Cuando lo ordena un juzgado, al agresor se le coloca una pulsera conectada a un móvil. Permite conocer su ubicación exacta. Actualmente, las llevan 4.515 hombres.
Las condiciones son que no se puede separar más de siete metros de la pulsera y la tiene que llevar siempre encima. Se aplican para casos de extrema gravedad o para mujeres especialmente vulnerables.
La víctima también tiene que llevar un dispositivo para detectar si el agresor incumple el alejamiento. Si el agresor incumple, la víctima y la policía reciben un aviso.