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Una Presidencia de la UE marcada por la tormenta económica que transformó Europa

  • En seis meses se ha puesto en marcha Lisboa y aprobado el Servicio Exterior
  • El programa del semestre ha quedado ensombrecido por la crisis económica

Ver más:  Especial de la Presidencia Española de la UE

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España cierra una Presidencia marcada por la crisis

La Presidencia española de la Unión Europea llega a su fin. Lo hace después de seis meses en los que ha dirigido los designios del club comunitario, y ha tratado de capear como buenamente ha podido la crisis que empeoraba día a día.

Nubes negras que han llevado a los 27 a tomar decisiones que hasta ahora nadie se había planteado: avanzar en una mayor convergencia de las políticas económicas, sancionar a quienes incumplan el Pacto de Estabilidad o imponer una tasa a los bancos para prevenir y pagar los costes de una futura crisis.

Rescate a Grecia y al euro

Todo ello motivado por la precipitada caída de la economía griega y la debilitación constante del euro frente al dólar por culpa de los rumores especulativos, que han intentado hacer caer a los mercados en España y Portugal.

Un tiempo en el que el liderazgo político ha quedado a un lado para dejar paso a las decisiones del Consejo Europeo -buena parte de ellas en reuniones de urgencia y hasta altas horas de la madrugada- que suele ser en las circunstancias en las que Europa reacciona a los problemas.

Al frente dos nombres: Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. El presidente francés y la canciller alemana que han llevado la voz cantante para evitar que una caída precipitada de algún Estado pudiera hacer 'trizas' a la moneda única. Decisiones importantes -ayuda de 110.000 millones para la economía helena y 750.000 millones para el euro- incluidas.

Debates en los que España -presidenta rotatoria- no pudo participar ya que ambos líderes llevaban los planes debajo del brazo cuando llegaron a Bruselas. Y no sólo eso, si no que tuvieron que 'tirar de las orejas' -junto a la Comisión- a España para que tomara medidas para reducir el déficit en casa.

El Tratado de Lisboa

Frentes abiertos contra la Presidencia rotatoria que, al final, y con mucho sudor ha visto cómo algunos de sus objetivos se cumplían: la puesta en marcha de la estrategia Europa 2020 y aumentar la gobernanza económica en la Unión Europea.

Meses complicados que no empezaban precisamente tranquilos. España cerraba su programa de trabajo el 23 de diciembre, tan sólo 7 días antes de asumir el testigo de la UE, ya que hasta entonces no estaba claro si el Tratado de Lisboa empezaría a funcionar.

Sin embargo, Lisboa ha iniciado su andadura como una balsa de aceite. El presidente del Consejo, Herman Van Rompuy, ha podido ir afianzándose en el cargo en su función de "facilitador" como a él le gusta definirse y que le ha costado acusaciones de tener un perfil demasiado bajo.

La Presidencia del SEAE

Críticas que han sido mucho peores para la otra figura del Tratado: la Alta Representante. Catherine Ashton ha estado ausente en citas importantes como Haití -aunque se dice que hubo una cierta traición de Hillary Clinton con quien se había acordado no acudir en la primera semana- pero también por la tardanza en poner en marcha el Servicio Europeo de Acción Exterior.

El nuevo cuerpo diplomático de la Unión Europea que podrá empezar a andar -si nada se tuerce- en otoño. Y será gracias al empeño de Miguel Ángel Moratinos. El ministro de Exteriores que a falta de siete días para cerrar el semestre se encerró con Ashton, el Consejo y el Parlamento Europeo para alcanzar un acuerdo político.

Un esfuerzo que se verá recompensado a finales de año cuando dé sus primeros pasos y algunos diplomático españoles empiecen a ser los representantes europeos en terceros países.

Obama no viene

Si echamos la vista atrás, pero muy atrás, así como hasta el 1 de febrero, encontraremos el gran varapalo de la Presidencia española de la Unión Europea. Ese día el gobierno se merendaba el particular bocadillo que le había preparado Obama: no acudir a la Cumbre UE-Estados Unidos prevista para el mes de mayo en Madrid.

La cita estrella de estos seis meses quedaba diluida como un azucarillo en tan sólo unas horas, como ocurrió con la Unión por el Mediterráneo. De nuevo, con atardecer incorporado, la cita que debía reunir a los países mediterráneos quedaba aplazada hasta noviembre.

¿Los motivos? Oficialmente dar tiempo a que las conversaciones de proximidad entre israelíes y palestinos pudieran avanzar. Extraoficialmente: temor a que fracasara como ocurrió con la cumbre del Agua celebrada en Barcelona.

Pero ojo, que viéndolo con perspectiva, casi mejor, porque a saber qué hubiera ocurrido si se llega a celebrar justo cuando el ataque israelí a una flotilla solidaria que se dirigía a Gaza estaba en ciernes.

Cuba se verá en septiembre

Mejor han ido las relaciones con América Latina. Los vecinos al otro lado del charco con quienes se ha conseguido cerrar acuerdos comerciales con América Central, Cariforum y los países andinos.

¿Y Cuba? -Buena pregunta- Pues ni sí, ni no, ni todo lo contrario. Pese a que el Gobierno ha insistido en que cambiar la 'posición común' sobre Cuba no era una prioridad para España, el trabajo que ha venido desarrollando Moratinos demostraba lo contrario.

Ha promovido un debate en la Eurocámara, que se ha visto ensombrecido por la muerte del disidente Cubano Orlando Zapata. Algo que puso muy negras las cosas, pero que finalmente gracias al acercamiento de presos políticos hecho por la Isla en conversaciones con la Iglesia Católica, han permitido que este año todavía no se hayan revisado las relaciones de la UE con Cuba.

Se aplaza hasta septiembre la decisión, fecha en la que según el ministro de Exteriores se verá el resultado del trabajo hecho y se podrá dar un paso más con el régimen de Castro.

Enfrentados con la Comisión europea

Vermos qué ocurre al igual que con la orden europea de protección a las víctimas. El titular de justicia, Francisco Caamaño, la ha podido sacar adelante 'in-extremis'. Lo ha hecho en una apretada votación en el Consejo de Ministros que suscita las dudas de la Comisión.

Ahora será la presidencia belga quien tenga que continuar con el trabajo. Eso sí, la puesta en marcha de esta iniciativa le ha costado un enfrentamiento con la Comisaria Viviane Redding que amenaza con acudir a los tribunales -y muy en serio según comentan fuentes comunitarias consultadas por RTVE.es-.

Menos mal que las cosas han ido mejor en lo que se refiere a la inciativa ciudadana que recoge el Tratado de Lisboa. En las próximas semanas seguirá su tramitación pero poco a poco se va aclarando su futuro. De momento ya sabemos que harán falta 100.000 firmas para que la Comisión diga si va a tomar o no en consideración una petición hecha por la ciudadanía europea.

Una Presidencia española de la Unión Europea con altibajos que dejado un sabor agridulce a los eurodiputados y también a los diputados españoles en el Congreso.

En Bruselas tampoco andan mucho mejor, y resulta significativo el gesto de Van Rompuy y el presidente de la Comisión, Durao Barroso en el último pleno en Estrasburgo. Normalmente se aprovecha para dar las gracias a la Presidencia rotatoria, pero en este caso no fue así. Ninguna mención a España. ¿Cosas del Tratado de Lisboa? Seguro que sí, aunque siempre habrá algún mal pensado.

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