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Argentina sienta en el banquillo a los imputados por el Plan Cóndor 30 años después

  • Durante los años 70 y 80 hubo miles de desaparecidos en América Latina
  • Las dictaduras del Cono Sur están acusadas de un exterminio coordinado
  • "No hay democracias firmes sin revisión del pasado", asegura una superviviente
  • En el proceso, que durará dos años, declararán 25 acusados y 450 testigos

Por
Represores Cóndor
Menéndez, Videla y Bignoni, tres de los 25 imputados en el Plan Cóndor.

América Latina fue escenario de torturas y desapariciones durante la década de los 70 y los primeros años de los 80. Los altos mandos de las dictaduras presentes durante esta época en Chile, Argentina, Paraguay, Uruguay, Brasil y Bolivia coordinaron, bajo el beneplácito de EE.UU., un plan conocido con el nombre de ‘Operación Cóndor’. El objetivo era acabar con toda "amenaza subversiva" que pudiera poner en peligro sus políticas. Y las herramientas de las que se valían: el intercambio de información entre países para la posterior práctica de acciones represivas.

Este martes, y por primera vez en la historia, comienza en Argentina un juicio oral por esta causa que sentará en el banquillo a 25 imputados que participaron de una represión que no entendía de límites ni de fronteras. Fueron decenas de miles las personas desaparecidas durante estos años (se estima que la cifra de detenidos-desaparecidos en el Cono-Sur superaría los 50.000).

Durante los dos años que se prevé que duré este proceso, se juzgará a los responsables de los crímenes cometidos contra 106 víctimas y, además, prestarán declaración alrededor de 450 testigos. Este es uno de los muchos juicios que se están celebrando a lo largo y ancho de Argentina, desde el 2006, por delitos de lesa humanidad.

Sara Méndez, superviviente: “Llegaron a buscarme y me robaron a mi bebé”

“Este juicio era muy esperado. A pesar de que estamos ya agotados de dar testimonio y recordar el pasado, es una obligación que tenemos los supervivientes”, cuenta desde Montevideo Sara Méndez, testigo de esta causa, en una entrevista telefónica con RTVE.ES.

Sara, de origen uruguayo, tuvo que dejar su país en 1973, cuando se impuso la dictadura de Bordaberry. En aquel entonces tenía 21 años y militaba en movimientos estudiantiles. Se exilió en Buenos Aires: “En esos momentos Argentina pasó a ser el único país del Cono Sur que no tenía un régimen dictatorial, por lo que se convirtió en el mayor campo de acogida para todos los perseguidos políticos de la región”, recuerda. También fue el lugar donde hubo mayor número de muertos.

Sin embargo, en marzo de 1976 tuvo lugar el golpe militar de Videla, y con él comenzaron las detenciones, entre ellas la de Sara, que en ese momento acababa de dar a luz: “Llegaron a buscarme por la noche. Un grupo de 15 personas, vestidos de civil y con armas,  irrumpieron violentamente en mi casa. Nos inmovilizaron y empezaron a interrogarnos. Me robaron a mi bebé, Simón, y me dijeron que esa guerra no era contra los niños”.

Un grupo de 15 personas irrumpió violentamente en mi casa

Sara pasó diez días en un centro de torturas de Buenos Aires conocido con el nombre de ‘Automotores Orletti’ y después fue trasladada a Uruguay, donde permaneció en un penal de mujeres hasta 1981. Cuando salió, sólo pensaba en recuperar a su hijo. Lo hizo en 2006 y, aunque reconoce que su relación con él es buena, confiesa que “no es igual que la unión real entre una madre y un hijo”.

“Simón se casó. No fui a su boda porque creo que nunca hay que juntar a las dos familias. Y menos mal. Al ver las fotos me pareció identificar a su apropiador como una de las personas que estaba en mi casa el día del secuestro”, explica emocionada.

Los archivos del terror

La ‘Operación Cóndor’ nació formalmente en noviembre de 1975, cuando los jefes de Inteligencia de las dictaduras militares del Cono Sur se congregaron en Villa del Mar, Santiago de Chile, aceptando una invitación del entonces coronel Manuel Contreras, mano derecha de Augusto Pinochet. Ahí se propuso la creación de una coordinadora  de Inteligencia, una especie de INTERPOL contra lo que llamaban “subversión comunista internacional”.

Esto queda demostrado en unos archivos descubiertos en Paraguay el 22 de diciembre de 1992, que sacaron a la luz el acuerdo establecido entre los agentes militares y policiales de las dictaduras para intercambiar datos, información, realizar operativos, acciones represivas, etc. La CIA actuó como intermediaria en las reuniones.

Estos documentos que hasta el momento eran secretos fueron encontrados por el abogado de una de las víctimas de la dictadura de Paraguay, Martín Almada, que en su búsqueda por conocer la verdad, halló los papeles en unas oficinas policiales de la ciudad de Asunción.

Hasta allí se desplazó, dando a conocer la noticia al mundo, la periodista Stella Calloni, corresponsal en Buenos Aires del diario La Jornada y autora de varios libros sobre este plan de exterminio: ”Al principio nadie le daba importancia, era como si nada hubiera pasado, pero los primeros artículos que escribí fueron ganando peso, hasta que empezaron a llamar incluso de Estados Unidos y salió publicado en varios lugares”, afirma.

Caso Gelman

La familia del poeta argentino Juan Gelman también fue víctima del Plan Cóndor. Su nuera, María Claudia García, fue detenida en Argentina y trasladada en 1976 a Uruguay, donde desapareció tras dar a luz a una niña entregada en adopción, Macarena. Su esposo, Marcelo Gelman, también fue asesinado. Ambos militaban en la organización Montoneros.

Macarena, nacida en cautiverio, se enteró de su verdadera identidad a los 23 años después de la lucha constante de su abuelo por encontrarla. Macarena admite que fue “un gran shock” pero no se enfadó con su familia adoptiva, a pesar de lo ocurrido.

Hay que construir la memoria para aliviar el dolor

“Creo que es fundamental saber la verdad, hacerse cargo. Hay que construir la memoria para aliviar el dolor”, afirmó en un encuentro en Montevideo con esta periodista hace dos años. En Argentina se calcula que aún quedan 400 nietos que no han recuperado su identidad.

El escritor uruguayo Eduardo Galeano o el premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, fueron otros de los muchos nombres que integraron las listas de persecución política en aquellos oscuros años para América Latina.

“No hay democracias firmes sin revisión del pasado”

Muchos de los máximos responsables de esta sangrienta operación no podrán ser juzgados porque ya han fallecido, como es el caso del chileno Augusto Pinochet, del paraguayo Alfredo Strossner y del boliviano Hugo Banzer.

Sin embargo,  sí acudirá al proceso el dictador argentino Rafael Videla que acumula hasta el momento dos sentencias de cadena perpetua y otra de 50 años. Por su parte, Bordaberry, de Uruguay, permanece bajo arresto domiciliario alegando “razones de salud”. Fue detenido en el año 2006.

"La lucha por terminar con la impunidad, nuestro objetivo"

“El mayor dolor que he tenido durante este tiempo –asegura Sara- es ver cómo la justicia no hacía justicia, al contemplar que no se condenaba a represores, torturadores, violadores. La lucha por terminar con la impunidad ha sido un objetivo central de nuestras vidas. No hay democracias firmes sin revisión de ese pasado.”

Este pasado lunes, justo a un día del juicio, se registró en el que fue el mayor centro de detención y tortura en América Latina, la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), una amenaza de bomba. En nombre del 'Comando Patriótico' exigían finalizar los juicios a genocidas. Más de tres décadas después todavía persiste la estrategia del miedo.