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Así vive Italia los Juegos de Milano Cortina 2026: de la idea sostenible a una apertura histórica

La bailarina de ballet italiana Nicoletta Mann porta la antorcha olímpica en la plaza del Duomo de Milán.
La bailarina de ballet italiana Nicoletta Mann porta la antorcha olímpica en la plaza del Duomo de Milán. AFP
Ainara Pérez

Italia ya cuenta las horas para la inauguración de Milano Cortina 2026. Lo que comenzó como una candidatura marcada por la prudencia económica y el respeto medioambiental está a punto de convertirse en una de las ediciones más singulares de la historia de los Juegos Olímpicos de Invierno.

En un principio se había planteado una candidatura tripartita entre Milán, Turín y Cortina d’Ampezzo. La idea era distribuir las competiciones entre varias ciudades, combinando deportes de hielo en los polos urbanos y esquí en los Alpes, siguiendo un modelo innovador que buscaba sostenibilidad, reutilización de instalaciones y cohesión territorial. Turín, con su experiencia tras los Juegos de 2006 y su infraestructura ya consolidada, era una candidata fuerte dentro de esta propuesta.

Sin embargo, esta última ciudad decidió retirarse a finales de 2018 debido a desacuerdos internos sobre liderazgo y el rol principal en la organización, dejando la candidatura en manos de Milán y Cortina d’Ampezzo. La versión reformulada fue la que convenció al Comité Olímpico Internacional (COI) frente a la candidatura de Estocolmo-Are (Suecia). Lo hizo atraído por un modelo poco habitual: menos grandes obras, más reutilización de sedes y una organización repartida por el territorio. Una apuesta alineada con las nuevas directrices del COI y con un contexto global cada vez más sensible al impacto climático y al gasto público.

El país ya fue anfitrión en Cortina d’ Ampezzo (1956) y Turín (2006), y ahora vuelve a asumir el reto.

Sin una sola ciudad protagonista

Milano Cortina 2026 será la edición más extensa jamás organizada. El evento se desplegará sobre un área cercana a los 22.000 kilómetros cuadrados y contará con sedes separadas por cientos de kilómetros. Milán y Cortina d’Ampezzo, los dos grandes polos, están a 420 kilómetros de distancia, a los que se suman Val di Fiemme, Anterselva, Bormio y Livigno. En total, seis villas olímpicas darán alojamiento a los atletas.

El dato que mejor resume el espíritu del proyecto es que el 85% de las instalaciones deportivas ya existían antes de la concesión. Una decisión que ha reducido la necesidad de nuevas construcciones y ha rebajado el impacto ambiental, especialmente relevante en un escenario de inviernos cada vez más cortos y con menos nieve.

Milán será el centro de los deportes de hielo, con el patinaje artístico, el patinaje de velocidad, la pista corta y el hockey sobre hielo. Cortina d’Ampezzo acogerá el esquí alpino femenino, el curling las pruebas de bobsleigh, skeleton y luge. El resto de disciplinas se repartirán entre Val di Fiemme (fondo y nórdicos), Anterselva (biatlón), Bormio (esquí alpino masculino y esquí de montaña) y Livigno (freestyle y snowboard).

Cuatro abanderados

La delegación italiana también marcará un precedente en la ceremonia de apertura. Por primera vez, el país anfitrión contará con cuatro abanderados, una decisión que simboliza la diversidad del equipo y la paridad de género en unos Juegos que aspiran a ser los más igualitarios hasta la fecha.

Arianna Fontana, Federico Pellegrino, Federica Brignone y Amos Mosaner representarán a Italia en San Siro. Cuatro nombres de generaciones, disciplinas y trayectorias distintas, desde leyendas consolidadas hasta campeones en plena madurez deportiva.

Destaca, especialmente, la figura de Brignone, leyenda del esquí. Fue la primera italiana en ganar la Copa del Mundo general (temporada 2019-2020) y es también la más laureada del país en Campeonatos del Mundo, con múltiples medallas en distintas disciplinas (sobre todo gigante y super-G). La deportista afronta la cita olímpica tras superar un momento complicado: una dura lesión la mantuvo alejada de las pistas durante meses, y sin embargo, el sueño de los Juegos Olímpicos es lo que le dio impulso para su recuperación física y mental. Lo contó ella misma en una carta abierta en la revista italiana Milanovibra:

"Estoy bien porque no he perdido mi positividad, ni las ganas de trabajar. La confianza en Milano Cortina 2026 es lo que me mueve cada día, aún más después de saber que seré abanderada en Cortina: si no creyera que puedo serlo, no estaría afrontando un camino tan duro."

Federica Brignone, durante la carrera femenina de descenso en Suiza, el 28 de enero de 2026. Alessandro Della Valle / EPA / EFE

La inauguración de los Juegos se celebrará en el estadio de San Siro, uno de los grandes iconos del deporte italiano y símbolo de la capital lombarda que se despedirá por todo lo alto antes de la construcción del nuevo recinto. El espectáculo buscará unir visualmente la Milán urbana con la Cortina alpina, combinando tecnología, música y tradición para proyectar una imagen contemporánea del país.

Los Juegos contarán además con dos pebeteros, reforzando el mensaje de una edición compartida entre ciudad y montaña. La clausura, por su parte, tendrá lugar en la Arena de Verona, un escenario cargado de simbolismo que pondrá el broche a unos Juegos concebidos desde la descentralización.

Entre el orgullo y el debate

La cita olímpica despierta ilusión en buena parte de la sociedad italiana. Según datos del COI, el 62% de los ciudadanos se muestra orgulloso de acoger los Juegos y más del 80% cree que los valores olímpicos pueden contribuir a la inclusión social. Al mismo tiempo, persisten las dudas sobre el impacto económico y medioambiental a largo plazo.

Milano Cortina 2026 no solo será un evento deportivo. Será también una prueba para un nuevo modelo olímpico que busca demostrar que otra forma de organizar los Juegos es posible. Si lo logra, Italia habrá hecho historia más allá del medallero.