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El domingo 13 de enero, Julen Roselló, un niño de dos años y medio, se cayó al fondo de un pozo de prospección de más de 100 metros de profundidad y tan solo 25 centímetros de ancho mientras pasaba el día con su familia en una finca particular propiedad de un familiar, en el municipio malagueño de Totalán. Comenzaba así una titánica e inédita operación de rescate para intentar rescatar al pequeño, con la participación de decenas de especialistas. Sin embargo, tras trece días de lucha con la complicada orografía, el equipo de rescate solo pudo recuperar su cádaver del fondo del pozo.