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El Vaticano compara los ataques a Benedicto XVI con los que se hacían a los judíos

  • "Extender lo personal al colectivo recuerda a los aspectos más vergonzosos del antisemitismo"
  • El Padre Cantalamessa ha condenado además los casos de curas pederastas

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En el sábado de silencio vaticano retumba la palabra pederastia como  estigma para el mundo católico.

Hasta el viernes santo las  celebraciones religiosas habían seguido su liturgia tradicional e Italia  no parecía contaminarse de las acusaciones que siguen produciéndose  contra la Iglesia desde diferentes partes del mundo. Pero en viernes  santo, el día de la esperanza se convirtió en la vuelta a la pesadilla.

El fiscal milanés Pietro Forno afirma que la lista de sacerdotes  investigados por delitos sexuales es larga, pero los obispos no han  denunciado un solo caso.

La reacción de la curia lombarda es  inmediata y concluyente:  la Curia de Milán jamás ha cubierto los  presuntos abusos ni obstaculizado las indagaciones. En esta situación,  el Ministro de Justicia ha enviado inspectores a la oficina del fiscal  acusador para verificar sus afirmaciones o comprobar si se trata de  una difamación

Mientras en la Justicia se mueve, la Iglesia no calla. Durante la  celebración de la Pasión, dentro de la basílica de San Pedro, el  predicador de la Casa Pontificia lee las reflexiones de un judío amigo y  delante de Benedicto XVI, asegura el ataque concéntrico contra la  Iglesia, el Papa y los fieles del mundo entero.

El uso de la  culpabilidad personal extendiéndola al colectivo, me recuerda a los  aspectos más vergonzosos del antisemitismo.

Esta comparación no ha gustado al mundo hebreo y el Vaticano ha tenido  que reaccionar con prontitud señalando que no es la Iglesia Católica  la que ha establecido el paralelismo.

Demasiados ruidos para presidir este sábado de silencio que culminará  con la luz de la esperanza que alumbrará a los católicos tras este  tiempo de penumbra.

"Ataques igual que contra los judíos"

Los ataques que está recibiendo el papa son como los que se producían contra los judíos. Lo ha dicho este viernes en el Vaticano el Padre Raniero Cantalamessa durante sus reflexiones en la Pasión de Cristo.

Delante del papa Benedicto XVI, el predicador ha leído la carta de un amigo ebreo que dice "estoy siguiendo con disgusto el ataque concéntrico contra la Iglesia, el papa y los fieles del mundo entero. El uso de la culpabilidad personal extendiéndola al colectivo, me recuerda a los aspectos más vergonzosos del antisemitismo".

El capuchino padre Cantalamesa ha dicho que la violencia contra las mujeres es tanto más grave por cuanto se produce desde dentro de los muros de la propia casa. Es la primera referencia directa que se hace durante esta semana santa al problema que tiene la iglesia con los abusos sobre menores.

"Junto con la violencia sobre los niños, de la que se han manchado desgraciadamente no pocos miembros del clero, hay otra igual de grave, la violencia contra la mujer, que se desarrolla dentro de los muros domésticos, a escondidas de todos y que muchas veces viene justificada con prejuicios pseudo religiosos y culturales", ha denunciado  Cantalamessa.

Ante el papa y miles de personas que han asistido en la basílica de San Pedro a los ritos del Viernes Santo, Cantalamessa ha pronunciado una homilía que ha titulado: "Los hombres tienen que pedir perdón a las mujeres".

Lamenta que los jóvenes 'jueguen' con la violencia

El Padre Raniero Cantalamessa ha denunciado que la sociedad actual es muy dada a condenar la violencia y a la misma vez favorecerla y exaltarla y que mientras se rasga las vestiduras ante ciertos hechos de sangre, no da importancia a que en los diarios, la televisión, etc..., se describan con precisión hechos de violencia y se publiciten películas y videojuegos violentos.

Ha denunciado asimismo la violencia juvenil y ha dicho que la actual generación de jóvenes, que ha tenido "el rarísimo privilegio de no conocer una guerra o ser llamados a las armas", echan mano de la violencia, "por juego, estúpido y a veces trágico", destruyendo estadios, escuelas, etc, "con el mismo instinto que movía a las hordas primitivas.