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Sin colorantes, conservantes... ni intermediarios

  • Consumidores y productores se alían para saltarse la figura del intermediario
  • Promueven una alimentación sana, responsable, sostenible y a precios justos

Por
Pilar Galindo e Isabel Monterrubio
Pilar Galindo (izquierda) entrega su pedido ecológico a Isabel Monterrubio en el Grupo Autogestionado de Konsumo de Vallecas (Madrid).

Llevan más de una década enarbolando la bandera del consumo responsable. Nadie sabe con exactitud cuántas son, pero, en silencio, se han ido extendiendo por España. Son las cooperativas de consumidores y, según algunos cálculos, hay cerca de un centenar en todo el país.

Algunas se han agrupado en federaciones provinciales e, incluso, existe una Coordinadora Estatal. Otras prefieren mantener la independencia en la gestión y en las ideas. Pero la mayoría comparten tres pilares básicos: la búsqueda de alimentos ecológicos, en lugares próximos y con una relación directa con los agricultores y los ganaderos.

"Hay cada vez más gente sensibilidaza con la calidad de los alimentos que comemos y con el modelo agrícola. Las cooperativas de consumidores tienen mucho potencial porque generan alternativas locales al modelo globalizado. Puedes comer productos de calidad más baratos que en las tiendas de comida ecológica", a RTVE.es Álvaro Porro, del Centro de Investigación e Información en Consumo (CRIC).

Esta asociación, sin ánimo de lucro, tiene cerca de 2.400 socios. Desde hace siete años edita Opcions, una revista sobre consumo responsable que se ha convertido en una publicación de referencia para los compradores más concienciados.  "El consumo responsable trata de hacernos conscientes de nuestros hábitos y de las decisiones que tomamos. Tenemos en cuenta la parte social, la ecológica y las dinámicas de vida en las que entramos por esos hábitos y esas decisiones, es decir, cómo nos afecta a nosotros mismos", afirma Porro.

Saltarse al intermediario

El consumo responsable es la piedra angular de las cooperativas de consumidores. En Vitoria funciona una de las mayores de España: suministra alimentos ecológicos a más de 650 familias. "Tenemos gente con estudios universitarios, obreros, parados... Aunque cada uno tiene sus dietas y su forma de pensar, coindicimos en unos principios básicos", asegura José Ramón Becerra, secretario de la Federación Vasca de Asociaciones de Consumidores.

Según Becerra, una cooperativa de tamaño medio que abastezca a un centenar de familias trabaja con una media de diez de productores. Les compra directamente alimentos básicos cuyo precio fijan previamente, de acuerdo a los intereses de compradores y vendedores. El objetivo es saltarse, "siempre que se pueda", la figura del intermediario para beneficiar a por igual a productores y consumidores.

"La agricultura ecológica es más cara que la agricultura convencional porque tiene menos producción. Pero depende menos de las materias primas que utiliza la agricultura normal (abonos y fertilizantes y semillas convencionales) que tienen mucha relación del petróleo. La agricultura ecológica rompe con eso: utiliza abonos naturales, menos combustible porque las explotaciones son más pequeñas y semillas ecológicas que reservan los propios agricultores", asegura Becerra, que también ejerce como tesorero de la cooperativa Bizigai de Bilbao.

Diálogo entre el campo y la ciudad

Pero hay cooperativas de consumidores que van más allá. Además de conseguir alimentos sanos y ecológicos, buscan salir del círculo vicioso que "impone" el mercado. Es el caso de la los Grupos Autogestionados de Konsumo (GAK), una red pionera en Madrid.

"Las grandes cadenas de supermercados ni siquiera están pensando en lo que necesita la población, sino en aquello que va a generales mayores beneficios. Hay que romper esa dependencia. La forma de hacerlo es empezar a pequeña escala y desde abajo.", cuenta a RTVE.es Pilar Galindo, una de sus fundadoras.

Esta red de grupos, que trabaja al margen de la Coodinadora Estatal de Consumidores, nació hace 11 años impulsada por un puñado de activistas "preocupados por cambiar las formas de consumo" y acercarse a los productores. Hoy trabajan con 15 productores y suministran alimentos a unas 150 familias de Madrid y alrededores.

"Trabajamos básicamente por Internet. Tú elaboras una lista, la mandas, cada uno la abre en su casa y te contesta en menos de 24 o 48 horas. La persona que se encarga de recibir las listas, suma todas y hace el pedido a los productores. Otras personas nos encargamos de contactar con los transportistas, de hablar con los productores y de negociar las tarifas. Hay mucho trabajo, sobre todo porque hay que tener en cuenta todas las sensibilidades. No puedes negociar [con los productores] como si fueras un broker, pero tampoco dejarte colar cualquier gol. Los precios deben ser populares", explica Galindo.

Isabel Monterrubio lleva más de tres años comprando a través de los GAK. Hoy ha venido con el carro de la compra a recoger su pedido quincenal. Asegura que lo mejor de esta experiencia es la relación directa con los agricultores. "Cada vez que te tomas un alimento, sabes qué persona lo produce, cómo está trabajando y que está dedicando su esfuerzo a alimentarte. Eso es muy importante porque tienes una conexión directa, a pesar de vivir en la ciudad y estar desnaturalizados", dice con convicción.

De hecho, estos grupos organizan visitas para conocer de primera mano las explotaciones a las que compran los alimentos. "En la zona de Segovia estuvimos en una cooperativa de productores. Nos enseñaron las huertas, cuándo siembran y por qué", explica Monterrubio, que destaca que, gracias a esta iniciativa, ha vuelto a disfrutar del auténtico sabor de los alimentos. 

"Nos sabemos lo que comemos"

Otra de las obsesiones de los GAK es la formación. Esta red de grupos madrileña organiza talleres y cursos para enseñar a la gente a comer bien. "La gente se piensa que come muy bien y no sabe nada. Pensamos que la comida basura son sólo las hamburguesas, pero comemos muchos productos envasados y procesados", alerta Galindo.

Una dieta sana, señala, debe basarse menos en la carne y más en los cereales integrales, las patatas, las legumbres y las verduras de temporada. "Tenemos que volver a la idea de la dieta mediterránea de nuestros abuelos: los platos de potajes, caldos, arroces, cocidos... Tenían un equilibrio de nutrientes con una proporción de carne pequeña. La gente sólo comía carne en momentos excepcionales como bodas y celebraciones y no había problemas de colesteron ni de arterias saturadas. Hay que reeducar a los niños", insiste Galindo.

Según afima, la supervivencia de estos grupos depende no sólo del voluntariado, sino de su "profesionalización". Por eso, han creado la Garbancita Ecológica, una cooperativa mayor que, a partir del septiembre, suministrará pedidos individuales a domilicio para los consumidores inquietos que aún no estén asociados.