso urbanas, donde el acceso al agua y al jabón es muy complicado. Y el agua y el jabón son la primera línea de defensa contra el coronavirus.

“La crisis impactará en los grupos más vulnerables"

Tampoco se puede esperar que las arcas estatales alivien la crisis sanitaria que pueda traer el Covid-19. Los países europeos están tirando del músculo financiero de los Estados para frenar lo que definen como la mayor amenaza desde el final de la segunda guerra mundial. Pero muchos países latinoamericanos no tienen ese sostén. Es más, la previsiones no eran muy optimistas antes incluso de que asomara el coronavirus. Según la CEPAL, la región podría terminar el año con una contracción económica del 1,8% del P.I.B. Alicia Bárcena, la secretaria ejecutiva de ese organismo, lo advierte así en La Vanguardia : “La crisis impactará en los grupos más vulnerables de la sociedad. Mientras más desigual sea un país, más afectará el impacto económico de la pandemia y menos recursos tendrán para combatirla”. Sobra decir que Latinoamérica es la región más desigual del mundo.

Latinoamérica es la región más desigual del mundo.

Tampoco ayuda la actitud de algunos gobernantes. Los presidentes de México y de Brasil minimizan en declaraciones y actos públicos la amenaza de la pandemia. López Obrador insiste en que no va a decir a los mexicanos cuándo deben dejar de salir a la calle, dejando entrever que la población debe disfrutar de la vida pública hasta que el virus lo impida. Bolsonaro ha llamado “lunático” al gobernador de Sao Paulo por decretar la cuarentena en el estado más poblado de Brasil… Así preparan la lucha contra el coronavirus los mandatarios de dos de las grandes potencias regionales.

Si Europa, que no tiene muchos de nuestros problemas, está luchando para contener esta tragedia, ¿qué podemos esperar aquí?

Ni Obrador y Bolsonaro parecen escuchar al sector médico. Ni al mexicano, ni al brasileño, ni al de toda la región, que avisa del reto que viene. Vivian Avelino-Silva, un experto en enfermedades infecciosas e investigador de la Universidad de Sao Paulo, lo resume así a Bloomberg : “Nuestro sistema público de salud ya es muy precario. Si Europa, que no tiene muchos de nuestros problemas, está luchando para contener esta tragedia, ¿qué podemos esperar aquí?”.

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