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Ali Alqaisi, torturado en Abu Ghraib

"Nos tiraban heces o se orinaban encima del detenido"

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"He visto cómo violaban a niños delante de su madre y su padre" - "Prisionero 151/716" (En Portada)

“Sentí una sacudida, los ojos se me salían de las órbitas por la descarga eléctrica, saltaban chispas. Esa sesión duró casi una hora. Entonces es cuando me derrumbé y me caí, pero me obligaron a ponerme en pie otra vez.” Ali Alqaisi se quiebra al contarnos lo que los soldados estadounidenses le hicieron en la prisión de Abu Ghraib cuando tomaron aquella fotografía que se convirtió en el icono de las infames torturas. Él se reconoce en la imagen y asegura que no es el único al que sometieron a esos abusos.

En aquel momento, Ali llevaba cinco días sin comer ni beber y sin que le dejaran dormir ni ir al baño. “Las sesiones duraban 15 horas o más, te prohibían beber agua y te encadenaban al suelo en una postura incómoda. También nos tiraban heces o se orinaban encima del detenido. Conmigo lo hicieron mucho”, nos narra Alqaisi.

Cuando interrogaban a otros detenidos, los obligaban a presenciar las torturas. Ali hubiera preferido morir a ver lo que vio. Algunos prisioneros se golpeaban la cabeza contra la pared porque no podían soportarlo. “He visto cómo violaban a chicas delante de sus padres, cómo violaban a mujeres ante sus maridos, cómo violaban a niños delante de su madre y su padre”, nos cuenta Ali Alqaisi, antes de que sus lágrimas inunden sus mejillas.

AbuGhraib, el prisionero 151/716

“Éramos números en las cárceles de la ocupación”

El ejército estadounidense detuvo a Ali Alqaisi en octubre de 2003, después de enseñar sobre el terreno a varios medios internacionales lo que las tropas invasoras estaban haciendo en la zona de Abu Ghraib, de la que Alqaisi era el jefe tribal. Nada más entrar a la cárcel de Abu Ghraib, le asignaron un número, el 151/716. “Éramos números en las cárceles de la ocupación”, describe Ali. Así empezó un proceso de deshumanización que culminaría con todo tipo de abusos y vejaciones.

Alqaisi asegura que los miles de detenidos que pasaron por aquella cárcel fueron torturados. La simulación de ahogamiento con agua o “waterboarding” era una técnica empleada habitualmente. Según su testimonio, los soldados y los trabajadores de empresas de seguridad privadas estadounidenses también utilizaban el frío: metían a los detenidos en bañeras con bloques de hielo y enchufaban ventiladores.

Cuando saltó el escándalo de los abusos en Abu Ghraib por la filtración de las fotos que hicieron los propios soldados estadounidenses, el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) advirtió de que al menos el 80% de los detenidos eran inocentes y ni siquiera formaban parte de la insurgencia iraquí contra la invasión. “Estoy seguro de que una de las causas de la violencia que está sacudiendo actualmente a Iraq y a toda la región son las detenciones arbitrarias que se han hecho en Irak o en Siria”, afirma Ali Alqaisi.

Abu Ghraib es sólo la punta del iceberg

“Lo publicado hasta ahora en los medios de comunicación no es ni la millonésima parte de lo que realmente ocurrió en la prisión de Abu Ghraib”, nos dice categóricamente Ali Alqaisi. En Irak había entonces 76 cárceles, al menos 15 similares a Abu Ghraib.

El Centro Europeo de Derechos Humanos y Constitucionales (ECCHR) asegura que hay pruebas de que las torturas eran sistemáticas y obedecían a una política dictada desde mandos superiores. “En 2003, Geoffrey Miller, entonces director de Guantánamo, fue a Iraq, visitó la prisión e introdujo sus técnicas de tortura en el escenario de Iraq”, nos explica el coordinador de Crímenes Internacionales del ECCHR, Andreas Schüller.

La investigación llevada a cabo por el propio ejército estadounidense, el informe Taguba, reconocía numerosos abusos y vejaciones. Sin embargo, sólo fueron condenados los soldados que salían en las fotos. Ninguno de ellos cumplió más de siete años de condena. Y ningún alto mando militar ni cargo político ha sido juzgado por aquellos abusos.

“No pido venganza, sólo justicia”

Quince años después, Ali sigue arrastrando la losa de aquellas torturas. Hoy en día, no logra dormir más de dos horas seguidas ni es capaz de tener una bañera en casa. No logra imaginar que el agua pueda utilizarse con fines terapéuticos, porque para él es sinónimo de tortura.

Ali Alqaisi sigue reclamando justicia para él y para los miles de iraquíes torturados por las tropas invasoras: “Espero que el pueblo estadounidense entienda que no pido venganza, sino solamente que haya un juicio contra los que han cometido este drama atroz. Espero que esto no vuelva a suceder nunca más.”