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Los jóvenes, ante el reto de salvar la brecha entre el norte y el sur de Europa

  • Estos cinco años de crisis dejan una Europa desigual y empobrecida
  • El alto desempleo en los países del sur obliga a los jóvenes a emigrar
  • La abstención y el voto a los populistas serán el reflejo de esa brecha

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La crisis ha castigado especialmente a los jóvenes del sur de Europa.
La crisis ha castigado especialmente a los jóvenes del sur de Europa. AFP

La crisis económica ha dibujado en cinco años la Union Europea más desigual desde la creación del euro. Con trazo grueso ha pintado 26 millones de parados, 400.000 mil millones de euros en rescates, recortes sin precedentes del gasto social y 27 millones de niños en riesgo de caer en la pobreza. Y con pincelada fina ha trazado la silueta de una generación perdida, jóvenes migrantes, desconfianza ante el futuro, tentaciones de proteccionismo y un profundo desencanto.

“En estos cinco años no es que se hayan agravado las diferencias entre el norte y el sur de Europa es que se ha abierto una brecha que antes no existía. Se ha acabado con la convergencia social y laboral construida durante décadas. Ahora tenemos una Unión Europea a dos velocidades”, apunta a RTVE.es el investigador Principal para Europa del Real Instituto Elcano, Ignacio Molina.

La Comisión Europea confirma esta brecha y distingue dos grupos. Por un lado, los países del norte y centro de la UE: son los 'halcones' triple A -Austria, Holanda, Luxemburgo y Finlandia, bajo el liderazgo de Alemania - junto a Bélgica y Francia. Exportadores, competitivos, ahorradores y prestamistas. Y, por otro, los países del sur y periféricos: son los PIIGS -Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España- junto Estonia, Chipre, Malta, Eslovenia, y Eslovaquia. Rescatados o intervenidos, poco competitivos, con economías basadas en el consumo interno, endeudados.

“En toda la UE, pero particularmente en la zona euro, los Estados miembros han experimentado un aumento de las diferencias en términos de empleo, ingresos, pobreza, desigualdades, empleo juvenil y muchos otros aspectos importantes”, según recoge el último informe anual de la Comisión Europea sobre la situación social y laboral en la UE, correspondiente al año pasado.

Brecha económica y social

Así lo demuestran los indicadores económicos. Entre 2008 y 2013, los países del sur han visto desplomarse su Producto Interior Bruto. Desde Grecia, que ha perdido un 21,9 % hasta España que ha caído un 6%. Mientras que en el norte, todas las economías han crecido. Un 10,7% en el caso alemán y hasta un 21,7% la de Luxemburgo.

Lo mismo ocurre con los ingresos de los hogares. En los países del norte y centro de la eurozona siguieron aumentando aunque a un ritmo más lento (a excepción del año 2009), mientras que en los países periféricos los ingresos familiares se estancaron o disminuyeron. Desde 2010, los descensos han sido especialmente fuertes (más de cinco puntos porcentuales acumulados en dos años) en Grecia, España, Irlanda, Italia, Chipre y Portugal.

Pero si hay algo que ha tenido un efecto social inmediato y que ha cambiado la percepción entre las sociedades del norte y las del sur ha sido la brecha de desempleo: 10,2 puntos, una media del  7% en el norte frente al 17% del sur y la periferia, mientras que en 2007 la diferencia apenas era de 1,4 puntos. La brecha de jóvenes de entre 15 y 29 años que ni estudian, ni trabajan, ni reciben formación es aún mayor: del 22% en el sur y la periferia frente al 11% en el norte y centro.

La divergencia se dispara hasta más de 40 puntos si comparamos el paro juvenil, por ejemplo, de Alemania (7,8%) con el de España (54,2%) y Grecia (58,3%). Por regiones, la cifra es aún más escandalosa. Mientras que el 66,1% de los jóvenes andaluces no encuentran trabajo, menos del 5% de los menores de 25 años en Alta Baviera están parados.

Pobreza y exclusión en aumento

El espejismo de una convergencia casi perfecta en la eurozona al comienzo del milenio se explica, según la Comisión, por la débil supervisión financiera y la escasa percepción del riesgo inversor derivado, lo que resultó en grandes inyecciones de capital en la periferia que compensaron los males estructurales de estas economías. La crisis financiera que estalló en 2008 reveló una divergencia a gran escala, en parte por el lento proceso de desapalancamiento y, en parte, por la incertidumbre en torno a las perspectivas de recuperación de los países del sur.

La crisis ha supuesto un punto de inflexión en la evolución de la pobreza y las desigualdades. El riesgo de pobreza entre los europeos en edad de trabajar se ha incrementado más en el sur y la periferia, mientras que antes de la crisis las desigualdades afectaban más a los países del norte, según el informe de la CE, que alerta de que uno de cada cuatro trabajadores europeos se encuentra en riesgo de pobreza o exclusión social, debido a la expansión de los contratos temporales y a las bajadas salariales.

Las diferencias en la eurozona también se han trasladado a los Estados. Según el informe Gini- Impacto de la Desigualdad Creciente, encargado por la UE, en los países del Mediterráneo es donde la desigualdad está creciendo más rápidamente, sobre todo en Italia. Y en España, un reciente informe divulgado por la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas) revela que en estos cinco años al tiempo que se ha incrementado la desigualdad entre las personas, la brecha entre las regiones del norte y del sur del país se ha agravado acentuando el retraso de autonomías como Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y Murcia frente a las más industriales y dinámicas, lideradas por el País Vasco.

Asimetría de poder

Pero, además, esta doble velocidad económica dentro de la eurozona se ha traducido, en lo político, en una asimetría de poder. “Los países del norte se convirtieron en los garantes del euro por su condición de prestamistas e impusieron sus normas. Austeridad a ultranza. Los rescatados perdieron toda su soberanía, se la entregaron a la troika y esta retórica de acreedores y deudores ha tenido un impacto social enorme”, subraya el profesor Molina.

El resultado es una Europa que no se entiende, que comparte problemas diferentes. Se mira y no se reconoce. El sur no entiende la negativa del norte a los eurobonos, a la reestructuración de la deuda o su miedo a la inflación. Y el norte ve lejana la asfixia de los recortes, la presión migratoria en España o Italia, y el alto desempleo juvenil.

“Desde el norte se comparte una visión calvinista de que es moralmente injusto ayudar a países poco serios, mientras que el sur ve muy rígidas las políticas del norte y cree moralmente injusto pagar una deuda que siente ilegítima”, explica Molina.

Pero en una unión económica, monetaria y política, los problemas traspasan fronteras aunque se intente aislar a los eslabones más débiles de esa cadena. Y al final de esa cadena de paro y riesgo de exclusión están los jóvenes. La generación bancarrota. “En el sur o no han tenido la oportunidad de acceder a su primer empleo, o han perdido el que tenían, o han perdido salario”, apunta el experto del Real Instituto Elcano. De los europeos que encontraron trabajo en 2013, solo la mitad consiguió salir del riesgo de pobreza. De ahí que el comisario europeo de Empleo y Asuntos Sociales, Laszlo Andor, señale la importancia de "prestar atención no sólo a la creación de empleo, sino también a la calidad de los puestos de trabajo".

Los jóvenes, el eslabón más débil

Elvira Ballesteros es una de los miles de jóvenes españoles que han emigrado en busca de un futuro mejor. “En Reino Unido me han dado una oportunidad que en España se me negaba”, asegura a RTVE.es. Con 28 años, licenciada en Periodismo y con un grado en Turismo, trabaja como recepcionista en el hotel Hilton de Milton Keynes. Cobra entre 1.200 y 1.300 euros por jornadas de no más de 40 horas semanales. “Es el salario mínimo, pero es mejor que en España”, asegura. "No tenemos espíritu aventurero. No nos vamos, nos echan", asevera.

A 86 kilómetros de Londres, esta ciudad de apenas 50 años de antigüedad y 230.000 habitantes es un oasis empresarial de firmas como Santander, Red Bull, Accenture y Hp que tiene una de las tasas de paro más bajas de toda Inglaterra, un testimonial 2,7%. “Las condiciones laborales no son las ideales. Hay psicólogos que trabajan como friegaplatos, arquitectos que son camareros. Hacen horas extras que no les pagan y están sobrecualificados. Pero en España no tenían nada mejor”, señala.

“Inglaterra siempre ha sido un país de inmigrantes. La economía va más o menos bien, pero ahora se nota que tienen miedo a que, sobre todo, desde el este de Europa haya una oleada de jóvenes en busca de trabajo”, añade Elvira.

A ese miedo apela el xenófobo y antieuropeo Partido de la Independencia de Reino Unido (UKIP), que lidera los sondeos en Gran Bretaña. Sus carteles de campaña resumen su programa: “26 millones de personas en Europa buscan trabajo. Y, ¿qué empleos buscan?”, reza uno de sus lemas. Es el mismo mensaje del Frente Nacional de Marine Le Pen en Francia, que también figura como la primera fuerza más votada en las proyecciones, y otros partidos de corte racista que aspiran a recolectar ese voto populista.

"No nos vamos, nos echan"

Desde que empezó la crisis, las altas tasas de paro han forzado a los jóvenes del sur de Europa a emigrar. Es difícil contabilizar ese efecto llamada porque Eurostat no registra los movimientos entre ciudadanos comunitarios y es cada país el que elabora sus censos. Además, muchos no se registran para no perder el derecho a la Seguridad Social en sus países de orígen y el derecho a votar en elecciones municipales y autonómicas.

Sin embargo, en Grecia, encontramos datos sectoriales que muestran, por ejemplo, que la cifra de médicos que emigraron de Grecia en busca de trabajo al extranjero se multiplicó por cuatro desde el inicio de la crisis en 2008. Según la Asociación Médica de Atenas (AMA), por primera vez en la historia del país, la emigración de jóvenes no se refiere a mano de obra no cualificada, sino a los muy preparados: los médicos especialistas”.

Según el estudio Así nos vamos, basado en datos del INE y la investigación de dos académicas de la UNED y el CSIC, 700.000 españoles han emigrado durante la crisis. La mayoría de los que se van (incluyendo a los nacionalizados) lo hace fundamentalmente a la UE. En contra de la impresión generalizada, no es Alemania el destino preferido, sino Reino Unido, a donde han emigrado 30.779 españoles entre 2008 y 2012, según el INE, (y hasta 112.980 según fuentes oficiales del país, aunque muchos pueden haber retornado). Ssegún datos del Gobierno alemán, la inmigración española subió un 206,6 % entre 2004 y 2012, año en el que entraron en el país 23.345 ciudadanos españoles.

El pasado marzo, un informe encargado por el Ejecutivo alemán recogía una serie de propuestas con el objetivo de limitar el acceso de los inmigrantes europeos a las prestaciones sociales y restringir los permisos de residencia en el país mientras se busca empleo para evitar el fraude, ante el temor de que aumente de forma importante la "inmigración de la pobreza", esto es, la llegada de ciudadanos rumanos y búlgaros.

Abstención y euroescepticismo

“La emigración de los jóvenes parados ha provocado tentaciones proteccionistas en los países receptores de esa mano de obra. Defienden su mercado de trabajo, pero es injusto. Los mismos que han impuesto recetas de austeridad y recortes no pueden tratar de frenar la movilidad de quienes intentan labrarse un futuro”, observa Molina, quien cree que el reflejo de esta brecha económica y social entre dos Europas marcadas por la crisis se reflejará en las elecciones del próximo 25 de mayo en forma de abstención, voto de castigo y ascenso de los partidos euroescépticos o eurófobos.

Según las encuestas, los jóvenes de entre 18 y 24 años serán el grupo de edad en el que previsiblemente se producirá una mayor abstención (en 2004 alcanzó el 67 % y en 2009, el 71 %). Las razones son, fundamentalmente, que las instituciones europeas se perciben como distantes y responsables de la adopción de medidas impopulares y que muchos jóvenes no entienden el papel del Parlamento Europeo y creen que no vale la pena votar.

La propia Comisión Europea reconoce que si la creación de la unión monetaria falla en beneficiar a todos sus Estados miembros y parece conducir a la divergencia en lugar de a la convergencia “puede socavar la credibilidad del proyecto europeo". Reducir esa brecha y ganarse la confianza de los jóvenes será uno de los grandes retos del Parlamento Europeo que salga de las urnas el próximo 25 de mayo. Hay una generación, la más preparada de la historia, que no puede esperar. 

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