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ENTREVISTA

Usama Said, cirujano en el hospital Shifa de Gaza: "Estamos haciendo la guerra unos contra otros y al final, todos pierden, nadie gana nada"

Por
Usama Said es médico en el hospital Shifa de Gaza y la suya una de las muchas historias que nos mostrará el reportaje de En Portada "Las heridas de Rafah". Osama vivió en primera persona la ofensiva israelí del último invierno sobre la franja de Gaza y compartió con el equipo del programa algunos de los detalles más duros de la llamada operación "Plomo sólido". Ésta es la transcripción completa de la charla que mantuvimos con él.


P.- Doctor, como médico, usted fue testigo de aquellos trágicos días de la agresión israelí a Gaza ¿Puede describirnos la agonía en los hospitales de Gaza en aquellos momentos?

R.- La agonía de los hospitales empezó unos meses antes de la guerra. Nosotros estuvimos sometidos a un bloqueo israelí desde que Hamas ganó las elecciones. Israel declaró a Gaza como territorio enemigo, hostil y entonces empezó a bloquear las fronteras, a cortar los suministros de combustible, de comidas, incluso de suministros médicos y medicinas. Los hospitales estaban en una situación trágica, a falta de instrumentos, a falta de material quirúrgico y, cuando comenzó la guerra, estábamos casi con los almacenes vacíos y con las intervenciones quirúrgicas en una situación dramática.
Empezó la guerra, pues, en unas condiciones muy malas. Empezaron a llegar heridos, heridos muy graves, montón de heridos que llegaban en intervalos muy cortos y nosotros estábamos afrontando una situación muy trágica. Empezamos a desalojar a los pacientes que estaban ingresados en los hospitales, les mandamos a otros servicios para desalojar y dejar los servicios quirúrgicos vacíos. A la gente que podíamos mandar a casa les mandábamos para empezar a tratar a los heridos que nos llegaban a todas las horas. Llegaban enfermos en situaciones muy trágicas y teníamos que afrontar heridas que no habíamos visto antes porque se estaban empleando armas sofisticadas con las que no teníamos experiencia. Inclusive empezaron a utilizar armas como fósforo blanco que dejaban heridas,  quemaduras y secuelas muy graves. La verdad es que estuvimos sometidos a una situación de estrés en el trabajo muy grande, porque nosotros sobre todo somos cirujanos, pero también somos padres e hijos de familias que estaban sometidas a los bombardeos. Nosotros estábamos dedicando nuestra vida a los enfermos y, al mismo tiempo, cuidábamos de nuestras familias que estaban sometidas a la misma agresión.

P.- Entre esas víctimas, doctor, había muchos niños, niños heridos que soportaban el dolor como si fueran adultos ¿Cómo podían aguantar la situación con esa valentía aquellos pequeños?

Bueno, la verdad es que esa guerra criminal no hacía distinción entre hombres o mujeres entre niños o ancianos porque derrumbaban las casas con toda la gente que había dentro y no distinguían entre unos y otros, entre soldados y civiles. Ellos decían que en esa casa se sospechaba que había combatientes, pero la verdad es que nosotros estuvimos atendiendo a gente civil de todas las edades de cualquier situación que llegaba. El 15% casi de mujeres y niños entre todos los que llegaban heridos y la gente llegaba en condiciones fatales. Estaban en trozos, quemados, venían asfixiados debajo de los escombros y la verdad es que nosotros no distinguíamos entre mujeres y niños, nos daba mucha pena que se murieran los niños pero es que esta guerra fue abierta, cruel y contra toda la población.


P.- ¿Están quizás los niños aquí acostumbrados a situaciones tan trágicas que ya apenas reaccionan contra el dolor?

R.- Los niños no han vivido su infancia como en todo el mundo, sino que han vivido la situación crítica que viven todos los ciudadanos de la franja de Gaza. Es decir, que cuando se cortaba la luz, pues se cortaba la luz para todo el mundo, y veían que los mayores se acostumbraban a vivir sin luz. Cuando se cortaba el agua, se cortaba para todo el mundo, así que los niños hacían su vida viviendo en la austeridad; viviendo cuando es posible, comiendo cuando es posible y pasando hambre cuando la población pasa hambre. Mucha gente vive a base de ayudas de Naciones Unidas y unas veces hay que comer y otras no hay nada que comer. La verdad es que estos niños que viven en la franja de Gaza no han tenido la misma suerte que otra gente para vivir su infancia como niños.


P.- ¿Que opina de la reacción internacional, de que se hayan cerrado los ojos en algunas ocasiones ante la trágica situación que se vivió aquí?

R.- Hay que reconocer que nosotros hemos tenido algunas ayudas, sobre todo de países europeos y árabes, pero esas ayudas han sido como un acto reflejo, un acto seguido a la guerra. Ua vez pasada la guerra, todo ha vuelto a ser como antes. La verdad es que Naciones Unidas tiene que buscar soluciones mucho más rápidas. Nosotros llevamos viviendo una situación trágica en Palestina desde el año 1948. Nos dan algunas ayudas, nos facilitan medidas urgentes para afrontar una situación que pasa pero luego, al cabo de unos años o unos meses, pasa otra situación difícil. Nos dan como calmantes para soportar las situaciones difíciles pero esta no es la solución. La solución es que se arregle el conflicto palestino-israelí de una vez por todas y no tengamos que recibir pastillas calmantes cada vez que pase una situación difícil.  Nosotros lo que queremos es que se solucione el problema de una vez por todas y que volvamos a vivir como todas las naciones del mundo y no depender de ayudas ni limosnas de nadie, sino tener nuestro país y vivir libres como todo el mundo.

P.- ¿Cree que han quedado secuelas a nivel físico y psicológico de esa guerra que ya jamás podrán cicatrizarse?

R.- Es obvio. A una persona que ha pasado su infancia en una situación dramática, viviendo la guerra,  no se le puede borrar en la vida. A una persona que ha perdido a sus padres, a sus hijos, a su esposa... no se lepuede borrar nunca ¿no?
Los conflictos que ha vivido una persona durante unos meses sufriendo el miedo, temiendo que pueda pasar cualquier tragedia para sí o su familia, dejan en su subconsciente un temor que no se puede borrar. A esta persona, por mucho que le ayudes, siempre va a tener en su mente un punto negro que le va a recordar de vez en cuando que esta situación puede volver a pasar otra vez. Los sufrimientos que hemos pasado, lamentablemente, se quedan grabados en la memoria y lo peor es que como la situación no se ha solucionado esto puede volver a ocurrir en cualquier momento.

P.- ¿Estaba la población de Gaza aterrorizada aquellos días de la guerra?

R.- Pues paradójicamente no. En el primer momento, cuando ves que los aviones empiezan a tirar bombas, que las naves desde el mar empiezan a lanzar sus cohetes, que los tanques empiezan a lanzar bombas... te atemorizas y ves que tu vida puede acabar en cualquier momento. Pero una vez que has pasado este punto, te da igual porque piensas que eres una persona como las demás y lo que les puede ocurrir a otros te puede ocurrirte a ti. La gente afrontaba la guerra con mucha valentía, estaba dispuesta a morir o a pasar por lo que fuera porque ese punto de miedo se perdió en los primeros momentos.

P.- Usted nos comentaba doctor que durante esa guerra hubo incluso bloqueos por parte del ejército israelí que impidieron el libre tránsito de las ambulancias para llevar a los enfermos desde distintos puntos de la franja a los hospitales de Gaza para ser atendidos.

R.- Esto fue los primeros días de la guerra. Israel empezó con los ataques terrestres, entraron por la zona sur de Gaza, bloquearon las carreteras que comunicaban Gaza con la parte media de la franja y cortaban la parte media con la parte sur y nosotros estuvimos en la franja en tres zonas aisladas. Los enfermos que llegaban de la parte sur de Gaza no podían acceder a los hospitales generales de Gaza, que son los hospitales centrales donde se atienden a los heridos graves. Entonces fuimos a hacer gestiones con la Cruz Roja para que trasladaran a estos enfermos y al equipo médico. Hubo mucha demora pero al cabo de unos días empezaron a gestionar el traslado de enfermos a través de la Cruz Roja.

P.- De aquellos trágicos días,¿hay algún caso especialmente dramático que recuerda?

R.- Pues claro, me acuerdo de un amigo mío que es médico que estaba viviendo en la zona fronteriza entre Gaza e Israel, en la parte este. Estaba casado con una ciudadana ucraniana y tenía un niño de unos meses. Durante los bombardeos su casa fue destruida. El sufrió heridas en la cara y la cabeza, su mujer, desgraciadamente, recibió un cohete en su vientre mientras estaba con su niño en los brazos. Murieron los dos. El quería llevarles al hospital pero desgraciadamente no pudo porque sus cuerpos estaban destrozados. Vino al hospital y, después de haberse curado de sus heridas, informó a todos los responsables humanitarios para que pudieran rescatar a su mujer y a su niño. Desgraciadamente no pudieron. Estuvieron una semana entera debajo de los escombros hasta que terminó la guerra.  Él empezó a sufrir trastornos psicológicos y, desgraciadamente, perdió a su familia y su personalidad como médico.

P.- La labor de los médicos aquellos días fue admirable, intentando ayudar las horas que fuese, con entereza y profesionalidad a pesar de la escasez de medios. ¿Ustedes como médicos como pasaron esos días?

R.- Aquello no fue un trabajo. Nosotros no estábamos haciendo un trabajo para ganar un sueldo, nosotros estuvimos haciendo algo humanitario porque incluso estábamos allí aunque no tuviéramos que estar en el hospital. No estuvimos trabajando en un horario determinado sino que todo nuestro tiempo estaba dedicado a socorrer a los enfermos. Todo el que llegaba sino era tu familia eran tus vecinos y si no eran tus vecinos, eran tus conocidos o tus amigos. Eso no fue un trabajo. Nadie se quejaba de cansancio, de falta de hogar, de falta de luz o combustible o comida. Todos nos lanzábamos al trabajo y la verdad es que también se sufría porque dejabas a tu familia en casa y no había medio de comunicarte con ellos, de tranquilizarte, de saber si estaban bien o no. Algunos compañeros míos cuando estaban trabajando en el hospital descubrían que llegaban familiares suyos y se quedaban perplejos cuando veían a aquel enfermo que ellos pensaban que era otra persona, resultaba ser su mujer o su madre o su padre y aquello fue muy trágico.

P.- Esa guerra, ¿de que manera le afectó a Usted personalmente?

R.- Me ha afectado para lamentar que viviendo en el siglo XXI, nosotros, la humanidad, en general, se está matando por un trozo de tierra o por ganarse la vida, unos contra otros, sabiendo que  vivimos pocos años y que lo mejor sería hacerlo de una forma tranquila, de una forma buena, en condiciones óptimas. Sin embargo, estamos haciendo la guerra unos contra otros y todos al final pierden, nadie gana nada. Nosotros perdemos, ellos pierden y no se gana absolutamente nada. Nosotros quedamos con enfermos, minusválidos, muertos... y ellos... pues lo mismo. Unos más, otros menos, pero las dos partes pierden.

P. En aquellos días, llegó a llorar por todo lo que veía.

R.- Se dice que los hombres no lloran ¿no? No, lloras por dentro. Llorabas cuando veías que la situación era interminable. Entonces deseabas que terminara de una vez por todas pero cuando veías que aquello seguía un día y otro, un día y otro... pues llegabas casi a la desesperación y llorabas por dentro, claro. Si digo que uno no llora, es que no es un ser humano. Claro que lloramos. Aparentemente, pudimos aguantar las lágrimas, pero lloramos por dentro.

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