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Cuando la necesidad de comunicarse se convierte en adicción al teléfono móvil

  • Se calcula que cinco de cada mil usuarios de móvil acaban siendo adictos
  • Cetras, un centro especializado de Valladolid, ha llegado a tratar a un niño de 9 años
  • Los adictos suelen ser personas con dificultades de comunicación y baja autoestima
  • Los expertos recomiendan a los padres controlar el gasto de teléfono de sus hijos
  • La solución, afirma el psiquiatra Bombín, pasa por trabajar la madurez y la reeducación
  • Informe Semanal abordó el problema en un reportaje en febrero de 2005

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Informe semanal - Enganchados al móvil

El móvil les abre la puerta a un nuevo mundo de comunicaciones "atípicas" y "sorprendentes" para un niño. Con él vencen, aparentemente, la barrera de sus dificultades para relacionarse con los demás.

Es inmediato, el acceso económico es relativamente fácil, por lo menos al principio, y su manejo permite privacidad. Nadie que nos vea hablando por teléfono pensará que tenemos un problema de adicción. No es como la persona que sufre ludopatía y que se expone a las sospechas de los demás cuando entra en un bar y mete una moneda para jugar una vez más.

Lo utilizan para asomarse al mundo que no son capaces de explorar en persona para hacerlo a través de la cobertura que les da el teléfono y acaban aislándose. Son los adictos al móvil. "La Vanguardia" cuenta en su edición en papel de este jueves que el Centro de Salud Mental Infantil y Juvenil de Lleida está tratando por su adicción a dos niños de 12 y 13 años. Pero hay casos en edades más tempranas.

El director del Centro para el Tratamiento y la Rehabilitación de Adicciones Sociales (Cetras), Blas Bombín, afirma que ellos han tenido un caso de un niño de 9 años. Este centro, ubicado en Valladolid, lleva más de cuatro años tratando este problema. Han atentido a más de 30 personas.

Cinco de cada mil, enganchados

Las últimas estimaciones que maneja este psiquiatra, uno de los expertos en esta materia más relevantes de España, es que la adicción al móvil afecta a cinco de cada mil personas. "Podría parecer que no son muchos, pero es una cifra elevada" teniendo en cuenta la gran cantidad de teléfonos que hay ya en el país, explica Bombín. Hace unos años se hablaba de dos adictos por mil usuarios.

¿Pero cómo llega una persona a engancharse al móvil? ¿Cómo es posible que una persona llegue a pasarse hasta 22 horas seguidas hablando por teléfono? El caso es real, le pasó a una de las personas que acudió a Cetras en busca de ayuda.

"Estos chicos tienen dificultades de comunicación y tendencia a la baja autoestima", explica Bombín. Con el móvil acceden a "un mundo sorprendente donde todo es factible, donde cualquier tipo de relación es fácil".

Buscan comunicarse

Suelen ser, además, personas introvertidas que tienen problemas de inmadurez emocional y dificultades para controlar sus impulsos.

"Lo que realmente diferencia el móvil respecto a otras adicciones es que lo que está tratando de conseguir la persona que la padece es una comunicación", explica Bombín. El teléfono le acaba aportando un sistema de relaciones más ventajoso por su "facilidad de manejo, inmediatez y ocultabilidad".

Del uso social a la adicción

Antes de llegar a la adicción, la persona que se engancha al móvil pasa del uso social normal del teléfono al abuso. "Hay personas que sin ser adictas, abusan del móvil aunque no lleguen a ser dependientes".

Muchos no dan el paso, pero otros algunos sí.

¿Cómo detectar si un hijo es adicto?

Los padres tienen que estar muy atentos. El aislamiento excesivo, el meterse en el cuarto y no salir, las anomalías en el carácter y el comportamiento son señales de que algo no va bien.

Bombín recomienda a los padres interesarse por las actividades de sus hijos, estar atentos al balance de las propinas y al gasto en móvil ya sea de tarjeta o de contrato. También puede ser una señal, que el niño tenga, de repente, un telefóno nuevo del que no teníamos constancia.

Reuducar en el uso del teléfono

El tratamiento de la adicción al móvil parte de un estudio psicosocial "muy amplio" para conocer la pesonalidad y el estado anímico de la persona. Luego, se establece un plan terapéutico individualizado. En muchas ocasiones, la persona está sufriendo una depresión y lo primero es recurrir a los fármacos para "corregir" esa situación de entrada.

Lo primero, explica Bombín, es que la persona esté en un estado emocional "óptimo" para comenzar el tratamiento que puede combinar la terapia individual, la de grupo y, a veces, también la de familia.

Hay que trabajar en dos direcciones. "La solución consiste en trabajar para desarrollar la madurez y en reeducar en el uso" del teléfono. Es lo que se hace por ejemplo en otras adicciones como la de la comida.

Puede haber una fase de supresión total del uso del teléfono dentro de la terapia, pero lo importante es volver a enseñar al adicto cómo se utiliza, no prohibirlo para siempre.

Cada vez hay más centros en los que se trata esta adicción. Pero "lo importante es que es un problema del que se empieza a tener conciencia social", concluye Blas Bombín.