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El último conservador de Escocia

  • Escocia ha sido durante tres siglos la nación más conservadora del Reino Unido
  • La IIGM y la implantación del sistema nacional explican el viraje al socialismo
  • La desindustrialización de Margaret Thatcher terminó de hacer el resto
  • Hoy hay más osos panda que diputados tories escoceses en Westminster

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Hay un chiste que dice que hay más osos panda en Escocia que diputados conservadores en Westminster.
Hay un chiste que dice que hay más osos panda en Escocia que diputados conservadores en Westminster.

En Escocia subsisten dos especies en extinción, los pandas y los tories. Desde 2011 vive en Edimburgo la única pareja de osos panda del Reino Unido. Sus cuidadores lo han intentado todo para que procreen, pero aun así lo tienen más fácil que David Cameron con su único diputado conservador escocés en Westminster, y es que la independencia supondría prácticamente la muerte del partido en Escocia.

No siempre ha sido así, durante los tres siglos de unión con Inglaterra la tradicional iglesia escocesa (la Scottish Kirk, como se la llama) mantenía a la sociedad escocesa bien atada. Sus feligreses se ofrecían gustosamente a predicar en las misiones a lo largo y ancho del Imperio Británico, a ser las tropas de choque de su ejército, a gestionar las colonias desde sus despachos en Madrás o Jartum.

Glasgow se erigía orgullosa como la segunda ciudad del imperio mientras la mayor parte de sus hombres, mujeres y niños trabajaba en los telares y las minas y se hacinaba en chabolas.

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De las minas salió James Keir Hardie para fundar el laborismo británico, pero pocos le escucharon en Escocia y marcharse a Inglaterra fue la única manera de hacer crecer sus ideas.

Para un escocés ser británico, creyente y conservador fue prácticamente lo mismo hasta bien entrado el siglo XX. El primer impacto en ese bloque de granito fue la Segunda Guerra Mundial. Las bombas nazis apenas llegaron a Escocia y los siete hospitales de emergencia que se construyeron no se usaron para atender a los heridos y sí para mejorar por fin la salud de los escoceses.

Durante la guerra la mortalidad infantil cayó un 27% y los niños de 12 años pasaron a medir 5 centímetros más. Los sueldos en las fábricas de munición se doblaron y las familias podían vestirse y alimentarse decentemente. La vida podía ser mejor, pensaron, y tras la guerra contribuyeron decisivamente con sus votos a echar al héroe de guerra Churchill y dar la victoria electoral al laborismo.

La segunda grieta en el bloque llegaría en los 60. Los escoceses ya habían aprendido que no hacía falta sufrir en vida para disfrutar en el cielo, y entre la televisión, el consumismo, los contraceptivos y el auge del marxismo entre los universitarios, Escocia se secularizó: los siglos de influencia de la conservadora Kirk llegaban a su fin.

La desindustrialización de Thatcher

De abrir la tercera grieta, y la más ancha, se encargaba Margaret Thatcher. La Dama de Hierro no sólo no tuvo piedad con el colapso de la Escocia industrial y aplastó las huelgas obreras que se sucedieron durante una década, sino que optó por el 'no' en el primer referéndum de autonomía, el de 1979.

Sólo cuatro años después Inglaterra y Escocia eran dos países electoralmente distintos: al sur de la frontera, los ingleses bendecían la revolución conservadora de la Thatcher reeligiéndola. Al norte, los laboristas conseguían 41 escaños por 21 de los tories. En 1987 caían hasta 10 diputados y en 1997, mientras Tony Blair arrasaba en Westminster, los tories no conseguían un solo diputado en Escocia.

Impuestos como la Poll Tax de Thatcher o la Bedroom Tax de Cameron no han ayudado a mejorar las cosas. Muchos escoceses las ven como medidas tomadas por burócratas sentados cómodamente en sus escaños en Londres a los que nadie en Escocia ha votado y que jamás se han preocupado de saber lo que le pasa a su vecino.

Poco han ayudado los escoceses Blair y Brown. Al apartar al Labour de la izquierda y llevarlo a posiciones liberales en lo económico ganaron el 10 de Downing Street, pero decepcionaron a los escoceses en manos de los nacionalistas. Como dicen votantes del SNP de Salmond, “yo no dejé a los laboristas, los laboristas me dejaron a mi”.

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Por eso David Mundell pertenece a una especie en extinción. Lleva dos legislaturas como único diputado tory escocés en Westminster. Si gana el 'sí' quedará barrido en las primeras elecciones de la Escocia independiente. Si gana el 'no' y los escoceses obtienen más poderes, entre los nacionalistas y el Laborismo se repartirán la hegemonía.

En Edimburgo, Cameron llamaba al votante laborista de toda la vida que en las urnas optará por el 'sí' a taparse la nariz y votar 'no'. “Esto no es dar la patada a los effing (jodidos) tories durante 5 años, esto tendrá consecuencias durante un siglo” (ver vídeo).

En 2021 los osos panda retornaran a China. Para entonces el Partido Conservador hará tiempo que habrá desaparecido de Escocia.