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El cerebro de las moscas funciona más rápido que el mejor de los ordenadores

  • Pueden procesar gran cantidad de información en movimiento en tiempo real
  • Ningún ordenador, mucho menos uno similar al tamaño de su cerebro, puede

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Científicos de la Universidad de Oxford han logrado manipular la actividad neuronal de las moscas, generando en ellas recuerdos de una mala experiencia que nunca tuvieron.
El misterioso cerebro de las moscas FlickrCC (Stansich)

Las moscas pueden percibir los movimientos que se producen a su alrededor en cámara lenta, por eso son tan difíciles de atrapar. Su diminuto cerebro procesa visualmente múltiples movimientos en fracciones de segundo

No obstante, incluso después de 50 años de investigación, sigue siendo un misterio la interconexión de las células nerviosas en el cerebro de las moscas.

Su cerebro, que funciona como el más potente de los ordenadores, idea un plan para escapar. El insecto percibe el peligro, salta y, habitualmente, escapa. Todo en milésimas de segundo, gracias a una precisión similar a un sistema matemático.

Un estudio elaborado por científicos del 'Instituo de Neurobiología Max Planck' ha descubierto las condiciones técnicas necesarias para que las moscas interpreten los movimientos en su entorno, habitualmente amenazas, gracias a su visión y su capacidad para procesarlos.

Mejor que un ordenador

La actividad de las células nerviosas de las moscas no se puede medir al uso tradicional, con electrodos. Aún así, las moscas siempre han sido el modelo animal en el que se han fijado los científicos para investigar cómo perciben los animales el movimiento.

La última novedad es que pueden procesar una gran cantidad de información en movimiento en tiempo real, algo que no puede hacer un ordenador, y mucho menos uno que tenga el tamaño del cerebro de una mosca.  Pero era necesario "inventar alguna manera para observar la actividad de esas células nerviosas sin electrodos", explicó Dierk Reiff,  uno de los responsables de la investigación.

Uno de los hallazgos más sorprendentes, considerando el diminuto tamaño del área del responsable de detectar el movimiento, es la cantidad de neuronas que tienen. En una sexta parte de un milímetro cúbico de su cerebro tienen más de 100.000 células nerviosas, y cada una múltiples conexiones con las células vecinas.

Para averiguar el funcionamiento de sus neuronas, los científcos impregnaron cada célula con moléculas fluorescentes, lo que reseñaba la actividad de cada una de ellas y observaron que unas determinadas células (L2) reciben la información gracias a los fotoreceptores de los ojos y reaccionan aumentando o disminuyendo su intensidad.

En milésimas de segundo, y gracias a su visión de casi 360 grados, se establece una interconexión entre los fotoreceptores y las células nerviosas que permiten a estos insectos escapar de los peligros que los acechan.

Ahora que el primer paso está dado, los científicos pretenden examinar -célula a célula- el circuito de detección de movimientos en el cerebro de las moscas para explicar como se elabora esa información a nivel celular.

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