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Desterrados

Las madres del Congo

  • La maternidad se convierte en una aventura por las difíciles condiciones de vida
  • El país mantiene altas tasas de mortalidad infantil y maternal al nacimiento

Por
Fatouma, República Democrática del Congo
Fatouma tiene 18 años y espera en la 'Binyola' de Lulingu a que llegue la hora de su primer parto.

Fatouma, Germaine y Moulasi están nerviosas. Es por la tarde y está a punto de diluviar, se huelen la lluvia y los nervios. En unas horas -o días- darán a luz. Cada una tiene una historia muy distina pero están juntas en la Binyola.

Es la casa de espera del hospital de Lulingu, en la provincia de Kivu del Sur, en la República Democrática del Congo (RDC). Sentadas, en un corro, se parten de risa cada vez que ven el micrófono de Radio Nacional de España, por esa mezcla de vergüenza y la alegría de ser escuchadas.

Germaine llegó a Lulingu en su segundo embarazo tras haber dado a luz por cesárea a su primera hija en condiciones de riesgo. MARTA SOSZYNSKA / MSF MARTA SOSZYNSKA / MSF

Germaine está junto a una niña de dos años aburrida de ver cómo su madre le hace más caso al periodista que a ella. Está esperando a su hermano, después de un primer parto difícil y que acabó con una cesárea en la mesa de algo que se hace llamar centro de salud. "Por esa cesárea, ahora los médicos quieren controlar mi embarazo y el parto, por lo que pueda pasar", dice con bastante frialdad. Y continúa: "No tengo miedo, la vida es así y todo va a ir muy bien".

Alegría para combatir el miedo

A pesar de lo difícil que pueda resultar imaginarse un embarazo o un parto por aquí, en la Binyola son todo risas y cantos. Hay que apoyar a las novatas que, al contrario de lo que dice Germaine, sí pueden estar aterradas.

De cada 1.000 bebés nacidos en la República Democrática del Congo, 71 no superan las primeras horas, según datos oficiales avalados por la OMS

Fatouma, de 18 años y primeriza, no lo niega: "Imagino que saldrá bien, pero claro... esto da miedo". A diferencia de las demás, comprende el francés aunque no se atreve a hablarlo. Ella sí pudo ir al colegio por un tiempo. "Cuando los ataques de los Raiya Mutomboki [grupo armado que opera en esta zona del país] se hicieron habituales cerca de las minas de Moussoueli, los maestros dejaron de venir y la escuela cerró", explica.

Ella y toda su generación perdieron el tren de la educación. "Los niños dejamos de acudir a las clases porque tampoco podíamos arriesgarnos a ir a otros pueblos. En los caminos, los hombres armados te roban, te violan o te matan. Así es la guerra por aquí". La violencia, en este caso, te confina y los efectos en la vida son terribles.

La lejanía del hospital

Según los últimos datos oficiales de la RDC avalados por la Organización Mundial de la Salud, por cada 100.000 partos mueren 693 mujeres. Y de cada 1.000 bebés nacidos, 71 no superan las primeras horas.

Moulasi tuvo que andar varios días para llegar hasta el hospital de Lulingu donde dará a luz por novena vez. MARTA SOSZYNSKA / MSF

Moulasi no lo ha tenido fácil para llegar hasta aquí. Vive en Byangama y ha tardado varios días a pie para llegar. "Me dolía tanto la espalda que no pude subirme a la moto. Casi que prefiero andar los 40 kilómetros que hay desde mi casa", cuenta con calma.

Si el hospital está a 80 kilómetros pueden tardar una semana ne llegar. Por eso, la gente sabe que si pasa algo grave se van a morir

Es su noveno embarazo, siempre con complicaciones, por lo que los médicos recomendaron que viniera aquí. Además, los ataques de los Raiya Mutomboki hacen estragos y no quería arriesgarse a quedarse bloqueada en pleno parto.

Esa violencia es la clave para complicarlo todo aún más. El doctor almeriense Javier Barrio Chacón trabaja para Médicos Sin Fronteras y lleva pocas semanas aquí pero, tras su larga experiencia en países en conflicto, reconoce aspectos comunes. "La repercusión que tiene en el país esta guerra de baja intensidad es que no se desarrolla. Si el hospital está a 80 kilómetros pueden tardar una semana en llegar", asegura. "Por eso", añade, "la gente sabe que si pasa algo grave se van a morir".

La falta de infraestructuras obliga a realizar traslados constantes de madres y menores al hospital de Lulingu para que reciban cuidados sanitarios. MARTA SOSZYNSKA / MSF MARTA SOSZYNSKA / MSF

Listas para la vida

En la Binyola hoy están de fiesta. Anoche, una de sus compañeras dio a luz. Se llama Sakina, tiene 39 años y ha pasado por esto diez veces. A las pocas horas de parir nos presenta a un bebé aún sin nombre. "Cuando llegue mi marido, decidiremos", nos cuenta con una enorme sonrisa.

No para de decir lo contenta que está a pesar de que sabe muy bien lo que le espera. Ha visto cómo tres de sus diez hijos han muerto pero se dice dispuesta a luchar por este nuevo. "Es la primera vez que vengo a un hospital para dar a luz y me alegro mucho de que, al fin, tengamos acceso a médicos y médicinas", señala con bastante alegría.

Los profesionales del centro de salud de Tshonka han seguido cada paso de este embarazo. Allí se ha formado un grupo de reunión para las mujeres embarazadas de los alrededores y, además, de los cuidados sanitarios, también hay clases de formación para la gestación, la lactancia y todo lo relacionado con la maternidad.

Baile Tshonka, República Democrática del Congo

Baile Tshonka, República Democrática del Congo MARTA SOSZYNSKA / MSF

El baile y el canto se convierten en terapia para mujeres como Kabuka o Faida, expertas ya en esto de traer vida al mundo. Su presencia es fundamental para que jóvenes como Jilienne sepan cómo sacar adelante a sus familias. "Hay cosas que nadie me ha enseñado y que aquí entre las matronas y mis amigas he ido aprendiendo, cómo alimentar a mis hijos, cuidar de ellos y evitar que mueran por malaria. Estoy lista para la vida", señala.

El pilar de un continente

Esto no es ninguna tontería porque en esta zona hay muchísimos casos de malaria que se ceba con los menores de cinco años. No sólo es el hambre porque el paludismo es la principal causa de muerte de la infancia de este país.

En los centros sanitarios siempre hay niños y niñas tumbados en las camas, inertes e incluso, a veces, sin ni siquiera ganas de llorar. A su lado, siempre están sus madres. Hablar de África como de una sola cosa es un error, pero puedo atreverme a identificar que son las mujeres las que sostienen este continente y a sus gentes, da igual el país en el que estés.

Siempre son ellas las que trabajan en los campos de los lugares más difíciles y siempre son ellas las que toman las riendas de sus comunidades. Aquí, en el este de la República Democrática del Congo, también notamos esa energía y esa capacidad de levantarse cada día a pesar de todo.

Después de responder muchas preguntas ellas también quieren saber cosas. La mayoría rondan nuestra paternidad o maternidad. Resueltas algunas no parecen convencidas de nuestras respuestas. Y acaban pensando en alto: "¿Por qué si vivís mejor que nosotros tenéis menos hijos?".

Kabuka, Jilienne y Faida acuden a las charlas de formación para futuras madres en Tshonka. MARTA SOSZYNSKA / MSF MARTA SOSZYNSKA / MSF